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Nada será lo mismo.
En Sara vencida y lúcida, el autor, Luis A. Fleitas Coya, nos pinta un fresco de tremenda actualidad, una sociedad atravesada por la inseguridad (emocional y de convivencia) y la delincuencia, pero también por las dificultades económicas para sostener los proyectos personales. A partir de situarnos en medio de la pandemia del Coronavirus, que funciona como telón de fondo, podemos recordar, en principio, el miedo generalizado que provocó el virus, el encierro y la soledad, y los cambios, no siempre para bien, que se realizaron. Si habíamos pensado que la humanidad iba a salir mejor de esta situación, que íbamos a ser mejores personas, aquí constatamos (una vez más) que no fue así.
La probabilidad de la muerte se extiende, de cabo a rabo, mientras la voz principal, una mujer de 79 años, Sara, da cuenta de una actitud firme para ser una sobreviviente y resolver, gracias a su tenacidad, un conflicto que amenaza su seguridad personal, la de su hijo y de su entorno. Pero además, la obra nos plantea otro aspecto, moral, por el que la protagonista se relacionará con un hombre joven, de diferente condición social, y deberá enfrentarse a la maledicencia, a la incomprensión e incluso a las dudas sobre su salud mental por una relación prohibida.
La adopción de medidas, el salir lo menos posible, el confinamiento, la incertidumbre, la llegada de las vacunas y las muertes, van haciendo su obra, y el negocio familiar se ve resentido, pero la aparición de actores extranjeros que no cederán en utilizar todos los medios disponibles para conseguir sus fines, hacen que la historia alcance ribetes melodramáticos. Sara pensaba, como todos, que la pandemia sería pasajera.
Novela de base realista, escrita de modo sencillo, en primera persona, dividida en cuatro partes, con capítulos cortos, a veces se tiene la sensación de que vamos demasiado rápido, porque van apareciendo otros personajes secundarios y no alcanzamos a ver en toda su dimensión el conflicto. Para resolver el nudo planteado se recurre a una investigación contable que realiza la protagonista y que nos proporciona ciertos detalles (innecesarios a mi modo de ver), que están allí para que la historia sea creíble. Después del paso de los recuerdos, vuelve al presente. Los cambios producen inestabilidad y allí surge lo que no queremos o no supimos ver de nosotros mismos. Es un tiempo de introspección, donde la protagonista expone su pensamiento por medio de las palabras, al (d)escribir sus acciones, sentimientos y elucubraciones hace lo mismo de lo que habla, el discurso se presenta como tal para hablar sobre lo que discurre, al modo de cajas chinas. Y para superar ese desencanto, leerá a Berkeley, dando cuenta del idealismo como refugio: “el mundo, la realidad, el universo es lo que se percibe, y que cuando nada se percibe nada hay…”.
Estará, como algo destacable, la acción social de la Iglesia y, sobre todo, el discurso de Juancho, un ladrón, alcohólico y drogadicto. Un discurso elíptico, poético, metafórico, en tono de sermón que es, a mi juicio, muy interesante literariamente hablando.
Dará un paso atrás en el tiempo para describir su vida de antes, los problemas matrimoniales con su ex esposo, al tiempo que nos cuenta su historia y la conducta fraudulenta nos informará de la escala de valores del padre. “El quiebre de la tablita del dólar en el año 83” lo obligó a reconvertirse y pasa a ser importador de productos chinos. De todos modos, el dinero que entraba “no trajo la felicidad ni mucho menos…”. Pero Sara tiene la constatación de la verdad: “No pude, o no supe, evitar que la felicidad huyera de nuestra casa, de nuestras vidas”. La infidelidad, el desencanto, la desilusión y el divorcio con división de bienes completan el trazo familiar. Y ahora, “las piezas están siempre sombrías (…) En el deambular por piezas, cuartos y pasillos encontré el eco de otras voces”.
Luego irrumpirá en su vida Sergio Colman y la narración se transforma en la descripción de lo liberador que puede ser el deseo satisfecho y el hecho de que ambos se entiendan, al tiempo que nos contará su historia y se abre en confidencias, pero luego él se contagiará de Covid y asoma, primero tímidamente, el mundo de la delincuencia, que luego, con el hecho fatal, determinante, absorberá todo lo demás, con su cuota de violencia y muerte, porque el crimen, por supuesto, no perdona.
Y cuando la noticia de que Sara tiene un “amigo” se desparrama suceden una serie de hechos que conducen a un conflicto que para ser resuelto es necesario sacrificar cosas importantes, porque “cuando lo privado se te va de las manos no hay forma de recobrar su dominio”. La decisión que debe tomar Sara, aun reconociendo que ha sido vencida, es su lucidez.
El giro final recompone, de alguna forma, todas las cosas.
Pero ya nada será lo mismo.
El autor
Luis A. Fleitas Coya nació en José Pedro Varela, Lavalleja, es doctor en Derecho y Ciencias Sociales y escribano público. Además, se desempeñó como defensor público del trabajo. Esto explica, en gran medida, la deriva jurídica de la novela.
Ha publicado El que huye en Cuentos para oír II (1977), La caza de la mulita y otros relatos (2016), Doble crimen (2018), A nadie le gusta hablar de la muerte (2018), y ha integrado la antología de cuentos 25/40 de Banda Oriental (2018).
Ha sido premiado en el Concurso de Cuentos para Oír de Radio Sarandí (1977), Concurso de Cuentos de la Caja de Profesionales Universitarios (2001) y en los Concursos de Narradores de Banda Oriental XXI y XXV.
(Sara vencida y lúcida, de Luis A. Fleitas Coya, Fundación de Cultura Económica, 2025, Montevideo, 181 páginas)
