El Palacio de La Moneda, sede del Poder Ejecutivo chileno

Chile: el fracaso de un gobierno y el triunfo de los cavernícolas

Chile debe ser el único país del mundo que no necesita de una guerra para ser destruido, pues lo destruyen los propios chilenos. No todos los chilenos, ciertamente, sino aquellos que amparados por la desidia cobarde del gobierno de Sebastián Piñera, se arrogaron el derecho de decir lo que está bien y lo que está mal según su criterio fundado en las drogas y el alcohol. Jueces delincuentes armados de palos, fierros, cuchillos y toda suerte de armas destructivas, juzgan día tras día lo que debe permanecer donde siempre estuvo y lo que debe desaparecer. Se trata de bandas sincronizadas y adiestradas que utilizan las redes sociales para fijar día y hora del próximo atentado, a plena luz del día o a plena oscuridad de las sombras. Nada los detuvo, nada los detiene. Primero fueron las estaciones del metro, centros de salud, escuelas, compañías de bomberos. Luego siguieron las universidades, negocios y patrimonio cultural de índole diversa (incluido el Museo Violeta Parra). Por último calles y plazas.

El día viernes fue el día escogido para celebrar las nuevas quemas y saqueos, ante la mirada complaciente de políticos cobardes que amparan abiertamente la violencia o callan para no “disgustarse con el pueblo”. Todas las corrientes políticas son responsables; unas por participar activamente del caos y la destrucción con sus discursos enfermos de odio; otros por callar ignominiosamente la perdición de Chile. Ante tamaño quilombo (segunda definición de la RAE), el gobierno de Sebastián Piñera de manera imperturbablemente necia, anuncia querellas inmediatamente después de la consabida destrucción de los viernes Querellas que son el hazmerreír de Chile y del mundo. ¿Cuántas querellas ha interpuesto La Moneda? Lo ignoro. Pero es un número generoso. Querellas que, por lo demás, los jueces ignoran olímpicamente. Corolario de la situación semanal: el gobierno hace de payaso y los vándalos se preparan para el viernes siguiente para una nueva destrucción anunciada, como se dijo, por redes sociales.

Durante meses, la Plaza Baquedano, centro emblemático de Santiago, que los vándalos llamaron “Dignidad”, con el auspicio nuevamente de los políticos cobardes de siempre y la sociedad partidaria alborotada como chancho en la batea con el nuevo nombre, fue el lugar escogido para los saqueos, borracheras, festival de drogas y fotos personalizadas de energúmenos arrancados de las cavernas que pedían el retiro de la estatua del General Baquedano, héroe de la guerra de 1879, donde además se encuentra la tumba del soldado desconocido. Primero la ultrajaron con pinturas y rayados de cualquier tipo; luego quisieron botarla. Finalmente llegaron con herramientas especiales para cortar las patas del caballo, lo que casi consiguen. Entonces, el gobierno pusilánime, con el auspicio del Consejo de Monumentos Nacionales optó por retirar la estatua para repararla “y ponerla en su lugar cuando esté restaurada”. Eso será, como decimos en Chile, “el día del níspero” o “para el pago de los bomberos”.

Este Consejo de Monumentos Nacionales es otra payasada pues también ha permanecido en silencio ante la destrucción de varios monumentos y edificios patrimoniales como el propio Museo Violeta Parra. Tampoco los intelectuales de este país han abierto la boca para defender la destrucción cultural. ¿Quién ha hablado de Virginio Arias, el artista que modeló la estatua del General Baquedano? Sebastián Piñera se irá en poco tiempo; no tiene ningún interés en echarle más leña a la hoguera y prefiere irse feliz con lo hecho frente a la pandemia-covid, que ha sido muy eficiente. Pero se irá dejando un país en manos de la delincuencia más desatada de que se tenga noticia. Una delincuencia protegida por políticos corruptos que actúa impunemente ante la vista y paciencia de quien quiera observar. El sector de la Plaza Baquedano, también conocida como Plaza Italia, que reúne varios barrios emblemáticos para el desarrollo de la cultura y del turismo, es hoy un terreno en manos de estos cavernícolas. La Plaza Baquedano se convirtió en la Plaza de la Indignidad, y ahora sus restos cadavéricos son fuertemente resguardados por el gobierno. Pareciera ser que se quiere proteger la vergüenza de este “Pobre Chile, es tu cielo azulado”.

Chile es un país que ha perdido toda compostura, y su incierto destino pareciera no encontrar ninguna solución. O una dolorosa solución. Y si así fuera, porque la Historia no ha sido más que una antipática copia de sí misma, aquellos políticos corruptos y sediciosos responsables del caos en que sumieron al país, correrán presurosos, como ratas, a asilarse en las embajadas amigas de Cuba, Venezuela y dos o tres más. Olvidarán a su pueblo que tanto aman, y vivirán felices con sus familias disfrutando las bonhomías del asilo contra la opresión.

Esta parte de la Historia de Chile me la sé de memoria.

 

 

Imagen portada: El Palacio de La Moneda, sede del Poder Ejecutivo chileno – .:GIO::IAB:. – FlickrLa Moneda vista da Agustinas – wikipedia.org

 

 

 

 

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Alejandro Carreño T.

Alejandro Carreño T.

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.