Tini -la cantante de reguetón argentina- vendió veinte mil entradas en pocas horas en Montevideo. Debido a la gran demanda se puso a la venta el Estadio Centenario casi por completo. Reflexionar sobre este fenómeno tal vez sirva de poco: es lo que eligen los adolescentes y los padres que no dudan en sacar su entrada en seis pagos para poder vivir junto a ellos “la fiesta”. Me siento como aquellos ingenuos anarcos, que pretendiendo acabar con la industria que se avecinaba destruían los telares. No se puede hacer nada contra la brutal maquinaria propagandística y política que está detrás de estos fenómenos culturales.
Ganan por goleada. Desde los mismos centros educativos en Primaria, se abona esta moda en las fiestas de fin de cursos, por ejemplo, con el criterio de abandonar lo educativo en pos de agradar a los alumnos. Resulta incómodo apuntar esto, pero es la cruda realidad. Los padres -cercados por la magnitud del fenómeno- se pliegan dóciles a que sus niñas y niños consuman todo esto como se consume una hamburguesa de McD’s.
Lo que asusta, y mucho, es el silencio de la mayoría de los artistas. Pareciera que estuvieran calculando sus pasos para no quedar como resentidos, fuera del negocio, no parecer de derecha por no aceptar la “voz de los pueblos”, o esperando, secretamente, un “feat” con un artista que le aumente las ganancias.
Desde mi humilde lugar me niego a aceptar esta basura y lo denuncio.
Me parece un fenómeno dañino para los niños y adolescentes. No es inocente. No es luminoso.
Como músico y ser pensante seguiré apoyando a la música local de calidad, yendo a contracorriente. Creo que este “fracaso” es un patrimonio que atesoro.
Muchas y muchos – más de lo que incluso imagino- opinan negativamente de nuestra propia música a la que atribuyen ausencia de “alegría” y “baile”.
Considero que hay música para todo y no todo es alegría y danza. Existe algo interior, profundo, que demanda otros placeres y felicidades. Pero el sistema promueve el aturdimiento y la imposibilidad del ensimismamiento, pero sí, por otro lado, el feroz individualismo. El sistema crea basura, los individuos buscamos belleza. Y esa es la pelea de hoy en día.
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