Bolsonaro discutiendo con la diputada Maria do Rosário en el plenario de la Cámara de Diputados durante una discusión sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, la cultura de la violación, entre otros asuntos

El pensamiento de Jair Bolsonaro

Jair Bolsonaro, el presidente brasileño, vive días turbulentos en Palácio do Planalto. Su liderazgo que lo llevó a la presidencia con el 55,13% de los votos en las elecciones de 2018, se encuentra hoy en un retroceso que parece irreversible. Las pasadas elecciones municipales dejaron su liderazgo en bancarrota pues de trece candidatos que él apadrinó, nueve se perdieron en la primera vuelta. Dos ganaron y dos pasaron a la segunda vuelta: Wagner Sousa Gomes que perdió en Fortaleza y Marcelo Crivelli derrotado en Rio de Janeiro. Es decir, los brasileños se cansaron de las bravatas de su presidente que, además, adora ser el doble de su par estadounidense al punto de poner en tela de juicio la votación electrónica debido a “su poca transparencia”.

Jair Bolsonaro es un político de la derecha más recalcitrante de Brasil, cuyo pensamiento polariza la política que tanto daño le hace, precisamente, a la política. Su mirada tendenciosa, discriminadora y ofensiva sobre temas políticos, sociales y culturales, que jugó (y juega) con la salud de la población y la suya propia, burlándose de la mascarilla y del mismo covid-19, describe la imagen más alejada de lo que pueda llamarse un líder político. Revisemos pasajes de su pensamiento para ilustrar de manera fehaciente al Presidente de Brasil. Hasta se podría elaborar un listado temático de su forma de ver el mundo y comprender a las personas, pero lo haremos de modo aleatorio para retratar de cuerpo entero el alma y la razón (o la sinrazón) de este personaje latinoamericano tan lamentablemente especial.

Hablando sobre la población negra declaró que los negros “no sirven ni para procrear” (2017), y que el Estado gasta en ellos más de mil millones de dólares anuales. En un país donde negros y mulatos representan el 49,6% de la población. Ciertamente la pobreza intelectual de este pensamiento no mudaría si la población negra fuese el 1%. Los negros han sido para Bolsonaro uno de sus temas predilectos para evidenciar su infinito desprecio por el ser humano: “No corro el riesgo de que uno de mis hijos se enamore de una mujer negra porque fueron muy bien educados” (2011). Bolsonaro hubiese sido un buen brazo derecho de Hitler.

Pero no solo la raza negra ha sido maltratada por los desvaríos mentales de Jair Bolsonaro. También las mujeres ocupan un lugar de privilegio en su delirante pensamiento: “Tengo cinco hijos: fueron cuatro hombres, ahí en el quinto me dio una debilidad y vino una mujer” (2017). Esa “mujer que vino”, ¿será un maniquí con senos parido por otro maniquí con senos? Ni aun con la más paciente de las paciencias es posible comprender tanta idiotez reunida en un par de líneas. ¿Cómo se puede votar a un hombre así para representar a un país? El sentido de lo humano de Bolsonaro es el sentido de lo inhumano, de lo bestial, como lo demuestran estas palabras sobre la diputada del PT María del Rosario: “Ella no merece ser violada, porque ella es muy mala, porque ella es muy fea, no es de mi gusto, jamás la violaría” (2003).

Jair Bolsonaro es el típico personaje público con poder, que piensa que él y solamente él importan en el mundo, y su verdad es la verdad de un mesías. Mesías es el segundo nombre de Bolsonaro y lo usó cuando Brasil llevaba cinco mil muertes provocadas por el covid-19 (mes de abril): «Soy Mesías, pero no soy capaz de hacer milagros» (2020). El tono irónico de sus palabras para referirse a la muerte y dolor humanos, y que no puede distinguirse en un escrito, indignó a la opinión pública. Con todo, no es la única reflexión bolsonarista respecto del dolor y la muerte: “el error de la dictadura fue torturar y no matar” (2016). Pero Bolsonaro se supera a sí mismo cuando se trata de mostrar su arrogancia y desprecio por la vida humana: “Pinochet debió haber matado a más gente” (1998). La guinda de la torta, sin embargo, es la entrevista apocalíptica al programa de TV Cámara Aberta (1999) donde comenta que es a favor de la tortura, como el pueblo también lo es, que la democracia es “una mierda” y que si fuera presidente cerraría el Congreso y daría un golpe el mismo día. ¡Sin comentarios!

A lo mejor la era Bolsonaro está llegando a su fin, pero lo que parece no tiene fin es su perturbada comprensión de la realidad que lo rodea, como el covid-19, por ejemplo, que le hizo perder gran parte del apoyo ciudadano por su desidia como presidente frente a la pandemia. En cuanto el mundo caía a pedazos, él, muy campante declaraba que si se contagiara no se preocuparía, pues sería solo una “gripecita, un resfriadito”, y convidó a los brasileños a no usar mascarillas. Para Bolsonaro el covid-19 fue un cuento de hadas. Así se entiende cuando dice que el virus es más fantasía que realidad, que no es todo lo que está en la prensa. Por eso, en un comienzo no quiso oír la palabra cuarentena, pues si la economía se hunde, Brasil se hunde. ¡La economía por sobre el ser humano! Entonces remató con este “brillante discurso”: “Pronto la gente sabrá que han sido engañados por estos gobernadores y gran parte de la prensa”. Y como suele ocurrir con estos líderes que practican la “opinología” al mejor estilo de farandulero de la televisión, también “reflexionaba científicamente” sobre el virus: “¿Por qué cerrar las escuelas? Raras veces los casos fatales son de personas menores de cuarenta años”. Y le puso la guinda a la torta: “Está sobredimensionado el poder de este virus”.

Hay mucho, muchísimo más sobre este peculiar presidente, pero en esta columna solo hemos querido ilustrar con su discurso, hasta dónde puede llegar el radicalismo de un pensamiento que se construye sobre la base del fanatismo ideológico que soslaya lo esencial de las personas: su naturaleza humana.

Me parece.

 

Imagen portada: Bolsonaro discutiendo con la diputada Maria do Rosário en el plenario de la Cámara de Diputados durante una discusión sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, la cultura de la violación, entre otros asuntos – Marcelo Camargo/Agência Brasil – Fuente wikipedia.org

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.