
Mike Tyson es sinónimo de conflicto, éxito, box, millones de dólares, fama, la vida real hecha films, drogas, fiestas, auge, caída, más y más, hasta hoy, donde su presencia cercana para poder ver e intentar entender su vida a través de su rostro tatuado y lleno de marcas cicatrices de años de peleas ganadas (y perdidas), a pocos metros, frente a nosotros en su “Undisputed truth”, guionado delirio stand up afropop de Spike lee, en un lugar como el Conrad, como si de un escena excluida de Qué paso ayer? se tratara, todo se nos estaba por aclarar.
En una sala repleta, con una capacidad de respuesta al espectáculo especial, hiperactiva y festiva, Tyson habló y sudó, pero por sobre todo habló, contó su vida con la extraña y efectiva mirada del gran Spikeé, donde la vida de Mike es una ópera prima perfecta para todo hito cultural salido desde los lugares más oscuros de la sociedad, Brooklyn, puñales, cárcel, el Box, su descubrimiento y Cus D’Amato.
La carrera por los millones, en la oscuridad, entrenando solo durante horas para convertirse en ícono del Boxeo mundial, solo comparable con Mohamed Alí, si solo de Box estamos hablando, siendo el campeón de pesos pesados más joven de todos los tiempos.
No solo de dólares y deporte vive el hombre, Amor, 400 millones, Don King, Mitch Breen, Don “Devil” King devuelta, cocaína, sexo, prostitutas y la profunda experiencia del Prozac como si de ciertos prototipos exitosos americanos de otras épocas se tratára.
Sus apariciones en el cine, globos de oro, nuevo camino de ruta, presentándose por el mundo contando su historia de hombre negro sobreviviendo en un mundo dueño de los blancos, lo de Tyson es un suceso en la historia Macromedia de los 80s, gran parte de los 90s y quizás reciente en todo el mundo, su sola aparición en escena contando de cómo arruino todo lo que pudo construir de la nada en tan poco tiempo, lo hacen digno de respeto y reflexión, por más que la violencia agigantada por los medios y los chacales del éxito lo hayan querido convertir en un nuevo suicida, el tipo sigue, va y habla, lo hace, se sigue peleando con su pasado, pensando en su futuro y, Spike Lee desde muy lejos, muy contento.
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