Moria no necesita presentación. Todos sabemos quién es Moria Casán, no importa en qué contexto crecimos ni nuestra edad. Algunos personajes jamás pasan desapercibidos.
Todo comienza con ella en su cumpleaños número 80, una manera de decirnos que esto no se va a tratar solamente de su pasado sino también de su presente. Y nos cuenta su historia presentando sus distintas versiones anteriores, literalmente vista desde arriba, caminando por un set de maquetas de lugares representativos en su vida, y en el centro el Obelisco. Con su vestido plateado, caminando a paso firme con sus botas como una gigante, clara referencia a las películas de ciencia ficción de los años 70. Como ella misma lo ha dicho, una marciana.
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Otra de las tantas cosas que hace que esta serie sea tan original es la decisión artística de elegir distintas actrices para representar distintas etapas de su vida. La etapa de su juventud y sus comienzos en el espectáculo es protagonizada por Sofía Gala Castiglione, su propia hija. Y más allá de su parecido físico y el hecho de haber crecido con Moria que son indudablemente una ventaja, Sofía Gala es una excelente actriz y aquí lo demuestra captando perfectamente su personalidad. Sin mencionar toda la carga emocional que implica interpretar a tu propia madre, desde literalmente parirte a vos misma hasta recrear escenas que están en tu memoria y te han contado otras personas, ahora desde el punto de vista de tu mamá. Sin dudas, un trabajo muy demandante.
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Después en su otra etapa más madura tenemos a Griselda Siciliani, que tal vez al principio no se vea tan parecida físicamente pero también retrata perfecto la esencia de esta Moria que probablemente sea la que más conocemos todos, y la que se hizo más famosa por sus controversias y sus videos virales (concepto que era más nuevo en ese entonces). Es increíble verla recrear sus momentos tan icónicos, de a ratos una se olvida que no es la verdadera Moria. Y la última etapa viene de la mano de Cecilia Roth, que considero que es la versión más “floja” pero está lejos de actuar mal como había escuchado por ahí. No podemos negar que también es la era más oscura y conflictiva en su vida, y de hecho es algo que la misma Moria podía haber omitido contar pero lo hace sin vergüenza, porque es parte de lo que es su persona.
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Las transiciones entre una actriz y otra son muy sutiles y al principio te cuesta adaptarte como si se tratara de las regeneraciones de Doctor Who, pero que está hecho para los putos y las putas y todos los que amamos el brillo, el glamour, las plumas, los culos y las tetas.
Ya sabemos que hay cosas que probablemente no hayan sucedido exactamente así, tampoco es que la serie pretenda negarlo. Todas las obras biográficas tienen su subjetividad, incluso cuando se trata de un documental. Pero aquí ya contamos con la ventaja de saberlo por adelantado, y está perfecto. Moria es la dueña de su propia historia porque siempre lo fue: siempre supo tomar el control de su narrativa y de su imagen pública, y era de esperarse que la única manera en que contara su historia fuera en sus propios términos. Y como espectadores tampoco esperamos menos que eso.
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Sobre todo en las escenas más marcadas de época (70s y 80s) todo tiene una estética onírica, como de videoclip, como una versión super romantizada de un recuerdo. También tiene esa atmósfera de película italiana, de hecho en el último capítulo suena la canción “Era già tutto previsto” que es un tema que se repite en Parthenope, película de Paolo Sorrentino donde una mujer recuerda su juventud y su vida con nostalgia pero sin arrepentimientos.
Hay varios momentos musicales muy buenos, pero mi favorito sin dudas es cuando Griselda se pone a bailar al ritmo del remix que hicieron con sus frases. Obvio que representa su ego y cómo se ama, pero también su capacidad de reírse de ella misma. Las mujeres que elegimos salirnos de la norma de lo que debería ser una “buena mujer” sabemos que siempre tenemos que pagar un precio por eso, en cualquier época. Además de que el mundo siempre se va a encargar de recordarlo. Y creo que es algo que Moria siempre lo supo, y aprendió a sacar provecho de eso. Y si bien en lo personal no comparto algunos de sus métodos, lejos estoy de juzgarla porque todas sabemos lo difícil que es abrirte paso en un mundo conservador y machista, y más concretamente en una industria que históricamente ha sido dominada por hombres.
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Creo que es la figura popular que es hoy en día porque nunca quiso quedarse callada, no tuvo miedo en poner límites y siempre supo aprovechar la polémica a su favor porque sabe cómo funcionan los medios, y más en Argentina. La gente quiere show, y eso es lo que siempre les dio. Pienso que te puede caer bien o mal, pero sin dudas es una mujer inteligente que siempre supo aprovechar las oportunidades, y nunca pretendió ser algo que no era. Y eso muchas veces molesta, porque pone en evidencia la hipocresía tanto del público como de otras figuras del espectáculo. Se autoproclama diosa pero también se ha mostrado humana y se ha hecho cargo de sus errores, al menos en su mayoría, y eso es algo que no todos hacen. Y seamos realistas, si hubiera sido un hombre sabemos que la opinión del público sería muy distinta.
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Javier van de Couter es el creador de esta serie, que además escribió Alanis junto con su directora Anahí Berneri. Otra película muy recomendable por cierto, donde Sofía Gala interpreta a una madre y trabajadora sexual. Es un retrato realista, sin romantización ni victimización, y fue escrita consultando a las propias trabajadoras. Y sin dudas se percibe acá esa “vibra” de gente que entiende el ambiente, y no personas totalmente ajenas a este mundo que todos quieren retratar por el encanto visual de las luces y los brillos, pero al que pocos se acercan con el debido respeto. Si bien tiene sus momentos emotivos que son muy catárticos y sentidos, siempre retoma su espíritu de celebración. Y eso precisamente es el verdadero lema de esta serie, de Moria Casán y en general de todas las mujeres: podemos tener un mal día pero siempre nos secamos las lágrimas, nos maquillamos y salimos a comernos el mundo, porque es nuestro y de nadie más.