Isabel Allende e Inés del alma mía

Isabel Allende e Inés del alma mía: más allá de la realidad y la ficción

Los personajes femeninos ocupan páginas memorables en la narrativa de Isabel Allende. Desde su clásico La casa de los espíritus a Mujeres del alma mía las mujeres han dominado la escena novelesca, y erguido en sus distintos papeles como personajes notables de una ficción que ha enriquecido el sendero dejado por heroínas de la literatura universal, como Antígona o Nora por ejemplo. Personajes femeninos que son el título de varias de sus obras: Eva Luna, Cuentos de Eva Luna, Hija de la fortuna o Afrodita. O situados en contextos históricos prolijamente investigados por la autora, como Inés del alma mía, de la que hablaremos en esta columna. Una literatura hecha de ficción y realidad, en la que la invención literaria se construye desde su imaginación y la investigación documental: “En estas páginas narro los hechos tal como fueron documentados. Me limité a hilarlos con un ejercicio mínimo de imaginación. Esta es una obra de intuición, pero cualquier similitud con hechos y personajes de la conquista de Chile no es casual” (Isabel Allende, Advertencia necesaria, con que abre el relato de Inés del alma mía, Editorial Sudamericana, 2008).

A Isabel Allende siempre le gustaron las mujeres aguerridas, luchadoras, diferentes. Infractoras del orden establecido por una sociedad protocolada por hombres para el placer de los hombres, como la Inés de su novela. No es de extrañar, por lo mismo, que muchos de sus personajes femeninos sean mujeres como Inés, que debieron imponerse en un mundo de hombres: «Inés fue víctima de la pacatería chilena. La de la época y la de los historiadores, quienes han sido muy mezquinos con ella […]. Ella no era la esposa virtuosa. No representa al ideal de la mujer para los cronistas de aquel tiempo, estamos hablando del siglo diecinueve. Ella no era la señora de Pedro de Valdivia. Era su barragana, la concubina de un hombre casado. Una mujer que desafiaba todas las reglas, muy moderna en ese sentido” (Entrevista a Marcelo Simonetti, 2006, en Memoria Chilena).

Isabel Allende sabe cómo comunicarse con sus personajes femeninos. Insuflarles sus propias vivencias anímicas y de letras. Por eso sus personajes se mueven con tanta facilidad transgresora, con tanto desparpajo a cualquier hora, en cualquier terreno, en cualquier circunstancia, como la Isabel que alborota a la sociedad chilena con sus irreverentes columnas y reportajes para la legendaria revista Paula entre los años 1967 y 1974: “Allende fue responsable de trabajos periodísticos que recogieron dramas nacionales como la mendicidad infantil o que abordaban vivencias femeninas tradicionalmente solapadas por los medios de comunicación” (Sitio Memoria Chilena). Célebre fue su Entrevista a una mujer infiel (1967), con preguntas virulentas que zamarreaban la conciencia social y la moral de la época: “¿Por qué le fue infiel usted a su marido por primera vez? “En esa ocasión dice usted que no hubo compromiso emocional. Usted piensa que, como el hombre, la mujer puede tener una relación sexual sin estar enamorada” o “¿Es frecuente el caso de infidelidad femenina entre la gente de su edad, de su medio?”.

En las primeras páginas de Inés del alma mía, la narradora, Inés Suárez (no Inés de Suárez como nos dice Isabel Allende), nos describe el momento en que pierde su virginidad con la misma limpieza narrativa de una ardiente escena cinematográfica, apta para adultos, como normativamente pide la censura: “Habíamos llevado aceitunas, pan y una botella de vino que le había robado a mi abuelo y que bebimos en sorbos traviesos de la boca del otro. Besos, vino, risa, el calor que se desprendía de la tierra y nosotros enamorados. Me quitó la blusa y la camisa y me lamió los senos; dijo que eran como duraznos, maduros y dulces, aunque a mí me parecían más bien ciruelas duras. Y siguió explorándome con la lengua hasta que creí morir de gusto y amor. Recuerdo que se tendió de espaldas sobre las hojas y me hizo montarlo, desnuda, húmeda de sudor y deseo, porque quiso que yo impusiera el ritmo de nuestra danza. Así de a poco y como jugando, sin susto ni dolor, terminé con mi virginidad”. Inés Suárez narra la pérdida de su virginidad sin rodeos de por medio, en un estilo directo, claro, rotundo, tal como la joven periodista Isabel Allende formulaba sus preguntas que tanto incomodaban a los lectores de la solapada sociedad chilena de los años sesenta: ¿Se siente usted culpable cuando le es infiel a su esposo? ¿Cuáles diría usted que son las causas principales de la infidelidad… de su infidelidad? Fue “tildada de mentirosa e inmoral”.

Realidad y ficción se confunden en ambos personajes, el de letras y el de carne y hueso. Inés Suárez, la mujer postergada por la historia, pero que parte desde Plasencia a América en busca de su marido, revela una mujer atípica para su época, acondicionada por los hombres a las labores domésticas y a los servicios sexuales, como un objeto de consumo de su marido. “Es una mujer absolutamente moderna. Y mira en la época en que vive: la de la Inquisición, la de la España sombría. Pero ella siempre va a contramano. Cuando los maridos partían a Las Indias, las señoras adquirían el título de viuda de Indias y debían vestir de negro y no tener más salidas que a la iglesia y al mercado”. (Isabel Allende, en la citada entrevista a Marcelo Simonetti). Inés, la del “alma mía”, la ficción literaria de Inés Suárez, vive en las páginas de la novela la vida aventurera de amor y de sangre que la historia, con su mirada de hombre conquistador, ignoró de la mujer de carne y hueso que un día partió en busca de su esposo: “Yo no creía, como Juan, en la existencia de una ciudad de oro, de aguas encantadas que otorgaban la eterna juventud […], pero sospechaba que allá había algo más valioso: la libertad. En las Indias cada uno era su propio amo, no había que inclinarse ante nadie, se podían cometer errores y empezar de nuevo, ser otra persona, vivir otra vida. Allá nadie cargaba con el deshonor por mucho tiempo y hasta el más humilde podría encumbrarse” (Inés del alma mía).

Isabel Allende les da vida a ambas Inés, desde su mirada de mujer que desde sus primeros años de periodismo crítico y también atípico para la época, alteró “el orden de las cosas” con sus columnas humorísticas y reportajes incómodos para la pacata sociedad chilena de los años sesenta. Luego como novelista, construyó personajes femeninos que debieron enfrentarse a un mundo inhóspito para ellas, y luchar con dientes y muelas para sobrevivir en él con la decencia que toda mujer sueña. Entonces buscan nuevos horizontes y no se resignan a esperar la muerte tejiendo o bordando, sino que la enfrentan como un soldado en el campo de batalla luchando por la vida: “Ahora, cuando puedo observar mi vida completa desde la vejez, comprendo que la verdadera bendición de la Virgen fue negarme la maternidad y así permitirme un destino excepcional. Con hijos habría estado atada, como siempre lo están las hembras; habría quedado abandonada, por Juan de Málaga, cosiendo y haciendo empanadas; con hijos no habría conquistado este Reino de Chile” (Inés del alma mía).

La literatura de Isabel Allende se construye desde la realidad observada y la investigación histórica, que es otra de las formas de la realidad. Pero no debe confundirse la historia con la literatura. Inés del alma mía es una novela y no un libro de historia, y aunque el personaje literario coquetee con el personaje histórico, uno es ficción y el otro es historia. En una interesante entrevista a Pilar Álvarez-Rubio, (Una conversación con Isabel Allende, University of California, Berkeley), la autora responde así a la crítica formulada a la literatura latinoamericana en cuanto a que no tiene independencia artística, pues su ficción “son alegorías de su situación sociocultural e histórica” y no hay una inquietud por la fantasía, la forma o el arte, como los países del primer mundo: “Yo creo que todos los artistas en América Latina se sienten muy comprometidos con la realidad. […]. Si independencia significa alejarse de la realidad y meterse en una torre de marfil que generalmente está protegida por el gran paraguas de las universidades y las fundaciones, y si eso significa también escribir para los críticos y para que te estudien, no estoy interesada. Prefiero mil veces quedarme con mi literatura «subdesarrollada» que coge al lector por el cuello y lo hace pensar y sentir una realidad que tal vez en ese momento no es la suya, pero podría serlo”. Porque las novelas de Isabel Allende no se han escrito para discípulos de Mijaíl Bajtin, Vladimir Propp, Zvetan Todorov, Nathalie Sarraute, Roland Barthes, Félix Martínez Bonati, Cedomil Goic y tantos otros conspicuos (y no tan conspicuos) estudiosos de ayer y de hoy, enclaustrados en los centros universitarios.

Inés del alma mía, como la llama Pedro de Valdivia, aunque el don Juan de Zorrilla también llama así a su Inés en una carta que le escribe cuando ella se encuentra en el convento: “Doña Inés del alma mía” (Acto tercero, escena tres) tuvo, como suele ocurrir con las novelas de Isabel Allende y con ella misma, detractores confundidos por el éxito mundial de la escritora: “Inés del alma mía”, la más reciente novela de Isabel Allende, narra la existencia de doña Inés Suárez, personaje novelesco como pocos que –al caer en manos de la ramplonería narrativa de Allende- pierde mucho de sus atributos originales” (Juan Manuel Vial, Lascivia imaginaria, Revista Capital N. 188, 2006). Termina su columna de incompresible título, pues alude a la foto de la portada de la novela, Editorial Sudamericana, 2008: Fotografía Desnudo, H. 1890, atribuida a Leopoldo Reutlinger, Uwe Scheid Collection, con estas palabras que más suenan a resentido económico que a crítico literario: “En definitiva, es una novela pareja y bastante plana, ya que la autora, lamentablemente, nunca toma ningún riesgo narrativo. Aunque, claro, no podía ser de otra manera: esta fórmula ramplona le ha reportado excelentes índices de ventas a Isabel Allende, por lo que es indudable que Inés del alma mía no será la excepción a su regla de oro”. Si no tomar “riesgo narrativo” es sinónimo de ramplonería narrativa, entonces gran parte de la literatura universal no es nada más que pura ramplonería para el señor Vial. Además, ¿qué significa exactamente tomar “riesgo narrativo”.

Sin duda los personajes femeninos de Isabel Allende han debido luchar con encono para que su voz sea escuchada, como la propia autora ante la realidad muchas veces agresiva que ha rodeado su literatura. Escuchar a Allende es escuchar a sus propios personajes: “Toda mi vida he estado cuestionando la autoridad, toda forma de autoridad, empezando con la autoridad patriarcal. La autoridad de la Iglesia, la del gobierno, la de las jerarquías, de las clases sociales; todo lo he cuestionado siempre, desde niña. ¡Imagínate cuánta agresión he recibido!, como le confiesa a Pilar Álvarez-Rubio en la citada entrevista. Al igual que Inés: “Sin decírselo a nadie, para no alimentar chismes, me propuse seguir a Juan en su aventura, costara lo que costase, no por amor, que ya no lo sentía, ni por lealtad, que él no la merecía, sino por el señuelo de ser libre. Allá, lejos de quienes me conocían, podría mandarme sola”.

Realidad y ficción. Ficción y realidad. Me parece que esta es una de las claves de la narrativa de Isabel Allende. Sus personajes literarios se confunden con personajes reales, históricos o no, que transitan por ambientes reconocidos por el lector común: “Creo que la mayor parte de mis personajes se parecen mucho a la vida real. Y no invento personajes para que sirvan de modelo a las feministas a ultranza ni a las muchachitas que quieren ser feministas, sino que simplemente cuento cómo es Ia vida. La vida está llena de personas contradictorias. Yo misma lo soy. He sido muy liberal, feminista y atrevida para hacer todas las cosas que a las mujeres de mi generación no les estaba permitido hacer; sin embargo me pinto los labios y ando con taco alto, y de lo que estoy más orgullosa es de Ia maternidad”, en la citada entrevista a Álvarez-Rubio.

Realidad y ficción. Ficción y realidad. En ellas se confunden Isabel Allende y sus personajes, como en Inés del alma mía.

 

 

 

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Alejandro Carreño T.

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.