Poesías Performáticas en el CCE - 30 de noviembre 2016 - Foto © Paola Scagliotti

Y no le alcanzó con mentir

La mentira tiene muchas aristas. Pero aquí interesa la que dice relación con algo que no es verdad. Esta sola arista de la mentira bastó para que el ciudadano estadounidense inclinara la balanza a favor de Joe Biden y le dijese a Donald Trump que su tiempo había terminado. El Presidente Trump hizo de la mentira y del rumor, sazonado con faltas reiteradas al espíritu democrático que debe prevalecer en toda contienda ética de la política, la esencia de su discurso agresivo y tendencioso, conflictivo, peligrosamente horadador de la estabilidad democrática. Por lo mismo, su campaña para conservar la Casa Blanca se perdió en los laberintos de la más pura demagogia, que no es otra cosa que alcanzar con halagos y concesiones los sentimientos más elementales de la ciudadanía para conseguir el poder o mantenerse en él.

En vano. No le alcanzó con mentir. “Miente, miente que algo queda”, la famosa frase que Plutarco en “Obras Morales y de Costumbres”, conocida también con el nombre de “Moralia” (Siglo I d.C.), atribuye a Medio de Larisa, miembro de la corte y asesor personal de Alejandro Magno, en el siglo IV antes de Cristo, fue su marca registrada y la entregó a su gente para que la esparcieran como un virus paralelo al covid-19 a lo largo y ancho de su campaña. Pero los estadounidenses se vacunaron contra el virus de la mentira y del rumor y como nunca antes en la historia de los Estados Unidos, acudieron masivamente a las urnas utilizando todos los medios legales de su estado federativo. Solapado en la falacia de sus propias palabras, el derrotado mandatario amenaza con llegar hasta los tribunales celestiales si fuera necesario. No acepta la derrota porque se construyó una imagen de héroe indestructible como los tantos héroes indestructibles del cómic hollywoodense.

Pero sus aleteos leguleyos para sobrevivir indignamente en la Casa Blanca pierden terreno incluso entre los suyos, aquellos republicanos demócratas que observan con espanto cómo el Presidente ha perdido toda compostura ética e insiste en el cuento de hadas de su discurso: “Donald Trump es un actor innato, por lo que probablemente volverá a tener una carrera en los medios. Tal vez sea el dueño de su propia cadena televisiva, en la que pueda controlar al público, que es lo que ama, y vender teorías de la conspiración”. Palabras sorprendentes no de un demócrata, sino de una republicana, Colleen Graffy, exdiplomática del gobierno de George W. Bush, que repasa así la ambición de Trump: “Los republicanos como yo, que valoran el Estado de Derecho y las instituciones democráticas, esperamos que Trump se convierta en un espectáculo secundario, entretenido para algunos, pero irrelevante para la mayoría”.

Donald Trump es eso: un triste espectáculo que hasta la propia televisión debió cortar en plena transmisión para no amparar sus declaraciones destempladas y mentirosas: “Tenemos que interrumpir aquí, porque el Presidente hizo una serie de declaraciones falsas, incluida la idea de que ha habido votaciones fraudulentas”, señaló Lester Holt, presentador de NBC Nightly News. Por su parte, el presentador de ABC David Muir dijo que “hay mucho que deshacer aquí y verificar los hechos”. Y Brian Williams, de la NBC: “Ok, aquí estamos de nuevo en la posición inusual de no solo interrumpir al Presidente de Estados Unidos, sino también de corregir al Presidente de Estados Unidos”. Y Fox News, cadena cercana al Presidente declaró: “No hemos visto nada que constituya un fraude o un abuso del sistema”. Finalmente, para no cansar al lector con esta retahíla de escandalosas falacias de Donald Trump vetada por los medios, CNN declaró que el Presidente “ataca la democracia con su fiesta de falsedades. Mentira tras mentira. Sin ninguna prueba, Trump dice que lo están engañando”.

Sí, al Presidente no le alcanzó con mentir. Donald Trump olvidó que cuesta caro mantener las apariencias y que la mentira termina por comerse a sí misma. Jamás lo entendió. Pero la gente sí lo entendió como Shakespeare lo entendió hace mucho tiempo: “No me vengan con mentiras, pues ellas le quedan bien a los comerciantes”. Solo él jamás lo entenderá, pues continúa con ellas enlodando una elección transparente, enjuiciando el propio sistema democrático estadounidense cuyo responsable directo de su ético funcionamiento es el propio gobierno que todavía dirige. Negar la transparencia del sistema eleccionario de su país es admitir su propia incapacidad para hacerlo transparente.

No le alcanzó con mentir majaderamente durante cuatro años de discursos mezquinos, divisionistas, violentos y discriminatorios, dirigidos a sus “enemigos internos” que no son otros que los que no piensan como él (qué diferente del discurso de Joe Biden: “Tenemos que dejar de tratar a nuestros oponentes como enemigos. Ellos no son enemigos, son estadounidenses”), y a sus enemigos externos, porque “America First” y el mundo no existe para él. Por eso, me queda la sensación de que el Presidente Trump fue un error macabro de la historia, como tantos otros, y de la democracia. Con todo, la pesadilla ha terminado y sería bueno para el bien de la comunidad internacional, que él se dedicase a su propio espectáculo televisivo secundario, “entretenido para alguno, pero irrelevante para la mayoría”, como muy bien lo dijo Colleen Graffy.

Me parece.

 

Imagen portada – archivo: Poesías Performáticas en el CCE – 30 de noviembre 2016 – Foto © Paola Scagliotti

 

 

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.