
Si alguien piensa que los debates presidenciales son una fuente de luz para guiar al elector en su camino hacia las urnas, pues se equivoca. Normalmente ellos dejan más dudas que certezas y este último debate antes de las elecciones del próximo domingo 21 de noviembre, no sería la excepción. El debate sobresalió más por los enfrentamientos directos entre los candidatos que por la claridad de sus ideas que es, lo que en definitiva, importa al ciudadano. Los candidatos se perdieron en números, principios y respuestas “políticamente correctas”, necesarias, por lo tanto, para salir del paso. Pero de temas esenciales para la población como la seguridad de sus casas, calles y plazas abiertamente tomadas por la delincuencia, sobre terrorismo, sobre salud, por ejemplo, nada.
Pero fue un debate diferente en el que primaron el humor sarcástico y las vueltas de carnero de los candidatos frente a las cámaras, para que todos viéramos la facilidad con que dicen una cosa y luego dicen otra, pensando en cómo agradar al público. Por ejemplo, Yasna Provoste, defensora recalcitrante de los llamados “presos políticos” que no son nada más que delincuentes, pidiendo su liberación, pero ahora, solo para aquellos que permanecen en prisión preventiva, sin juicio. Una vuelta de carnero que no le costó mucho pues es Profesora de Educación Física. Gobernará, dijo, protegiendo la seguridad ciudadana con medidas concretas, como persiguiendo y encarcelando a los delincuentes. Al respecto le tiró sus palos a su exaliado, Gabriel Boric, al declarar que “algunos creen que con los agitadores sociales van a lograr las transformaciones”. Pero ella los defiende. Se definió como “heredera de la Concertación” que, a su juicio, está repleta de logros. Un oportuno apoyo venido del recuerdo.
Gabriel Boric, aunque no es Profesor de Educación Física (de hecho, no tiene ninguna profesión ni oficio conocido), es un experto en vueltas de carnero y supera con creces a la profesional del ramo. Y quien le recordó sus vueltas de carnero y su ninguna capacidad para gobernar fue otro candidato: Marco Enríquez-Ominami, más conocido como ME-O. ME-O lo destrozó, lo apabulló, lo ninguneó sin piedad, ni pudores ni vergüenza. Dureza cargada de sarcasmos, de humor cáustico que desnudó a Boric. Lo llamó de “Doctor Miedo”: “Tenemos un diputado que es cualquier cosa, es cantinfleo. Un día admira a Venezuela, ahora es una dictadura porque le conviene”. Lo recriminó, además, por haber rechazado la “Ley antiterrorista”. Y lo repasó con los dichos de sus colaboradores como Sebastián Depolo, Secretario de Revolución Democrática, partido político al que pertenece Boric, que dijo: “Vamos a meter inestabilidad al país para hacer transformaciones importantes”.
Fue tanto lo que lo golpeó ME-O, que Boric le pidió agüita: “Marco, nos vamos a necesitar todos. Basta con patadas en las canillas”. No le sirvió de mucho pedir clemencia, porque Marco Enríquez-Ominami estaba lanzado a la vida y simplemente le respondió que no “estaba para cuidarlo”. Al término del debate lo liquidó diciéndole que era “infantil y que no estaba preparado para gobernar”. Sí, fue sin duda el pasaje más áspero y entretenido a la vez del debate. Una paliza que pudo haber sido dada en términos más diplomáticos, sin restarle un ápice a la vedad de los dichos. Ahora, al margen de este espectáculo melodramático protagonizado por estos dos improvisados actores, a Boric se le consultó sobre quién gobernará, si él o el Partido Comunista, a propósito de la declaración de este partido sobre Nicaragua. Yo, dijo prontamente, pues como Presidente me corresponde dirigir la política exterior. Pero, ¿Cómo creerle?
Cómo creerle si en diversas ocasiones el Partido Comunista lo ha dejado como chaleco de mono (al respecto sugiero la lectura de mi columna “Elecciones presidenciales chilenas: el Talón de Aquiles del candidato Gabriel Boric”, publicada en este mismo medio el 3 de noviembre recién pasado). Más aún cuando Daniel Jadue, una de las “vacas sagradas” del PC lo amenazó públicamente con cobrársela si él se alejaba un milímetro del programa. Y el programa no es otro que el propio programa del PC, aunque Boric diga que no lo es, que es solo “parecido”. El propio Sebastián Sichel, lejos el candidato diferente del debate, le recordó su apoyo a Castro y Maduro y su reunión con uno de los asesinos de Jaime Guzmán, senador elegido democráticamente. “Me gustaría creerle a Boric”, dijo Sichel.
José Antonio Kast, candidato de la derecha más dura, fue la sombra del candidato que venía arrasando en las encuestas. Se sintió incómodo y estuvo muy errático en sus respuestas. No supo temas claves como el PIB tendencial de Chile, se perdió en respuesta de género y la supresión del Ministerio de la Mujer, a lo que respondió que el programa no estaba “escrito en piedra”. Una buena respuesta pero que pareció una perfecta vuelta de carnero. Con todo, su incomodidad mayor se notó cuando quiso justificar su defensa de la dictadura de Pinochet, al comparar las elecciones de Nicaragua con el Plebiscito de 1989, que significó la derrota del dictador: no hubo presos políticos como en Nicaragua. Una estupidez para el bronce. La guinda de la torta de su pobre presentación fue preguntarle a una periodista “si era casada”, a propósito de los beneficios para la mujer casada que presenta su programa. Por eso su equipo estaba tan blanco como él.
Sebastián Sichel fue, como dije, el candidato diferente del debate. Sí fue a debatir, mostrando sus diferencias programáticas con mucha claridad, y respeto, frente a las de José Antonio Kast, en temas valóricos, económicos y sentido de la democracia. Lejos, también, de Gabriel Boric con quien, definitivamente, no tiene ningún punto de contacto y al que definitivamente también, no le cree. Mantuvo su postura de centro derecha que ha venido sustentando desde antes de las primarias. Y recuperó su sentido de la unidad que había extraviado al chocar constantemente con sus aliados políticos. Se sobrepuso a bajísimas presentaciones de debates anteriores, y se mostró como un candidato certero, respetuoso y humilde. Sin palos y sin vueltas de carnero.
Ah, sí, lo estaba olvidando. Había también un señor Artés. Eduardo Artés. Un candidato que más parece un alienígena, amante inveterado de barricadas, comunistas y terroristas: “Libraría a todos los detenidos y condenados sin ninguna condición”. Eso sería todo.
En general, un debate que dejó más incertezas que certezas. ¿Tuvo repercusiones en el electorado? ¿Ayudó a la elección del candidato? No creo. Los indecisos siempre han existido y aquellos que ya tienen su candidato marcado con mucha anticipación, no lo van a cambiar por un debate más o un debate menos.
El domingo 21 de noviembre se sabrá la única verdad en Chile. Para bien o para mal.













































