
“El día que la banda todavía no se llamaba”
Una noche en la que el show se presentó como algo en construcción, sin nombre definido y terminó tomando forma en el escenario a partir de la música, el encuentro y la magia sinérgica de los vínculos.
Lo de Anita Álvarez de Toledo y el resto de músicos que la acompañaron en el show del martes 9 de junio en Sociedad Urbana Villa Dolores tuvo esa cualidad, la de una banda que se sostiene menos en la demostración y más en una forma de convivencia sobre el escenario.
El día antes del show, en una entrevista con Carlos Dopico en La diaria radio, había dejado una clave de lectura. Hablando de su vínculo con Uruguay, dijo, entre risa y definición: “yo siempre me autopercibí más uruguaya que argentina”. No fue una frase anecdótica. Funcionó como síntesis de una relación larga, hecha de cruces, idas y vueltas y una pertenencia construida en el tiempo con nuestro país.
Anita tiene recorrido. A los 23 años ya estaba grabando coros con Fito Páez, en su disco “Abre” de, pasó por el universo de Charly García en los 2000 y formó parte de “Fuerza Natural” de Gustavo Cerati. Podría apoyarse en ese linaje, pero en escena elige otro camino. Hace seis años vive en Uruguay, en una etapa atravesada también por la vida personal y la maternidad; su vínculo con esta escena viene de mucho antes con proyectos compartidos, amistades musicales y colaboraciones sostenidas en el tiempo.
Sobre el escenario se notaba que no existen las jerarquías entre ellxs. Eran un grupo de artistas virtuosos, todos conocidos y con trayectorias super exitosas: Gustavo Montemurro en teclados, Urbano Moraes en bajo, Martín Ibarburu en batería, Walter “Nego” Haedo en percusión, y las guitarras de Nicolás Ibarburu y Juan Pablo Chapital.
Una selección impresionante de talentos que funciona como una banda entendida como unidad de trabajo, donde cada quien ocupa su lugar sin rigideces ni jerarquías marcadas. Sin liderazgos visibles; todos intervienen y la música parece irse construyendo en el ida y vuelta, con escucha hecha de miradas en el escenario y decisiones en tiempo real.
El sonido se construyó desde ahí. La base rítmica fue clave, Urbano organizando desde el bajo con una presencia más estructural; Martín preciso en la bata; y el Nego Haedo dándole vida y color a la obra con pequeñas inflexiones que amplían el paisaje sonoro. Las guitarras en diálogo constante retroaliméntense, alternando roles cuando el clima lo pedía, mientras Montemurro aportó desde teclados capas de texturas sutiles.
Sobre ese entramado, la música fluyó con naturalidad entre registros distintos, con un repertorio que transitó el soul, el funk, el jazz y momentos de cercanía con lo brasileño y lo local. Pero más allá de los géneros, lo que más registramos fue esa lógica común de que todo está al servicio del conjunto.
Ahí la voz de Anita encuentra su lugar sin necesidad de dominar. Tiene recursos, matices y control del fraseo, pero no busca imponerse como centro absoluto. En varios pasajes se integra al tejido general como un instrumento más, entrando y saliendo del foco sin romper la continuidad del grupo. De vez en cuando aparece algún comentario jocoso, como cuando Nicolás Ibarburu se despacha con un solo que deja a todos en trance; apenas termina, Anita suelta: “acabo de quedar embarazada otra vez gracias al solo de Nico”. La risa se expande entre el público y el escenario y la tensión del momento se afloja en una complicidad inmediata entre público y banda.
También se hizo visible algo que ella misma había dejado entrever en la entrevista previa: el vínculo real con los músicos. No es un proyecto armado desde cero, sino que hay historia compartida desde hace 20 años, incluso en parte de esta formación ya habían tenido oportunidad de tocar, se conocen, se leen, se responden sin solo con mirada. Eso se traduce en una forma de tocar donde las transiciones suceden sin previos avisos
El grupo todavía no tiene nombre. No se presenta como una banda formalmente definida, sino como un ensamble en funcionamiento. Sin embargo, en escena hay una dinámica muy consolidada y una intención clara de continuidad. En ese punto, el nombre deja de ser un detalle secundario y empieza a aparecer como una necesidad concreta para identificar un proyecto que ya está en marcha. ¿Habrá novedades? ¿Proponemos nombres? La pregunta queda abierta, personalmente no tengo dudas de que el proyecto ya está listo para dar paso.
El cierre llegó sin ruptura, fue parte del mismo flujo, con el bis como continuación natural del concierto. Una noche distinta de martes de otoño, cerca del Planetario y en un lugar que la entrada es un paraíso hecho vivero y donde en cualquier martes de junio pueden pasar cosas así.
Disfrutamos de un proyecto de un nivel altísimo con seis artistas increíbles que dan ganas de seguir disfrutando. Esperamos que el martes haya sido el reincido de un nuevo camino.
Set list de Show: Free – Ainda Lembro – De noite na cama – Use Me – Georgie Porgie – Lovely Day – What you won’t do – Tell me something good – Sin salida – Previsible sabor – Luz – Densa – Nada más preciado – I try + bis.
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