
Después de veinte años de canciones, escenarios, familias, trabajos y caminos compartidos, Peces en la Tierra llega a Sociedad Urbana Villa Dolores para presentar en vivo La Cáscara, un disco que habla de las máscaras que construimos para encajar, de la necesidad de mostrar una versión de nosotros mismos pero también habla de otra cosa: de la libertad de hacer música.
El sábado 10 de octubre, Sociedad Urbana Villa Dolores será el lugar donde Peces en la Tierra abrirá La cáscara. No solamente para tocar las canciones de su nuevo disco, sino para dejar a la vista aquello que existe detrás de ellas: veinte años de amistad, discusiones, humor, responsabilidades, familias, trabajo y una obstinación casi artesanal por seguir haciendo música.

La banda uruguaya nació en 2006 y conserva desde entonces la misma formación base en guitarras, bajo y batería.
En 2010 editó su primer disco, Punto y Coma, bajo el nombre Vaso Térmico. En 2018 llegó el cambio de nombre y, con él, El universo se ha puesto de acuerdo, producido por Dany López. Luego vendrían el single Foto (o nunca pasó), producido por Maxi Suárez, y una serie de presentaciones que fueron construyendo una identidad propia dentro del rock independiente y alternativo uruguayo.
Ahora llega La cáscara. Un disco que no nació necesariamente con la intención de ser un disco.
Una persona observa una máscara. Una máscara que en realidad es una especie de segunda piel. Una cáscara. Algo que construimos para parecer lo que creemos que deberíamos ser.
La imagen pertenece al padre de Riobaldo Carvalho, artista plástico, diseñador y escenógrafo. Él la encontró entre sus dibujos y bocetos y descubrió allí una suerte de hilo conductor para las canciones que ya existían. La metáfora terminó haciendo el resto.
Porque Peces en la Tierra habla de las máscaras sociales, pero también de las pequeñas ficciones cotidianas: trabajar hasta quedar destruido, correr detrás de todas las obligaciones, fotografiarlo todo para demostrar que ocurrió, intentar encajar, construir una apariencia, sostener una versión de uno mismo y, en el medio, aparece una banda que lleva veinte años haciendo exactamente lo que quiere.
La cáscara tiene diferentes máscaras que van recorriendo el disco. Está la presión social por lo estético, por pertenecer a determinada clase social, por responder a determinados clichés. ¿Ustedes sintieron alguna vez, personalmente, esa presión de pertenecer a algo?
Martin Peyrou: No sé si la presión de pertenecer a algún grupo. A mí me parece que las presiones empiezan a llegar cuando uno empieza a peinar canas, cuando empieza a sumar etapas y cosas y se suman cosas en la vida. Cuando somos guachos, por lo menos, no sentíamos la presión de estar en algún lado, de encajar en algo.
Riobaldo Carvalho: “Yo sentía, cuando éramos chicos, cuando éramos jóvenes, hace veinte años, una presión interna de que teníamos que pegarle con la banda. Y para mí eso fue una fuente de frustraciones, de enojos, de tragos amargos. Lo que más me costaba disfrutar de la banda era precisamente enfrentarme a la posibilidad de que no pasara nada con esto y creo que lo que me ha pasado con respecto a esas presiones es que, a medida que fuimos creciendo y empezamos a tener nuestras familias, las prioridades mutaron. La banda pasó a ser mucho menos una cosa a la que pedirle algo y más un espacio que enriquece la vida, al margen de la familia, que es lo más importante.
Ahora siento que este lugar que tenemos es fabuloso. Nos seguimos viendo hace veinte años, nos encontramos una vez por semana, a veces dos, charlamos, nos matamos de risa. Y no siento más ninguna presión en términos musicales. Creo que somos como antenas parabólicas de lo que pasa alrededor nuestro.
Muchas de estas canciones no están inspiradas necesariamente en cosas que nos pasan a nosotros, sino en historias que nos llegan muy cerca. Gente que por trabajar incansablemente termina hecha pelota, literalmente. O esto de que todo el mundo está sacando fotos todo el tiempo sin parar y uno dice: por favor, tratá de disfrutar más”.
Para tener algo de misterio en la vida también.
Riobaldo Carvalho: “Una de las canciones del disco nació, precisamente, de una escena familiar, una escena absolutamente cotidiana, pero que terminó convirtiéndose en otra cosa: en una canción sobre una época donde parecería que aquello que no fue fotografiado nunca ocurrió”.
¿La experiencia de conexión con aquello que estás viendo se vuelve más efímera porque pasa por un filtro tecnológico?
Riobaldo Carvalho: “El concepto del disco tiene que ver con ese tipo de cosas: ese filtro que uno pone.
Uno va a un concierto, lo disfruta mucho, pero necesita decírselo a alguien. Necesita contarlo, necesita sacar una foto y probar que estuvo. Entonces eso termina siendo un poco como esa cáscara que uno se pone, que lo hace menos auténtico. De eso se trata. Por eso está ese dibujo. Es como alguien mirándose, mirando a otro, como alguien que quiere ser. Una forma de ser que no es.
Y ahí está el concepto de la cáscara: vivir de una manera o hacer cosas que no son auténticas con lo que vos harías, con lo que uno cree, sabe o intuye que necesita ser. No necesitás sacar fotos todo el tiempo. La cáscara, entonces, no es únicamente una defensa. También puede ser una construcción. Una versión de nosotros mismos que aprendemos a llevar puesta hasta que dejamos de preguntarnos quién estaba debajo”.
¿El proceso comenzó con la imagen de la cáscara y después aparecieron las canciones, o ustedes ya tenían esas inquietudes sobre diferentes temas sociales y después encontraron la imagen?
Riobaldo Carvalho: “Fue al revés. Nosotros teníamos canciones. Ni siquiera nos habíamos propuesto hacer un disco. De hecho, teníamos la idea de sacar temas de a uno, a medida que los fuéramos terminando. Después dijimos: tenemos prácticamente diez temas nuevos, intentemos sacarlos juntos y pasó medio de milagro que me encontré en la casa de mi madre, donde todavía están sus dibujos, con esa imagen. Ahí apareció la posibilidad de buscarle un hilo conductor, porque muchas de esas canciones revuelan alrededor de eso.
Las letras son, en general, de Diego o mías. Cada uno tiene como su nicho. Yo soy un poco más irónico, él es más dramático pero nos dimos cuenta de que los dos estábamos hablando de cosas que nos pasan, aunque sobre todo de cosas que están pasando cerca nuestro, a personas muy cercanas, o de experiencias que conocemos y ahí apareció el hilo conductor de esa imagen”.
Son dos universos sonoros con puntos en común, pero también se percibe un quiebre.
Riobaldo Carvalho: “No sabría decir si es buscado o no buscado. En general, cuando sale una canción o una idea para una canción, como que la perseguimos. Es como tirar de un hilo para ver hasta dónde llega y nunca sabemos si va a terminar siendo más oscura o más luminosa o por dónde va”.
Después de veinte años, ¿sentir menos presión por “pegarla” les da cierta tranquilidad?, ¿Esa libertad de hacer lo que quieren no es, de alguna manera, el éxito en sí mismo?
Martin Peyrou: “Yo creo que sí. Esa es mi opinión.
Riobaldo Carvalho: “Un día Diego se había encontrado con una persona de la industria de las bandas jóvenes, con quien nosotros habíamos trabajado hacía quince años. Cuando se encontraron, esta persona le preguntó si seguíamos y le dijo: “Ustedes son muy exitosos, precisamente porque siguen”.
Para mí fue una revelación. Hacemos exactamente lo que queremos”.
Martin Peyrou: “Esto que decías de que ese tiempo se transforma en un espacio sagrado, además, ya se sabe: un día de la semana la banda está y también la disfrutás y poder seguir haciendo música, pese a todas las adversidades de la vida, sabés que por lo menos tenés estas horas dedicadas a la banda que te permiten hacer alguna cosita nueva, una cosa extra. Es un espacio ganado y como tenemos esto desde hace veinte años, tenemos otra facilidad para decirnos: “Mirá, esto no me gusta”, “esto no está funcionando”, “esto que estás haciendo parece que no va” y nadie se siente herido”.
Riobaldo Carvalho: “Había una canción que teníamos en pañales, “Todos los autos grises”. Se la mostramos a Martin y dijo: “Esta canción es una típica canción de relleno”. Dolió (risas) pero le dijimos: “El sábado vení al estudio, juntémonos y decinos qué es lo que no te gusta” y dijo: “no me gusta el estribillo“. Bueno, entonces cambiémoslo y quedó. Ahora es una de las canciones que más me gustan del disco”.
Además, creaton un librillo. lo que hace que el disco no quede en un limbo: las personas pueden leerlo, tocarlo, mirarlo. Es un sentido que quedó muy relegado en los últimos tiempos.
Riobaldo Carvalho: “Todo esto que dijiste, desde buscar el lugar hasta hacer los libritos, lleva trabajo.
El trabajo lo hacemos nosotros y lo hacemos con gusto y no hay nada más lindo que eso”.
¿Qué esperan de esta instancia de presentación en vivo?
Martin Peyrou: “Presentar estas canciones. Algunas ya las venimos tocando, pero ahora queremos presentar todo el paquete, con algunos regalitos, algunas cosas para adornar un poquito la fiesta”.
Riobaldo Carvalho: “Vamos a estar entregando el fruto del trabajo. Sobre todo de Diego, que le metió más cabeza a esto y también hicimos este librito, como una especie de souvenir, un recuerdo nostálgico y vamos a estar presentando el disco.
Estamos ensayando un montón y creo que estamos en nuestro mejor momento”.
El sábado 10 de octubre, a las 21 horas, Peces en la Tierra llegará a Sociedad Urbana Villa Dolores para presentar La cáscara. El espectáculo fue pensado para recorrer las canciones del nuevo disco y también recuperar algunas piezas de trabajos anteriores, atravesando diferentes estados de ánimo, desde el humor hasta la melancolía, desde la intimidad hasta la celebración.
El escenario amplio permitirá que el público pueda estar sentado o de pie. Será un espectáculo apto para todo público. Y habrá un objeto físico para llevarse a casa: ese pequeño libro que recupera algo de la experiencia de comprar un disco, cuando la música también podía guardarse entre las manos.
Podés conseguir tu entrada en este link.