Palacio De Justicia - Lima - Peru

Por incapacidad moral permanente

Por lo menos eso fue lo que argumentó el Congreso peruano para despedir a Martín Vizcarra de Palacio Pizarro. Esta columna no tratará sobre las razones del despido vinculadas con sobornos recibidos por el ex mandatario cuando era gobernador de la provincia de Moquegua, al sur del país (2011-2014), profusamente divulgadas por la prensa, sino de la figura legal “incapacidad moral” que es aplicable al régimen de gobierno peruano desde la Constitución de 1839. Lo primero que llama la atención es que no existe un consenso sobre cuál es su contenido. En principio se le define en función de otras figuras constitucionales, y en este sentido “se señala que la incapacidad moral puede comprender todos las conductas que, sin constituir supuestas responsabilidades jurídico-penales (antejuicio), ni infracciones a la constitución de carácter político (juicio político), deterioren a tal magnitud la dignidad presidencial que hagan que no pueda ser posible que su titular se mantenga en su cargo” (Instituto de Democracia y Derechos Humanos, artículo del Portal PUCP, “La vacancia presidencial por incapacidad moral: ¿cómo y por qué?”, del 16 de diciembre de 2017).

Me llama la atención la figura “incapacidad moral” que se encuentra en la Constitución Peruana, porque, no obstante los “peros” que puedan desprenderse de su comprensión y aplicación (el ahora expresidente Vizcarra declaró al respecto que el Congreso está haciendo un mal uso de esta vacancia porque debiera “ser una medida extrema” y no ser “aplicada cada mes y medio”), lo cierto es que no deja de ser una medida jurídicamente válida que, si bien aplicada, moralmente bien aplicada, salvaguarda la transparencia del gobierno de turno y preserva la salud de la propia democracia. Sobre todo en nuestro continente latinoamericano, verdadera fábrica de políticos corruptos enriquecidos en sus altos cargos que les permiten sus indecorosas relaciones con empresarios corruptos y narcotraficantes. Los ejemplos escriben una lista interminable.

Por eso me sorprende el concepto “incapacidad moral”, por el sentido de su razón de ser cuando el sentido de la razón de ser del deber político se pierde en los laberintos de la más desbocada corrupción, como ocurre en nuestra América Latinoamericana. Aquí, como se sabe, representantes de la clase política (presidentes, ministros, diputados, senadores, alcaldes, gobernadores y hasta los más humildes concejales), se encuentran desde hace décadas en las páginas policiales de la prensa internacional y no donde debieran estar por sus funciones específicas, las páginas políticas. Como se sabe también, algunos de estos políticos corruptos, comprados por empresarios corruptos y abducidos por el narcotráfico, han terminado donde siempre debieron estar: en las cárceles como delincuentes comunes que son. Otros han preferido el suicidio. Pero en algunos lugares de nuestra pobre América Latina, estas medidas morales que son un remanso de decencia para la ciudadanía y la salud de su democracia, no existen, y los políticos corruptos y los empresarios corruptos son enviados a clases de ética en universidades privadas o, como los pecadores medievales, pagan sus pecados en cómodas cuotas mensuales. La bula de la economía de mercado. En estos lugares desprovistos de cualquier sentido de la ética y la moral, el Poder Judicial, tan corrupto como los otros, cumple la función del documento pontificio que otorgaba “ciertas indulgencias, concesiones de gracias o privilegios”. Usted llámelo como quiera.

Sí, personalmente me agrada el término “incapacidad moral” aplicado con la debida transparencia jurídica y moral. Evitaría, por ejemplo, que en ciertos países el cambio de presidente sea una parodia de la película de Cantinflas, “Su Excelencia”, cuya fotografía oficial de su excelencia cambia cada cinco minutos, como ocurre en el mismo Perú en estos momentos: Manuel Arturo Merino de Lama, oscuro líder del Congreso que obtuvo cinco mil votos en su elección, estará en Palacio Pizarro hasta julio de 2021. Será el cuarto presidente en cuatro años.

¡Cosas tristes y jocosas de nuestra vapuleada América Latina!

Me parece.

 

Imagen portada: Palacio De Justicia – Lima – Perú – Fuente Wikipedia

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.