
Luis Alberto Etchepare y 90 años de la Guerra civil española
Este año se cumplen 90 años del inicio de la Guerra civil española y, entre la multiplicidad de facetas que tuvo, una de las más destacadas fue la ebullición de trabajos intelectuales y artísticos comprometidos con el conflicto. Entre los intelectuales, los hubo españoles, pero también procedentes de diversas partes del mundo. Así fue como, a los 23 años de edad, un ciudadano uruguayo se enlistó en las filas de los “hombres libres” al servicio del bando republicano para desempeñarse como el único cronista de guerra de nuestro país. Su nombre fue Luis Alberto Etchepare.

El desembarco antifascista
La Guerra civil española implicó un levantamiento popular frente a la sublevación fascista, con protagonistas provenientes de diversos sectores sociales: prostitutas, clérigos, metalúrgicos, agricultores, etc. Héroes que compartieron, entre otros rasgos, el haber sido retratados en los trabajos vivenciales de destacados intelectuales.
Es así que esta Guerra contó con la presencia de una numerosa gama de intelectuales provenientes de diversas partes del mundo, quienes produjeron una gran cantidad de obras literarias sobre el conflicto bélico. Hubo periodistas, novelistas, poetas y escritores de distintas ramas. Sin embargo, según Emir Rodríguez Monegal, solo un puñado de libros y trabajos intelectuales reflejaron fielmente la realidad social que se cernía sobre España.
Muchos intelectuales redactaron crónicas, contaron anécdotas, ficcionalizaron historias e incluso dispararon versos como si fueran balas o zarpazos de hoz en un arrebato revolucionario. Más allá de esta metáfora, se trata de autores que no solo utilizaron la escritura como herramienta de combate, sino que también estuvieron dispuestos a empuñar un arma para enfrentar la opresión impuesta por la tiranía.
Dentro de este grupo no se puede dejar de mencionar a Ernest Hemingway, Federico García Lorca y Miguel Hernández. Estos, no solo describieron el conflicto, sino que lo padecieron en carne propia. En sus obras se percibe una sólida concepción del mundo y una firmeza ideológica, poniendo su escritura al servicio de quienes luchaban por la tierra, la libertad y la esperanza.
Entre las obras a las que hace referencia Rodríguez Monegal se encuentran las crónicas del uruguayo Luis Alberto Etchepare (Don Quijote fusilado, 1940), en las que no faltan héroes comparables a los de la poesía de Miguel Hernández. Etchepare no solo actuó como biógrafo de estos personajes, sino que también es considerado por muchos como uno de ellos: a los 23 años se enlistó en las filas republicanas y trabajó como cronista de guerra para el diario El País.
“(…) Era un antifascista ferviente, un demócrata, pero más que demócrata era antifascista”, recuerda su amigo, el periodista Nelson Domínguez, en alusión a la firme ideología y conciencia social de Etchepare.
El joven cronista retrató la guerra con una profundidad similar a la de Miguel Hernández: ofreció una visión intensa de la sociedad, de la libertad del cuerpo y del alma, y visibilizó a los héroes anónimos. Historias como las del aviador uruguayo Luis Tomás Tuya, el padre Martín, Dolores Ibárruri o Lina Odena son narradas mediante crónicas de fuerte carga lírica.
A lo largo de Don Quijote fusilado, Etchepare despliega un estilo que dialoga con la escritura poética, borrando los límites entre literatura y periodismo. En esta obra se evidencia un marcado romanticismo, una convicción profunda en los ideales y en la necesidad de defenderlos, incluso a costa de la vida. Para ello, utiliza un lenguaje cargado de imágenes y figuras retóricas, que a la vez difunde, ironiza y resignifica los testimonios de sus protagonistas.
Cabe señalar que en Uruguay esa frontera entre periodismo y literatura nunca fue un obstáculo para la creación de grandes exponentes capaces de integrar ambas disciplinas, claros ejemplos son los de Carlos Roxlo y José Enrique Rodó.
“Un fuera de serie”
Dentro de los grandes cronistas y escritores de América Latina encontramos figuras como Gabriel García Márquez, Tomás Eloy Martínez, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Rodolfo Walsh y Rubén Darío, todos representantes de distintos momentos históricos. En ese mismo universo se inscribe la figura de Luis Alberto Etchepare, un montevideano nacido en 1911 que inició su carrera en 1931 en el diario El Sol.
A partir de allí desarrolló una vasta trayectoria periodística en diversos medios: La República y La Calle (1933), El Uruguay (1936–1937), El País (1937–1939), La Razón (1941–1943). Fundó la revista Peloduro en 1945 y trabajó en Mundo Uruguayo (1940–1947), Marcha (1947–1957) y Tribuna Popular (1947–1959), entre otros. También participó en la publicación humorística El Tero Imprudente y fue cronista parlamentario para Acción en 1959, año en que viajó a la Unión Soviética y China Popular invitado por instituciones culturales. También trabajó en Radio El Espectador, donde condujo el programa antifalangista “Momento Español”, y escribió sobre espectáculos en cine, radio y televisión.
Además de Don Quijote fusilado, publicó La Revolución cubana (1961), Un otoño sin Mónica (1964) y Podeme Madelón (1965).
Aunque no era ampliamente conocido, Etchepare se destacó como un humorista fino, con sólida formación intelectual y sensibilidad social. Sus escritos revelaban una clara inclinación hacia la izquierda, pese a no militar en partidos políticos. “Yo lo rescataría, sobre todo, como un gran cronista parlamentario. Un maestro de ese género, que en aquel momento era un verdadero arte”, afirma Nelson Domínguez.
En el prólogo de Don Quijote fusilado, Emilio Frugoni lo define como “un narrador vivaz, plástico y emotivo, capaz de transmitir sus sensaciones con precisión certera”. Destaca también su espíritu joven, que lo llevó a trasladarse al escenario de la guerra para narrarla desde la experiencia directa.
Domínguez resume así su legado: “Etchepare escribía muy bien. Era de aquellos periodistas de viejo cuño que ya no existen. Se fue un estilo… una época. Siempre dijo que quería escribir una gran novela sobre la noche de Montevideo. De haberlo hecho, habría sido un fuera de serie”.
Don Quijote fusilado
En sus crónicas de la Guerra civil española, Etchepare utiliza además el reportaje, el perfil y el relato periodístico con gran refinamiento, construyendo un clima que sumerge al lector en la experiencia narrada. Para plasmar la realidad social, recurre a un lenguaje que combina lo connotativo —cargado de subjetividad y recursos literarios— con lo denotativo, más directo y descriptivo. Esta combinación dota a la obra de un equilibrio eficaz entre literatura y periodismo.
También destacan en el texto las vetas románticas que atraviesan su discurso, con una defensa apasionada de la libertad y un rechazo al materialismo burgués. Se percibe la influencia de corrientes que exaltan lo instintivo, lo sentimental y lo revolucionario.
En este mundo de ciudades devastadas, Etchepare recoge testimonios como los de Guido Armandi, un genovés desertor por convicciones antifascistas; Dolores Ibárruri, “La Pasionaria”, cuya voz resuena con fuerza en la propaganda bélica; Lina Odena, obrera sometida a largas jornadas extenuantes; o el padre Martín, símbolo de una fe que también empuña las armas. Asimismo, narra la historia de una mujer anónima caída en el frente —quizás Lola, Trini, Maruja, Consuelo o Antonia—, a quien retrata como heroína y víctima, dotándola de una dignidad que trasciende su condición.
Don Quijote fusilado es una obra emblemática tanto para la Guerra civil española como de la historia del periodismo y la literatura latinoamericana. Con una poderosa carga lírica, Etchepare logra transmitir el sentir de un pueblo en guerra, elevando la libertad a un rasgo esencial de identidad. En sus páginas conviven ironía, metáforas, hipérboles y múltiples recursos estéticos que construyen un mensaje profundamente humano y cargado de belleza.
Enlace para leer el libro: https://literaturasdelaguerracivilespaola.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/06/don-quijote-fusilado-etchepare.pdf

















































