Imagen portada - Póster en contra del acuerdo político para iniciar un proceso constituyente en Chile 2020. wikipedia.org

Plebiscito Chileno: el Gran Golpe

El Plebiscito Chileno ha dejado tres lecciones que los países latinoamericanos debieran considerar si alguno de ellos está pensando en algo parecido a una “Nueva Constitución”. La primera lección que los pueblos deben aprender es no votar lo que no conocen. Chile, hipnotizado por las banderas populistas, sirenas mentirosas pero peligrosamente juguetonas de los partidos políticos de izquierda y extrema izquierda e ingenuos (por llamarlos de alguna manera suave) políticos de derecha y centro derecha, corrió a las urnas y votó “Apruebo”. Como se dice en Chile, “vendió su alma al diablo” y el diablo ahora se la está cobrando de la única forma que sabe: haciendo impúdicas diabluras que lo pueden llevar al descalabro total.

El pueblo chileno ingenuo, inocente como niño de pecho, no sabe qué votó realmente, simplemente porque nadie sabe hasta ahora cómo será la nueva constitución ni quiénes la redactarán. Primera lección: no hay que ser ni ingenuo ni tampoco niño de pecho. Se supone que cuando se va a las urnas a votar es porque existe un mínimo de instrucción cívica. Pero en Chile hace décadas que desapareció de los colegios la asignatura Educación Cívica y Moral, y la gente crece como un ciudadano-pajarito o un pajarito-ciudadano. En estos momentos se encuentra en el Congreso, considerado por muchos el peor Congreso de los últimos cien años, pero para mí el peor de la Historia de Chile, por los altos niveles de corrupción denunciados con frecuencia por la prensa y su consecuente degeneración de sus funciones públicas, un proyecto de ley para modificar los acuerdos que motivaron el Plebiscito y la nueva constitución.

El proyecto presentado por la diputada comunista Camila Vallejo apoyado por diputados de su partido, del Partido por la Democracia (PPD), del Partido Socialista (PS) y del llamado Frente Amplio, pretende modificar las reglas del juego firmadas en el Acuerdo del 15 de noviembre de 2019 (pero ahora hay algunos arrepentidos que retiraron la firma y otros que se pelearon con su partido). Lo curioso es que el PC se restó de ese Acuerdo y ahora encabeza la indecente diablura. Para ello es necesario modificar el Capítulo XV de la Carta Magna, para que sea la Convención la que defina cómo funcionará. Entre las propuestas se encuentran mantener los dos tercios del Acuerdo firmado en noviembre o que se apruebe por simple mayoría. No es intención de este columnista aburrir al lector con los análisis expuestos por estos diputados (“velando siempre por el bienestar del pueblo y la democracia”), que al cabo de un año quieren cambiar lo que firmaron, sino focalizar su atención en el hecho primordial que no es otro que la facilidad con que estos políticos rompen su palabra empeñada en acuerdos democráticos y esconden sus espurios deseos de poder absoluto.

La segunda lección que deben aprender los pueblos latinoamericanos del Plebiscito Chileno, es abrir bien los ojos y mirar a su alrededor. Si alguien cree que algún ciudadano común y corriente va a formar parte de esta Constituyente, está absolutamente engañado, una vez más. Los políticos, desde el Congreso y otros enquistados en diferentes reparticiones públicas son quienes están decidiendo quién va y quién no va. Lo único que el pueblo hizo fue entregarles un cheque en blanco para que ellos hicieran lo que bien les plazca y mejor saben hacer. Y es lo que están haciendo. La metáfora de la Juanita de Ricardo Lagos (mujer del pueblo usada por el expresidente en sus discursos), no es más que eso, una figura retórica. A ninguno de estos políticos le interesa doña Juanita.

Si se piensa que hay alguna exageración en mis palabras, presento las palabras de la diputada Camila Rojas del Frente Amplio (que reúne varias agrupaciones políticas, algunas de las cuales muy conocidas en sus sedes como Fuerza Común o Movimiento Unir): “El acuerdo del 15 de noviembre fue ‘útil’ para institucionalizar un cambio constitucional, pero es el momento de modificarlo”. Esa es la seriedad de estos políticos desvergonzados que sin ningún tipo de pudor hablan de “utilidad”. Un “útil” acuerdo como los “incautos útiles” que fueron a aprobar lo que no tenían idea de qué se trataba. Ningún respeto por la política decente, ningún respeto por la gente ni su ingenuidad. Solo pensando en “sus utilidades” como corruptos empresarios de la política.

En medio de todo este circo congresista, está el payaso de ocasión. Ahora es el turno de Fuad Chahin, timonel de la Democracia Cristiana (partido que año tras año se evanesce como pompa de jabón), que hizo un “sentido” llamado al PC para que tuviera un poquito más de pudor, pues no participó del acuerdo y lo critica: “Los chilenos apoyaron este proceso y ellos han pretendido apropiarse de algo que no les pertenece. Creo que detrás de todo esto hay una lógica chavista”. El señor Chahin no cuenta que el pueblo chileno fue engañado por la clase política, ni tampoco que su partido ha caminado amorosamente, tomaditos de la mano del PC.

No amigos latinoamericanos, no se engañen. Porque no todo lo que brilla es oro. El Plebiscito Chileno está dejando lecciones que deben tomarse en cuenta. La última lección: los políticos lo entienden “como algo útil de su propiedad”.

Me parece.

 

Imagen portada – Póster en contra del acuerdo político para iniciar un proceso constituyente en Chile 2020. wikipedia.org

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.