Una vez más Chile fue ejemplo de un proceso electoral claro y transparente. A las dos horas de cerradas las elecciones, el Gobierno anunciaba al Presidente Electo. ¡Aún tenemos democracia, ciudadanos! Una democracia que no obstante todas sus imperfecciones, ofrece a sus ciudadanos la tranquilidad de un Estado en el que las instituciones encargadas del normal funcionamiento de un proceso tan complejo como lo es el proceso electoral, entregue en tiempo récord los resultados de una elección presidencial. Bien por Chile. Esperemos que esta transparencia y prontitud se mantenga en el tiempo, y los futuros procesos electorales continúen la senda inmaculada de sus antecesores.
El triunfo de Gabriel Boric sobre José Antonio Kast es inapelable: 55,9 % contra 44,1 %. El joven político que saltó de activista callejero a La Moneda será el Presidente más joven de la Historia de Chile y el que ha obtenido la mayor votación alcanzada en una elección presidencial. Las urnas hablaron con fuerza. Con la fuerza de la emotividad y de la pasión muchas veces irreflexiva, que suelen despertar movimientos sociales descontrolados orientados y guiados por intereses políticos, que muchas veces esconden oscuras intenciones. Las urnas no hablaron con la fuerza de una ideología política coherente y comprensible para la gente. Pero hablaron y en democracia es eso lo que importa.
La pregunta del título de esta columna deriva de la reflexión anterior, puesto que Gabriel Boric candidato nos fue mostrando con el correr de las campañas, ya desde las Primarias en que eliminó al comunista Daniel Jadue, distintas facetas no solo de su “yo interior”, sino también de su “yo visual”, adoptando discursos y actitudes según la conveniencia electoral. El cambio de su “yo visual” era necesario e impostergable, pues ningún candidato a nada puede mostrarse como él lo hacía antes de ganar las Primarias: desarreglado, desaliñado, francamente desaseado. Un cambio que podría ser considerado “irrelevante” por muchos, pero que no lo es. Después de todo, no es nada más que la apariencia física, dirán sus seguidores.
Pero lo que preocupa en Gabriel Borica es el cambio de su “yo interior”. Fueron tantas las vueltas de carnero que se dio durante las campañas, que a pesar de su triunfo notable, deja la duda razonable de quién gobernará. Si el joven impulsivo e irreflexivo que sin más acusó al Presidente Piñera de “hacer la guerra contra su pueblo”, pocos días antes de que la Corte Penal Internacional desestimase cualquier investigación contra el Presidente, o el eufórico Presidente Electo que ayer declaró que para él “era un honor” hablar con el Presidente. Qué Boric gobernará. Esa es la incertidumbre que deberá desvendar en cuanto asuma su mandato.
¿Gobernará el Boric que habló abiertamente de un control de los medios de comunicación, o el que ayer dijo que “la prensa libre es fundamento esencial de la democracia y ustedes su vehículo?”. Como columnista cómo me gustaría que este fuese el Boric que nos gobierne. ¿O gobernará el Boric que ayer votó en contra de la ley antibarricadas o el Boric que pedía el indulto para los eufemísticamente llamados “presos políticos” (nada más que vándalos y delincuentes), o el que declara que no puede liberarse a quienes han quemado el metro, saqueado y destruido todo a su paso? Los ejemplos podrían multiplicarse por mucho, pero me parecen suficientes con estos para demostrar la duda razonable que despierta su mandato.
Con todo, y en honor a la transparencia e idoneidad que debe mantener todo columnista, su discurso fue un llamado a la unidad nacional, a una política de los acuerdos, a un afán de gobernar para todos los chilenos en un clima democrático: “Vamos a cuidar la democracia, cada día, todos los días”, así como su compromiso por el respeto a los derechos humanos: “El respeto a los Derechos Humanos, siempre y en todo lugar debe ser un compromiso inclaudicable”. El tiempo dirá si su discurso corresponde al de un posible estadista o no son más que palabras propias del jolgorio del momento triunfal.
La duda persiste porque, también en honor a la transparencia e idoneidad de columnista, Gabriel Boric está mal acompañado. El Partido Comunista y gran parte de los partidos de su coalición, Apruebo Dignidad, fueron actores activos no solo del vandalismo que destruyó Chile, sino también de acciones que en numerosa ocasiones no tenían otro propósito que desestabilizar el país con acusaciones constitucionales a ministros, al Presidente Piñera y acusaciones penales contra jueces de la Corte Suprema. En fin, los enemigos de Boric se encuentran en su propia coalición y “él duerme con ellos”. Si el Boric que quiere gobernar es el del discurso de ayer, ya convertido en Presidente Electo, deberá poner orden su sus filas; colocar en su lugar a sus aliados extremistas y velar por la democracia, la libertad plena y los derechos humanos.
En marzo del próximo año, instalado en La Moneda, comenzaremos a ver y sentir qué Boric gobernará: si un aprendiz de estadista serio y responsable del alto cargo que desempeñará, o el joven impulsivo e irreflexivo que tantas vueltas de carnero se dio para llegar a la presidencia.
Por el bien de Chile, espero que sea el primero.
Imagen portada: https://boricpresidente.cl/

















































