Morir en democracia

Hoy, cuando Chile se pierde en la corrupción política y el vandalismo desatado destruye diariamente el país como un ritual satánico, vale la pena recordar la importancia de un régimen democrático. Es bueno recordar que los excesos promovidos por agitadores políticos normalmente tienen consecuencias fatales para la sociedad. Ya lo vivimos en el pasado; no lo vivamos en el presente. Un presente que se ve incierto y tenebroso, con síntomas peores que los del pasado, pues ahora se atenta contra la convivencia social, se destruyen y se queman las ciudades y se mancillan las instituciones. Chile camina al borde del precipicio que puede conducirlo a revivir su desgraciada historia reciente. Quienes son los encargados de velar por la marcha de la legalidad de las instituciones, utilizan su poder para corromperlas, como un grupo de senadores encabezados por la presidenta del Senado, por ejemplo, que ha presentado un proyecto de ley para indultar a delincuentes presos por estos actos atentatorios contra el orden público y los derechos humanos de quienes lo perdieron todo y fueron lesionados con sus actos delictivos. El insólito argumento de estos senadores de que se trata de presos políticos, no resiste el más mínimo análisis democrático o jurídico, puesto que se trata de saqueadores y delincuentes comunes. Cuando los senadores presentaban este proyecto, un grupo de delincuentes encapuchados incendiaba cuatro buses de la locomoción colectiva, luego de obligar al conductor y a los pasajeros a descender de ellos. Todo esto en plena Alameda, la principal arteria de Santiago. ¿Dónde están los derechos humanos de estas personas? ¿Qué dicen estos senadores?

El Día Internacional de los Derechos Humanos es un día muy especial para Chile, porque ese día, 10 diciembre murió el dictador Augusto Pinochet Ugarte, cuya triste memoria de torturador y asesino marcó para siempre la historia del país. Los chilenos queremos cambios, pero sin la presencia de un nuevo Pinochet que reviva los días de terror y de muerte. Para ello es necesario luchar con las armas de la democracia, aunque el camino sea más largo y difícil, pero no provocar con las palabras y los hechos a quienes ostentan el poder de las armas letales. La vía violentista que promueven los sectores de izquierda radicales, no es el camino para modificar el sistema político-económico que tanto daño le ha hecho al país, porque se sabe que ese camino conduce al fracaso social que se traduce en hambruna, miseria, terror y muerte. Y la Historia de ayer y de hoy así lo demuestra.

Paradoja del destino, el 10 de diciembre es también el cumpleaños de la mujer del dictador, la diabólica Lucía Hiriarte de Pinochet. Las nuevas generaciones, las mismas llevadas por estos dirigentes políticos fanáticos y llenos de odio y hambrientos de venganza y de poder, ignoran, tal vez, quién fue esta mujer. Les dejo una de sus frases más famosas: “Si yo fuera la jefa de este gobierno, sería mucho más dura que mi marido y tendría en Estado de Sitio a Chile entero”. Cito por El Mercurio del 14 de agosto de 2005, D10, en un reportaje titulado “La Doña”. ¿Quieren estas generaciones una nueva Lucía Hiriarte? Me imagino que no. Pinochet representó lo peor del alma humana. Si la clase política que llegó al poder con Allende llevó al país al caos, la casta militar que la reemplazó no tenía el derecho de asesinar, robar y violar a su antojo. Quienes argumentan el bienestar económico del país, no deben ni pueden, arguyendo este caos, justificar los horrores del gobierno militar. Debemos recordar que el pensamiento no se encarcela, no se tortura ni se mata. Por eso las dictaduras de derecha son criminales. Las de izquierda también lo son. ¿Eso quiere esta gente que apoya y justifica el vandalismo delictivo?

Por eso es necesario reflexionar sobre la realidad nacional. Es preciso detenerse a tiempo y no escuchar estos cantos de sirena que fatalmente conducirán al país a no sé cuántos años más de soledad y tristeza. Y es bueno que estas generaciones engañadas como niños de pecho, convencidas de estas ideologías fracasadas a lo largo de la Historia, sepan que los líderes de ayer vivieron generosamente en Europa y otros lugares del mundo, huyendo de la persecución golpista, para volver muchos años después a reinventar la historia que no tiene cómo ser reinventada. Hoy, los líderes que llaman a la violencia diaria, que la promueven desde el poder, no dudarán ni un solo instante en correr a las embajadas, como ayer lo hicieron los otros, para dejar al pueblo sometido al yugo militar en cuanto ellos y su familia disfrutan de la vida en la vieja y milenaria Europa. Estos líderes son esencialmente cobardes. Ese es su signo.

Morir en democracia es lo mejor que puede ocurrirle a un ciudadano. Morir junto a los suyos que lo llorarán, lo velarán y lo enterrarán. Morir en dictadura, es morir para siempre, perdido en algún lugar de la tierra o del mar, como los miles de chilenos cuyos cuerpos jamás se encontrarán. ¿Esto quiere esta generación que ampara la violencia? Por eso la democracia debe respetarse y protegerse; no dejarla en manos de liderazgos ambiciosos y populistas que mienten y engañan sin pudores de ningún tipo. Liderazgos que solo juegan con la vida y la muerte de la gente, porque su vida y su muerte se encuentran protegidas por el fuero parlamentario, el poder mal habido que todo lo corrompe y el refugio asegurado de las embajadas amigas.

Chile debe despertar o el poder de las armas letales lo sumergirá en otra eterna pesadilla.

Me parece.

 

Video portada: Videoclip de Ana Tijoux que da título al su nuevo disco Antifa Dance. Dirigido por Daniela Lopez Lugo, con la colaboración especial de Tata Barahona y Alex Anwandter.

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.