figuras en edificio - new york marzo 2013 foto federico meneses

Adiós, Mr. Trump

No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague”, dicta la paremia. El Presidente Trump vive los últimos días de la paremia porque el pueblo estadounidense así lo quiso y con toda la gentileza que permite la democracia, lo sacó de la Casa Blanca. Entonces ya comenzó a pagar su deuda que vence impostergablemente el 20 de enero, cuando Joe Biden asuma oficialmente el gobierno de los Estados Unidos.

Donald Trump deja la Casa Blanca y se lleva consigo su arrogancia, sus bravatas, sus mentiras y su ordinariez humana y política.

No se trata de un “hasta luego, Presidente” o “hasta pronto, Presidente”. No, definitivamente es un adiós rotundo, como esos romances que se rompen para siempre. De hecho, ya comenzaron a circular nombres sobre su cadáver político aún tibio, ansiosos por sucederlo, pues dan por sentado que la era Trump solo dio para un periodo y eso sería todo. Además, como en la canción, “la edad se le vino encima”, y una hipotética segunda candidatura que lo sorprendería con 78 años, tendría con toda seguridad, una férrea competencia republicana de nueva cepa.

Por cierto, nadie espera que el Presidente Trump tome sus maletas y se vaya a su casa de Mar-a-Lago, y se dedique a los protocolares quehaceres de escribir sus memorias o aparecer de vez en cuando en actos de beneficencia, como un expresidente de edad avanzada que se exhibe como un trofeo. Nadie puede esperar eso, sobre todo si se piensa que tiene millones de adeptos que aún creen en él y en su autoritarismo pero, principalmente si se piensa en su exuberante vanidad. Trump no es una figura para ser un segundón, querrá estar en la primera línea de los republicanos y tener injerencia en las decisiones que tome el partido.

Sin embargo, no lo veo el 2024 disputando la Casa Blanca porque, a pesar de todo el apoyo que tiene, y que es innegable, la volubilidad del electorado estadounidense es una realidad relevante del sistema eleccionario, como lo demuestra, por ejemplo que haya perdido los estados de Arizona y Georgia que estuvieron en manos de su partido durante décadas. Además, y esto es a mi juicio lo más relevante, la sangre joven republicana también es ambiciosa y querrá ganarse su espacio en las decisiones que adopte el partido que resuelve, en definitiva, quién será el candidato presidencial.

Pero el Presidente Trump dejará su impronta, esa marca o huella que, en el orden moral, deja una cosa en otra. Una escandalosa impronta moral que comprende una larga lista de desatinos, desde el irrisorio pago de sus contribuciones hasta sus desaciertos lingüístico-mentales sobre el covid-19. Famosos fueron también sus despropósitos raciales, su desprecio por los inmigrantes, sus turbios negocios, su agresividad, su arrogancia, su desprecio por la democracia, sus indultos y, lo último, The Washington Post informó ayer que el Presidente Trump le pidió al máximo funcionario electoral de Georgia, que “hallara suficientes votos” para revertir su derrota en el estado. ¡Patético! Una lista interminable de su impronta moral que marcó su estilo de gobierno que lo puso de patitas fuera de la Casa Blanca. Pero la guinda de la torta que acabó con la paciencia hasta de los suyos y de los medios que lo apoyaban, fue su insana acusación de fraude electoral.

El Presidente Donald Trump, en una actitud que refleja de cuerpo entero su impronta moral, no admite el triunfo electoral de Joe Biden, a pesar del reconocimiento del Colegio Electoral (306 electores contra 232), e insiste en afirmar que le robaron las elecciones, poniendo en aprietos los propios sistemas jurídicos de su país. Pero lo concreto es que con el reconocimiento o no del Presidente, Joe Biden, legítimo vencedor en las urnas democráticas, reconocido por todos los organismos legales de los Estados Unidos, asumirá el gobierno de la Casa Blanca.

Adiós, Mr. Trump. Su vanidad que no sabe de valores lo pasará a la Historia como el peor presidente de los Estados Unidos. Pero el mundo de los negocios y de la farándula lo esperan con los brazos abiertos.

Me parece.

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.