
Gustavo Garzón en Teatro del Festival Cretino
Un hombre solo es demasiado para un hombre solo
En la segunda edición del festival del espacio La Cretina, el domingo 26 a las 21 h, se presentó la obra Un hombre solo es demasiado para un hombre solo, escrita y protagonizada por Gustavo Garzón y Victoria Baldomir, bajo la dirección de Julia Morgado. La obra se estrenó en Buenos Aires el 15 de marzo pasado en Nün Teatro.
Con esta obra se dio cierre a una semana con más de 30 propuestas de teatro, música, artes visuales y exposiciones de artistas locales y de Argentina. Así decidió el espacio cultural La Cretina celebrar el octavo aniversario de su apertura.
Garzón ya es un hombre de la casa, previo al comienzo de la obra se lo pudo ver moverse dentro de La Cretina con total familiaridad, lejos de la distancia que podría provocar un artista de su trayectoria.
Minutos antes de empezar la gente empezó a formar la cola para ingresar a la sala, con localidades agotadas la obra comenzó puntualmente con la pareja Garzón Baldomir sentados ante el público, él de frente, ella de espaldas interpretando a la psicóloga, uno de los tres papeles femeninos que tiene en la obra, también será la esposa y la profesora del taller literario de la que se enamora el personaje de Garzón.
Gustavo es Joaquín, un hombre de 70 años, jubilado, exdocente que esperaba el retiro para dedicarse a lo que más le gusta, escribir. Pero ahora que tiene el tiempo siente que ha perdido la capacidad. Su psicóloga le recomienda que vaya a un taller literario que lo ayude, a regañadientes lo hace y se encuentra con Laura, una exalumna a la que no recuerda, que le propone que escriba un diario íntimo. Este biodrama, que tiene mucho de su autor, rompe en ocasiones la cuarta pared, el personaje le habla al público, le da explicaciones, le hace preguntas, se burla de la tendencia actual de llevar los biodramas a la pantalla o a las tablas: «¿qué voy a hacer, escribir un libro sobre cómo no puedo escribir un libro? Eso ya lo hizo Mario Levrero en La novela luminosa», en alusión al escritor uruguayo que vivía a escasas cuadras de la sala.
Laura le propone que escriba un diario íntimo y él lo comienza con pocas expectativas, en su escritura, Joaquín nos cuenta su vida diaria, la relación con su esposa y cómo se va enamorando de la profesora.
Su mundo se da vuelta, tendrá que enfrentar nuevos desafíos, asumir riesgos, entender la diferencia entre amar y enamorarse. La obra habla de todo esto, de lo que le pasa a un hombre de 70 años con la vida hecha, casado, con hijos, que decide separarse, pero no se anima a decírselo a su esposa porque al final siempre fue una buena mujer y compañera, entonces en un acto de modernidad suprema, le envía un mensaje de WhatsApp desde la cancha que dice «me quiero separar». Esa es una parte de la historia, la otra hace foco en la realidad de la mujer, la que tiene la mitad de su edad, que está sola y se enamora de un hombre mucho mayor ytambién debe manejar la situación.
La obra es cálida, tierna y muy graciosa. Garzón y Baldomir nos pasean por un cúmulo de sensaciones que siempre terminan con una sonrisa tierna, una mueca de bondad y comprensión del lado del público que al igual que los protagonistas concluyen que las cosas son así y poco se puede hacer al respecto.
Tras el aplauso hubo una yapa, algo que se perdió en el camino, Garzón lee un poema que le escribió su padre cuando él iba a ser padre por primera vez, afirma que esto no modifica el final de la obra, pero sí nos modificó a los espectadores.
Como cierre del festival, un piano eléctrico frente a una pared con un dibujo de Pedro Dalton esperaba a la salida de la sala de teatro y pudimos deleitarnos con la actuación de Leo Masliah, que tuvo de invitado a Gustavo Garzón interpretando «Biromes y servilletas». Ambos se conocieron en el set de una película en la que actuaban. Cuando Leo llegó, Gustavo estaba cantando esta canción, pero en la versión de Milton Nascimento.
Esa canción es mía, le dijo Leo. Ah, no sabía, respondió Garzón y ambos terminaron interpretándola en un pueblo perdido de la Argentina en un recital que gestionó el actor, aunque esa vez el tiempo de la letra fue más lento que los dedos de Masliah. Para nosotros, cantante y músico sincronizaron y el resultado fue un aplauso cerrado del público.
Fotos, saludos, felicitaciones, promesas de volver y la sensación de haber sido parte de una noche única, todo eso ocurrió en este lugar fantástico, esta usina cultural que es La Cretina.
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