Reflexiones sobre la situación educativa
10 preguntas claves
En momentos donde resulta vital consultar a aquellos actores que son los que efectivamente sostienen y llevan adelante el sistema educativo, Cooltivarte ha convocado a docentes reconocidos como referentes de nuestro medio para que nos aporten sus reflexiones, ideas y planteos a partir de diez preguntas que abordan los principales puntos del debate educativo.
Buscamos generar un diálogo que enriquezca la calidad del intercambio sobre educación y que, a la par, nos permita trazar y recorrer un camino teniendo en cuenta la voz de quienes a diario construyen ciudadanía y futuro desde el aula.
Invitamos a este ciclo al Profesor Nicolás Mederos Turubich
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta actualmente el sistema educativo uruguayo?
Creo que en líneas generales la educación atraviesa el gigante desafío de intentar “justificar” su razón de ser, en un tiempo en el que tanto los procesos educativos como cualquier proceso que pretenda trascender el inmediatismo es visto y catalogado como “inutil” ante el utilitarismo social naturalizado en nuestros tiempos, de clara hegemonía cultural de corte neoliberal.
Así, la razón fundante del sistema educativo en el afán de “civilizar” y desarrollar un conjunto de valores que se consideren deseables en una sociedad dada se ve difusa ante una filosofía establecida que entiende que “no hay sociedades, sino individuos”. Este punto se traduce en la imposibilidad de concebir un nosotros colectivo. Este criterio se vuelve peligroso cuando a la educación en nuestro país la entendemos desde su óptica histórica, en la que lo público se entendía como el núcleo que amalgama a las distintas clases sociales bajo un mismo proceso educativo, independientemente de sus múltiples variables que se hacen carne en cada individuo particular.
Sin embargo, nuestros días ponen en tela de juicio esta concepción de lo público como espacio de encuentro, que encuentra su máxima expresión en el adentramiento de actores privados sin precedentes en Uruguay a partir de la Ley de Urgente Consideración y su reestructura de nuestro sistema educativo[1].
En su obra “Sobre el sentido de educar” (2021), Pablo Romero identifica lo público a partir del núcleo familiar, las instituciones educativas, los actores políticos, los medios de comunicación y los gestores culturales. Tomando este esquema, podemos señalar que hoy en día estos actores se ven profundamente asediados por una cultura privatizadora, coherente dicho sea de paso con las bases materiales que las sustentan. Quizá podamos encontrar un pequeño nicho de resistencias en varios de los llamados gestores culturales, que en su quehacer cotidiano representan valores alternativos a los de la competencia como filosofía de vida asociada a la idea de “progreso”. Más allá de ello, el común denominador de estos múltiples espacios es la desazón a la hora de concebir un modelo cultural en clave colectiva, en tiempos en los que “todo vale lo mismo” para cada individuo, siendo este un eficiente discurso para ocultar en la ilusión de la diversidad la unicidad del discurso meritócrata[2] que instala esa concepción individualizadora, en la que la figura de la otredad, es decir todo aquello que excede a mi yo, es asociado a una figura que amenaza mi posibilidad de desarrollo, que puede quedarse con lo que potencialmente yo podría acumular y que, bajo ningún concepto, sus intenciones podrían significar en mí un beneficio.
Entonces, bajando a tierra esta respuesta, creo que el principal desafío del sistema educativo uruguayo es lograr concebir una discusión que repiense su para qué a la hora de desarrollar un marco de valores en nuestra sociedad, en tiempos donde el pensamiento en clave colectiva es denostado y paradójicamente lo público encuentra un harakiri, reproduciendo desde la propia institucionalidad un discurso y una valoración que exalta lo privado en desmedro de sí mismo.
¿Qué papel juegan los docentes en relación a los procesos del cambio educativo?
Bueno, esta pregunta conlleva la necesidad de diferenciar entre “lo que es” y lo que “nos gustaría que fuera”. En ese sentido, creo que los procesos del cambio educativo implican de por sí a los actores de “línea de fuego directa” que, proceso tras proceso, le ponen el cuerpo al modelo dado. Con esto quiero decir que tanto en la instalación del proceso de cambio como en su eventual traba, los docentes tenemos en nuestras manos la llave que abre o cierra las posibilidades de desarrollar o trancar un proceso dado.
Creo que a la hora de responder esta pregunta hay dos elementos que deben ser puestos arriba de la mesa para el análisis:
Por un lado, los distintos gobiernos no han logrado generar un marco de diálogo real para con los docentes a la hora de cranear procesos de cambio educativo. “Participación”, “autonomía”, “cogobierno” han sido banderas históricas del campo popular uruguayo y el sistema político ha intentado cooptar estos elementos en forma discursiva, más no ha tenido éxito a la hora de plasmarlo en lo performativo o propuestas concretas que hagan del discurso una posible acción.
Por otro lado, creo que no hemos logrado, desde los espacios docentes, trascender los intereses propios que logren romper con las barreras de la situación laboral. En ese sentido, creo que tenemos un debe gigante a la hora de lograr plasmar una propuesta educativa que sea alternativa a los embates privatizadores, que hasta el momento han sido los únicos modelos puestos sobre la mesa a la hora de plantear alternativas al modelo existente, del cual pocas dudas quedan sobre su necesidad de cambio.
En síntesis, creo que este punto “toca la llaga” de los intentos de cambiar el modelo educativo en nuestro país, siendo un debe de los gobiernos a la hora de concebir al educador como un agente cultural de peso y generando una constante falta de respeto a la integración real de los actores educativos en los procesos de cambio, así como también los docentes nos encontramos en falta a la hora de desarrollar una propuesta de política educativa cultural alternativa por la cual empujar.
¿Deben los docentes tener representación (generalmente asociada a los sindicatos) en el gobierno de la educación?
Si. Creo que la representación docente, así como la representación o la posibilidad de ejercer voz en los múltiples espacios de gobierno, nutren y posibilitan (en la medida que el diálogo sea fructífero) una más y mejor democracia a través del encuentro de las diferencias en pos de una solución colectiva a los problemas definidos.
En ese sentido, las voces aportan. Ahora bien, cuando nos planteamos esta pregunta creo que son dos cuestiones las que hay que tener bien presentes:
Por un lado, la tradición histórica en nuestro país que encuentra un movimiento sindical consolidado y que representa a los trabajadores, con sus luces y sombras, pero representa al fin. Eso podría ser un factor importante a la hora de concebir una mesa de gobierno en la que la voz de los trabajadores sea no solo escuchada, sino también incorporada. Por otro lado, esto implicaría dos nuevos escenarios; y es que la consolidación de dicho espacio iría de la mano con la responsabilidad de ser un actor directo en las propuestas de gobierno, mientras que esa misma responsabilidad también implicaría el ser parte. Es decir, a la tradición sindical de resistir embates de recortes en los derechos, se pasaría a un rol “ejecutivo”, en el que ya no se es ajeno al rol de gubernamentalidad.
Por último, creo que otro actor que también podría significar un aporte sustancial es el movimiento cooperativo, el cuál ha tenido un interesante desempeño en el desarrollo de políticas culturales en nuestro país. Independientemente del reconocimiento o la ausencia del mismo, creo que una educación que apunte a la emancipación de los sujetos necesita la contrariedad de perspectivas. Teniendo ya la hegemonía neoliberal instalada, tanto el campo de disputa de intereses desde lo sindical como las perspectivas cooperativistas pueden significar un interesante contralor inicial, que puede derivar en el desarrollo de una batería de propuestas que profundicen desde el modelo educativo uruguayo una más y mejor democracia desde la integralidad de la educación entendida en su dimensión de cultura política.
Tras los planteos de los últimos años respecto de la creación de la Universidad de la Educación y el desarrollo actual del Seminario Nuevos Rumbos que lleva adelante el MEC, ¿cuál es su mirada sobre los procesos de intentar dotar de carácter universitario a las carreras de formación docente?
A partir de mi participación en el Centro de Estudiantes del Instituto de Profesores Artigas en los años en que esta discusión se desarrolló con gran fervor en el movimiento estudiantil, tuve la oportunidad de vivenciar este proceso en distintos ámbitos de diálogo entre lo gremial, el gobierno de turno y múltiples actores sociales.
Allí pude observar que la discusión sobre la Universidad de la Educación implica un compromiso clave a la hora de abordarlo; no olvidar las contradicciones y los problemas sociales que se ven reflejados en el seno de nuestra sociedad. Así, es fundamental comprender que tanto la acción como la inacción de los distintos actores sociales que encarnan nuestra educación (sindicatos, gremios, partidos políticos, organismos internacionales, el propio Estado, etc) sustentan los procesos de estructuración.
Sin embargo, la autonomía y el cogobierno como medio para el empoderamiento del conocimiento y la emancipación de la dependencia política, siguen siendo hoy faro de lucha para gran parte de la formación terciaria del Uruguay, al menos para los estudiantes de formación en educación que elaboraron su propia propuesta.
Así, es necesario entender al último proyecto de UNED como una modificación de aquel presentado en el año 2017, significando un retroceso con respecto a propuestas anteriores ya que ni siquiera llegaban a expresarse los principios latinoamericanistas de Autonomía y Cogobierno propios de la universidad y que históricamente se han reivindicado por parte de los movimientos estudiantiles y docentes. Por otro lado, también se omitía en el articulado -que era lo que en última instancia sería votado- la gratuidad en todos sus niveles, la libertad de opinión y cátedra, así como también la autonomía y el cogobierno.
En ese sentido, la autonomía debía ser expresada tal cual la ley orgánica, en el entendido de desenvolvimiento político con la más amplia libertad. Por su parte, el cogobierno planteado distó mucho de ser un cogobierno real. Así, se planteaba una estructura de cogobierno cupular en dónde no existía correlato entre centro de estudio y delegados nacionales, evitando un contacto efectivamente representativo de los delegados nacionales, que se eligen supra-estructuralmente.
Por otro lado, la propuesta de UNED establecía una disparidad de órdenes en el nivel de gobierno más inmediato, es decir en su vida cotidiana, desfasando el diálogo entre estudiantes y docentes y dándole además voto doble al director regional en caso de empate. Esto, sin mencionar la exclusión del orden de funcionarios, actores de la educación en tanto trabajadores de los institutos de formación docente. Por eso, desde los gremios de la educación se hablaba de un cogobierno sin garantías reales; por si fuera poco, la dicha propuesta señalaba también la existencia de un consejo transitorio no autónomo, que funcionaría durante los años iniciales de la Universidad.
Podría escribirse mucho más al respecto, vinculado al por qué de la conformación de “cinco centros regionales”, sin delimitación ni fundamentación de por qué cinco y no más, o menos, pero lo cierto es que ya bastante extenso ha resultado esta respuesta.
Sin embargo, quiero resaltar que ya desde aquel entonces el margen que se abría a la privatización de la formación en educación y la injerencia de organismo externos e internacionales para evaluar el desarrollo y resultados de la Universidad, era por demás preocupante. En ese sentido, la posibilidad de que las universidades privadas pasen a tener títulos habilitantes está en consonancia con las políticas de los distintos gobiernos, que a lo largo de los años han beneficiado a las instituciones privadas con todo tipo de exoneraciones fiscales, mientras se brinda escaso presupuesto a la educación pública.
Por último, pero no menor, creo que debe tenerse en cuenta que a la hora de proponer la UNED, tampoco se ha logrado aclarar la posible precarización laboral que vendría de los contratos, topeados en cinco años en la propuesta. El presupuesto es un aspecto fundamental para la formación en educación, independientemente de la forma que tome, ya que es necesario generar las condiciones edilicias, laborales, becas, jardines y demás.
Finalizando, creo que este debate contradice esa idea de que en Uruguay “no se discute de educación”. Creo que debe ser bienvenida la forma de entender a la política y la educación desde el sano vínculo de la discusión, en pos de encontrar soluciones a los problemas que laten directamente en el seno de nuestra sociedad. Como expresó Oscar Wilde en su breve e intensa obra “El alma del hombre bajo el Socialismo”: “Lo único que uno realmente sabe acerca de la naturaleza humana es que ésta cambia. El cambio es la única cualidad que podemos afirmar en ella. Los sistemas que fallan son aquellos que se basan en la inmutabilidad de la naturaleza humana en lugar de hacerlo en su crecimiento y desarrollo.”
Llegará el tiempo en que nos tocará cambiar. Entretanto, generemos las condiciones para que estos cambios nos lleven a las mejores condiciones posibles ya que hablamos, ni más ni menos, de los pilares de nuestra Educación.
¿Debemos apuntar a modelos híbridos en educación primaria y secundaria, combinando presencialidad y virtualidad?
No. Creo que sin lugar a dudas la virtualidad ofrece para la educación universitaria una manera de allanar caminos al romper la distancia física en una formación terciaria y que sin lugar a dudas necesita de la autonomía como metodología de trabajo constante.
Sin embargo, al hablar de Educación Primaria y Educación Secundaria creo que los procesos educativos demandan de la presencialidad, del encuentro con el otro y de la posibilidad de interactuar físicamente como forma de establecer vínculos sociales en una edad clave para la conformación de la identidad del niñe o el joven. Quizás, venga a lugar la incorporación de la virtualidad en las tareas domiciliarias o distintos ejercicios que hagan del desarrollo del curso un conjunto de herramientas híbridas. Sin embargo, el curso en sí mismo no puede renunciar al modelo presencial como punto de partida para pensar los procesos educativos.
¿Qué posición tiene respecto del debate sobre la laicidad que ha vuelto a resurgir en nuestro medio educativo?
Creo que de un tiempo a esta parte, el debate sobre la laicidad ha tenido un deterioro sustancial, en este sentido: no estamos logrando interpretar, como sociedad, que la laicidad como concepto es apertura a las divergencias y no el silencio forzado de la monotonía.
Así, mi punto al respecto es que la situación de este debate es reflejo de una causa ulterior y es la incapacidad actual de abordar debates ideológicos, lo que demandaría un artículo en sí mismo.
Pero centrándonos en la consigna planteada, creo que el aporte de Reina Reyes mantiene una vigencia absoluta, cuando señala que “la laicidad es un elemento esencial de las democracias instituidas y resulta fácil establecer la similitud entre el contenido de las palabras laicidad y democracia cuando ésta se entiende como forma de vida”.
En ese sentido, Reyes (1972) ejemplifica el concepto de laicidad desde la propia educación, señalando: “Cuando los alumnos requieren conocer el criterio del profesor, éste, si acepta la laicidad, no tiene ningún inconveniente en contestar, respetando todas las posiciones, porque es contraproducente negarse a tener y a dar una opinión en un conflicto en el que estamos todos comprometidos”. En ese sentido, la maestra, pedagoga, legisladora y periodista uruguaya da cuenta de un problema que, en nuestros días, nos asedia: desde la propia institucionalidad legislativa se está estigmatizando y amedrentando el llamado “compromiso social”, haciendo confusión de “laicidad” con “a-político” / ”neutro” o “sin contenido cargado”, al fin y al cabo. El problema con esta última interpretación es que miente u oculta el hecho de que no existe posibilidad de que una postura en el momento que se hace carne, que pone el cuerpo y acción, ya tiene una postura política definida y ejecutada. Así, silenciar las voces del debate es sinónimo de verticalismo antidemocrático, que busca mantener un discurso de orden, que en los hechos conserva el estado de cosas existente, status quo o valores culturales imperantes.
Saliendo entonces de las definiciones que justamente erran al propio significado de la palabra, sobre la laicidad Reina Reyes (1964) expresa:
“En un alto nivel de abstracción la laicidad supone un ideal de convivencia basado en el respeto a la persona e implica una actitud opuesta a toda presión coercitiva para el pensamiento y para los sentimientos individuales en los dominios de la religión, de la política o de la filosofía. La laicidad es un elemento esencial de las democracias instituidas y resulta fácil establecer la similitud entre el contenido de las palabras “laicidad” y “democracia” cuando ésta se entiende como forma de vida”.
Por último, si bien me “voy por las ramas” un poco, dejo este último fragmento de Reina Reyes (1964) con el desafío de pensar cómo catalogamos en nuestros días, con el presente marcado por un gran bombardeo publicitario y una cultura que gira en torno a la virtualidad constante, que junto al cambio tecnológico como constante del S XXI constituyen un gigante desafío para pensar los rumbos venideros:
“El hecho de que el desarrollo emocional anteceda al desarrollo intelectual y la comprobación de que los sentimientos ejercen continuas y poderosas influencias sobre la razón, explican los peligros que para la libertad-autonomía tiene una educación que, por afectividad, imponga al niño determinados valores y actitudes que difícilmente pueden ser objeto de posterior juicio crítico. La inteligencia no puede operar libremente cuando la interfieren con demasiada frecuencia y violencia, emociones o sensaciones cargadas de emoción”.
¿Qué relevancia tiene el presupuesto para la educación en relación a la mejora de la calidad educativa?
Creo que en sí mismo, el número no constituye una calidad en su gasto. Ahora bien, la pregunta pone énfasis en el concepto de “calidad educativa”. Inexorablemente, eso nos lleva a preguntarnos qué ponderamos como sociedad a la hora de exigirle a un modelo educativo. La pregunta filosófica de Reina Reyes, ¿para qué futuro educamos?, nos interpela en qué es lo que exigimos como sociedad al modelo educativo para a su vez exigirnos a nosotros mismos.
Sin embargo, ¿qué pretendemos como sociedad uruguaya? ¿Qué fin tiene la educación para nuestros proyectos como país? ¿Qué tipo de ciudadanía pretendemos construir para poder bajar a tierra desde la educación sus cimientos?
Creo que son debates que en el Uruguay actual brillan por su ausencia.
Tan interesante como necesarias se hacen las voces disociativas, que frente a lo existente plantean alternativas que, como la metáfora del horizonte en Galeano como sinónimo de utopía, esta “sirve para caminar”.
En síntesis; tiene cierta relevancia, pero nos debemos la profunda discusión de fondo de qué modelo educativo queremos / necesitamos y estamos dispuestos a desarrollar.
¿Es posible alcanzar y gestionar políticas educativas de largo alcance o la lógica del sistema político partidario nos lleva inevitablemente a permanentes procesos refundacionales?
Hoy en día creo que es imposible. El inmediatismo dinamita cualquier posibilidad de discutir procesos que demanden la madurez política suficiente como para generar consensos de Estado.
Sin embargo, nuevamente insisto en la necesidad de voces alternativas, principalmente aquellas comprometidas con una educación popular. Creo que de dichos espacios deberá surgir el encuentro que de pequeños consensos vayan articulando una batería de propuestas que signifiquen un empuje hacia un modelo educativo genuinamente democrático en sus intereses, integral en sus dimensiones abordadas, con buen anclaje territorial para su implementación y desarrollado desde la autonomía de sus principales actores, en un marco de radical laicidad y no el marco pseudo-apolítico de la actualidad.
Se está discutiendo la reforma de la malla curricular para diversos niveles del sistema educativo. Al respecto, ¿qué es lo que entiende que debería enfocarse como prioritario?
Creo que actualmente la educación socio-emocional, así como también la incursión de espacios artísticos han de estar más involucrados en el sistema educativo. En ese sentido, creo que brilla por su ausencia el encuentro entre los sistemas de educación secundaria y primaria, para poder ofrecer un campo de integralidad a la universidad de la república, siendo que la educación terciaria no universitaria ya encuentra allí sus prácticas, cuanto menos.
Cosas a corregir o mejorar de lo existente, habrían millones de ítems. Sin embargo, sobre lo anteriormente señalado creo que significa en estos momentos una necesidad para poder desarrollar una cultura más empática, que no haga oídos sordos a las necesidades socio-emocionales.
¿Qué es lo que define esencialmente la tarea docente?
Creo que lo que define esencialmente la tarea docente es ser el puente articulador de les estudiantes y sus procesos de conocimiento, con todas las múltiples dimensiones, enfoques y procesos etarios que eso implica y que significan un sin fin de variables como para individualizarlo. Sin embargo, es un rol de referencia que, más allá de la forma en que logre ser ejercida, pone el cuerpo a “materias”, áreas de conocimiento e instituciones educativas, siendo responsables entonces no sólo de un grupo humano en proceso de aprendizaje, sino también de la grupalidad que allí se genere en su transcurso propio, significando en ello un agente articulador de valores culturales y sociales de gran peso para la construcción de actores sociales, ciudadanos o, en última y primera instancia, personas que definirán en sus propias acciones su definición de “humanidad” compartida.
[1] https://posdata.ar/hacia-donde-va-la-educacion-uruguaya/
[2] Imaginate vivir en una Meritocracia / Chevrolet












































