Alejandra González Soca - Instalación - Territorio Infiltrado - Museo Juan Manuel Blanes - Marzo 2018 - Foto © Federico Meneses

Literatura y realidad

La realidad siempre ha sido fuente de inspiración para poetas, narradores y dramaturgos. Tanto la mundanal realidad, con sus placeres y vanidades, como la otra, la que hiere y maltrata. Tal vez tenga razón Paul Auster, Premio Príncipe de Asturias de Letras 2006 y en cuya obra navegan el absurdo y el existencialismo, cuando afirma: “Los escritores somos seres heridos. Por eso creamos otra realidad”. Es posible, pues en esa “otra realidad” suelen narrarse el dolor y la angustia, como en el cuento Sábado de Gloria, de uno de los grandes de la narrativa hispanoamericana, el uruguayo Mario Benedetti. El relato directo, humano, y brutal por momentos, desnuda el alma del narrador, sus recuerdos y sus anhelos, y lo enfrenta sin miramientos a la muerte de su esposa en el hospital: “Y entonces pedí que me dijeran en donde podía verla. Me sostenía una insulsa curiosidad por verla desaparecer, llevándose consigo todos mis hijos, todos mis feriados, toda mi apática ternura hacia Dios”. En Sábado de Gloria, Benedetti ha creado “esa otra” realidad de que habla Paul Auster, para dejar en el lector el sentido humano del dolor y la angustia vivida por el narrador, que en muchas ocasiones no es más que su propio sentido humano del dolor y la angustia.

En el mundo real, nos dice también Paul Auter, “ocurren cosas que se parecen a la ficción. Y si la ficción resulta real, entonces quizá debamos reconsiderar nuestra definición de realidad…”. Tal vez debiéramos repensar la narrativa de Horacio Quiroga, el escritor uruguayo considerado uno de los maestros del cuento, a la luz de este principio de Auster, pues en ella la realidad suele presentarse como algo sobrenatural que provoca el terror y la náusea, o como algo real muy cercano a lo sobrenatural. Así ocurre en El almohadón de plumas, un cuento que juega con la realidad y la ficción que sorprende y horroriza al lector que mira con espanto cómo “las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta llevándose las manos crispadas a los bandós […]. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca”. ¿O es, como dice Jorge Luis Borges que “fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real?”.

Tal vez “Los humanos no pueden soportar mucha realidad”, como lo ha señalado el Premio Nobel de Literatura de 1948, Thomas Eliot, el poeta de La tierra baldía, uno de los poemas esenciales de la literatura inglesa. Entonces se construyen otra en la que sus personajes muchas veces tampoco pueden soportar su propia realidad creada, como en el cuento Mi corbata del peruano Manuel Beingolea. Algo tan prosaico, tan mundano como la vanidad que representa una corbata de lujo, lo convierte de la noche a la mañana en un terrateniente, millonario y político. La fantasía social en que vive lo hace añorar al final del relato su verdadera realidad: “Más feliz hubiera sido con mi arequipeñita. ¡Oh! Esa que me quería arrancado y por mí mismo. Con ella y mis cincuenta soles hubiera vivido ignorado, sin ambiciones que me consumen, ni desengaños que me torturan”. Una mirada al comportamiento social del hombre de las primeras décadas del Siglo XXI, nos revela esta realidad creada sobre la base de un pensamiento esencialmente exitista y consumista que lo ha llevado a vivir el ficcional mundo de las tarjetas de crédito. Nada ha cambiado.

De todas las realidades que la realidad nos ofrece, la más compleja debe ser aquella en que comprendemos quiénes somos. La literatura se ha deleitado con ella, como en el cuento del colombiano Hernando Téllez Espuma y nada más. Un relato vigoroso, directo del interior de la conciencia del narrador al lector que apenas sí contiene la respiración. Jorge Luis Borges tiene mucha razón cuando dice que “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es”. La realidad del barbero, que no tiene nombre, es exactamente esa: saber quién es. Un asesino o un barbero, a pesar de toda la puesta en escena mediante diálogos breves y directos con el capitán Torres, el otro protagonista de la historia, el lector no logra descifrar el ser del barbero: “Él seguía con los ojos cerrados. «De buena gana me iba a dormir un poco», dijo, «pero esta tarde hay mucho que hacer», Retiré la brocha y pregunté con aire falsamente desinteresado: «¿Fusilamiento?» […]. Reanudé, de nuevo, la tarea de enjabonarle la barba. Otra vez me temblaban las manos. El hombre no podía darse cuenta de ello y esa era mi ventaja”.

Para Chesterton, el notable escritor inglés, poeta, novelista, dramaturgo y ensayista que vivió los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y respiró el germen de la Segunda Guerra, pues murió en 1936, la libertad es el mayor anhelo del hombre, pero es lo contrario de la realidad: “En el mundo moderno, la libertad es lo contrario de la realidad; pero es sin embargo su ideal”. Nuestro mundo actual no está tan lejos del pensamiento de Chesterton. También la libertad es el ideal que se quiere alcanzar, pero la realidad suele imponer sus propias cadenas.

No se trata solamente de perder la libertad que conduce a la esclavitud, sino también aquella libertad social que conduce a otro tipo de sometimiento. Así ocurre con Gerión, el protagonista del cuento El Bloqueo del brasileño Murilo Rubião. Había huido de su mujer para ser libre; huir de sus humillaciones y malos tratos. Pero esta libertad ansiada se ve amenazada por la máquina demoledora que se está tragando el edificio donde él es el único arrendatario: “Los ruidos se aproximaban. Adquirían suavidad y constancia haciéndole pensar que pronto llenarían el departamento […]. Por las grietas seguían entrando las luces de colores, formando y deshaciendo en el aire un continuo arcoíris: ¿tendría tiempo de contemplarla en la plenitud de sus colores? Cerró la puerta con llave”. Una realidad tan opresiva como la de su mujer Margarerbe. El Bloqueo nos hace pensar en la reflexión de Chesterton y preguntarnos si somos realmente libres, o simplemente estamos condenados a permanecer atados a una realidad donde quiera que estemos.

Literatura y realidad. ¿Podemos separar la una de la otra sin que ninguna de las dos se resienta? Lo mejor es pensarlas una dentro de la otra como suele ocurrir en la realidad y en la ficción. Después de todo, como dice el mismo Chesterton, “La ficción nos la hacemos nosotros a nuestra medida”.

 

Imagen portada – Archivo: Obra – Alejandra González Soca – Instalación – Territorio Infiltrado – Museo Juan Manuel Blanes – Marzo 2018 – Foto © Federico Meneses

 

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.