Imagen portada: Colage de imágenes viralizadas en internet - La toma del Capitolio de Estados Unidos

Estados Unidos: democracia violada

Un violador de democracia suelto en Washington o la crónica de una democracia violada, me parecen dos buenas parodias como para comenzar esta columna sobre lo ocurrido ayer 6 de enero de 2021 en el Capitolio, sede del Congreso estadounidense (Senado y Cámara de Representantes). El asalto al Capitolio por parte de hordas trumpistas azuzadas por el Presidente Donald Trump, cuando la sesión presidida por el vicepresidente Mike Pence debía en un simple acto protocolar confirmar a Joe Biden como próximo presidente, desnudó definitivamente el olímpico desprecio que el empresario-presidente siente por la decencia democrática.

Parte de su discurso violador de democracia se ilustra con sus últimas intervenciones del día de ayer, que comenzaron durante la mañana frente a la masa que había convocado a la otrora Casa Blanca: “Después de esto, vamos a caminar hasta el Capitolio y vamos a animar a nuestros valientes senadores y congresistas”. Pero antes ahondó en sus bravatas calentando más la sangre de sus hordas: “A algunos no los vamos a animar mucho porque nunca recuperarán su país con debilidad, tienen que mostrar fuerza y ser fuertes”. La mecha del descalabro democrático ya había sido encendida por quien tiene, precisamente, el deber de velar por la seguridad democrática y social de su país: el Presidente Donald Trump, único responsable de este ultraje a la democracia.

Durante el transcurso de día, el presidente ultrajador de democracia quiso en algún momento ser el bueno de esta película de terror, pero terminó siendo el malo, y claro, el feo también. Ya bien avanzada la tarde, alrededor de las 17.00 horas, pidió en una grabación a sus vándalos que abandonasen el Capitolio: “Váyanse a sus casas, los amamos, ustedes son muy especiales, pero deben volver a sus casas”. Sin embargo, insistió en que “les habían robado la elección”. Una hora y media antes, a través de Twitter, el Presidente pedía por favor que apoyaran a la policía del Capitolio y a las fuerzas del orden, porque estaban “de verdad” a su lado, al lado de “nuestro país”. Les pedía tranquilidad. Permanezcan “en paz” en el Capitolio. “Nosotros somos el partido de la ley y el orden”.

El Presidente Trump tiene sus días contados. Sus indecencias propias de un dictadorcillo de ninguna categoría cansaron a todos, incluso a Twitter que bloqueó su cuenta por doce horas, y declaró: “Nuestra política de interés público, que ha guiado nuestra acción de cumplimiento en esta área durante años, termina donde creemos que el riesgo de daño es mayor y/o más severo. Continuaremos evaluando la situación en tiempo real, incluido el examen de la actividad sobre el terreno y las declaraciones realizadas en Twitter. Mantendremos al público informado, incluso si es necesaria una mayor escalada en nuestro enfoque de aplicación«. La compañía eliminó tres tuits de su cuenta: uno donde atacaba a Mike Pence por negarse a decidir unilateralmente qué votos del Colegio Electoral contar; otro que pedía a las hordas retirarse pero diciéndoles que las amaba y un tercero en que justificaba el ataque el Capitolio.

Los republicanos demócratas, que son muchos, tampoco quieren ya saber nada de él. El propio Mike Pence quien fue su seguro servidor, ayer poco antes de comenzar la sesión en el Congreso dijo que cumpliría su deber constitucional, lo que provocó la ira de Trump que simplemente lo abandonó a su suerte, pues le había pedido que lo único que tenía que hacer era enviar de vuelta a los estados “todos los votos basados en fraudes e irregularidades y ganamos”. Por su parte, figuras relevantes como el líder de los congresistas republicanos en el Senado, Mitch McConnell, no tuvo reparos para desacreditar la conducta antidemocrática del Presidente: “Los votantes, los tribunales y los Estados han hablado. Si los revertimos dañaremos a nuestra República para siempre. Si anulamos estas elecciones por meras acusaciones del bando perdedor, nuestra democracia se adentrará en una espiral mortal”.

Por su parte, el expresidente republicano George W. Bush (2001-2009) habló de una “escena deprimente y desgarradora. Es así como los resultados electorales se disputan en una república bananera; no en nuestra república democrática. Estoy horrorizado por la conducta irresponsable de algunos líderes políticos. El asalto al Capitolio fue realizado por gente cuyas pasiones han sido inflamadas por falsedades y falsas esperanzas. La insurrección podría causar un grave daño a nuestra nación y nuestra reputación”. No podría, ya es un hecho. Ya la causó.

Como corolario de toda esta batahola provocada por la idiotez (en mi columna de ayer me referí a este concepto) aplicado un hombre sin pudores ni vergüenzas, un idiota ambicioso, vanidoso, sin ningún respeto por la democracia, el mundo asistió a un pobre, triste y preocupante espectáculo que tiene en vilo no solo la democracia de los Estados Unidos, sino que da pábulo para que en otros lugares los aspirantes a dictadorcillos y grupos fundamentalistas se crean con el derecho de destruir la democracia.

El Presidente Trump se ha hecho merecedor del desprecio mundial: se convirtió en uno de los personajes abominables de la Historia.

Me parece.

 

Imagen portada: Collage de imágenes viralizadas en internet – La toma del Capitolio de Estados Unidos

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.