En momentos donde resulta vital consultar a aquellos actores que son los que efectivamente sostienen y llevan adelante el sistema educativo, Cooltivarte ha convocado a docentes reconocidos como referentes de nuestro medio para que nos aporten sus reflexiones, ideas y planteos a partir de diez preguntas que abordan los principales puntos del debate educativo.
Buscamos generar un diálogo que enriquezca la calidad del intercambio sobre educación y que, a la par, nos permita trazar y recorrer un camino teniendo en cuenta la voz de quienes a diario construyen ciudadanía y futuro desde el aula.
Invitamos a este ciclo a la profesora Celsa Puente
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta actualmente el sistema educativo uruguayo?
Creo que hoy el principal desafío es evitar que todo el trabajo de universalización de la educación media que se realizó en el período anterior no se pierda porque la pandemia ha profundizado las desigualdades ya existentes pero fragilizando aún más la vida de muchas familias y ha provocado el abandono de muchos estudiantes. Atado a esto es indudable que es necesario construir estrategias de apoyo, pues tampoco es un tema que pueda resolverse bajando los niveles de exigencia para la aprobación de los cursos, como se ha hecho durante estos dos años. Eso genera un engaño que lo vamos a pagar como país en el futuro.
En un plano más profundo, creo que cualquier cambio que se planifique, -me refiero a reformas del sistema-, debe contar primero con la revisión y reformulación de la formación docente que prepare al colectivo de educadores para construir e implementar el cambio real en el territorio. En realidad, hay muchas cosas que ya se saben: forjar centros educativos hospitalarios que acojan a nuestros estudiantes y les den algo más que el currículum; la apertura de espacios complementarios a los curriculares, como por ejemplo, lo talleres con diversidad de propuestas; la interdisciplinariedad (hay que salir en forma urgente del formato rígido de las disciplinas); la participación de los y las estudiantes y sus familias como actividad forjadora del compromiso; la recreación y el juego como actividades de trabajo intra e intergeneracional, la implementación de metodologías didácticas que promuevan la investigación y el desarrollo crítico; un equipo directivo comprometido con los desafíos de su institución luego de haber construido esos desafíos junto a docentes y funcionarios con el horizonte puesto en la educación de todos los estudiantes más allá de sus características; el cambio en los sistemas de evaluación y acreditación; el diálogo entre todos los integrantes de la comunidad educativa como una herramienta natural para habitar la institución y la disminución de la burocratización y el control infértil; entre otros aspectos que ya conocemos. Es importante señalar que vivimos en un país donde todo está diagnosticado. Ya sabemos lo que resulta y lo que no y sabemos que no hay recetas mágicas sino la necesidad de un trabajo que habilite a las comunidades a construir sus objetivos y a tener su propia voz . Y el presupuesto para hacerlo, naturalmente.
¿Qué papel juegan los docentes en relación a los procesos del cambio educativo?
Los docentes juegan un papel esencial. Los cambios no se producen por decreto, se construyen convocando, llamando al compromiso, persuadiendo acerca del sentido del cambio y dando voz para que sea una construcción genuinamente colectiva y no una participación simulada. No sirven los cambios verticales porque son solo aparentes y de eso ya sabe mucho el Uruguay. En otros tiempos no tan lejanos, -como durante la reforma del período del Prof. Germán Rama-, se procedió de un modo vertical y se resquebrajó el colectivo docente dejando heridas entre quienes acataron y quienes reclamaron tener participación, ese tiempo dejó en primera instancia, heridas y luego, cicatrices que nunca cesaron de doler. Las buenas cosas que esa reforma planteaba se perdieron porque se erró en la modalidad de ponerla en práctica. Los cambios en educación no pueden concebirse como órdenes del jerarca porque para que se produzca el cambio debe haber un trabajo cotidiano en el sentido esperado y esa tarea es específica de los y las docentes y de todos los actores institucionales. Si no se cambia la vida cotidiana, de nada valdrán pomposos enunciados.
¿Deben los docentes tener representación (generalmente asociada a los sindicatos) en el gobierno de la educación?
Este es uno de los problemas que presenta la LUC: la eliminación de la participación de los docentes al disolver los consejos de educación y por otro lado la disminución subrepticia del valor de los consejeros electos en el Codicen, en tanto se cambió la cantidad de votos necesarios para lograr las resoluciones. A partir de la LUC los consejeros docentes que llegan al Codicen son prescindibles para los tres consejeros elegidos por el Poder Ejecutivo, en tanto las resoluciones se obtienen por mayoría simple, solo con tres votos. Esto me parece grave.
Los órganos colegiados son complejos, pero creo que justamente el espíritu del legislador al crearlos era el de abrir la discusión ante la disparidad de voces antes de llegar a una resolución. El argumento de que se disolvieron los consejos de educación para darle mayor agilidad a la resoluciones ya no es válido en tanto la práctica de este último año nos ha mostrado que no hubo mejora ni agilidad en la implementación de las decisiones. Ha dejado a los docentes sin interlocución con las autoridades y eso se advierte claramente.
Tras los planteos de los últimos años respecto de la creación de la Universidad de la Educación y el desarrollo actual del Seminario Nuevos Rumbos que lleva adelante el MEC, ¿cuál es su mirada sobre los procesos de intentar dotar de carácter universitario a las carreras de formación docente?
En principio, reivindico el objetivo: es necesario que la formación docente tenga carácter universitario. Pero tampoco es una mera operación nominativa. Hubo un proyecto fuerte, con etapas bien definidas que llevó adelante el Consejo de Formación en Educación del período anterior que se está desconociendo actualmente y que fue obturado por el sistema político de su tiempo. Me preocupa que en la lógica que impera en la LUC, se pongan en juego mecanismos propios del mercado en el que se harán competir las carreras, las instituciones.
Parece muy descabellado. La formación docente exige una revisión seria pues de ella depende la mejora de la vida educativa del país, esto está muy estudiado. El INEEd (Instituto Nacional de Evaluación Educativa) ha investigado y confirmado que el sistema educativo no logra captar a los mejores estudiantes para la realización de las carreras docentes. Las personas con mejor desempeño educativo suelen preferir otras profesiones lo que tiene que ver con una multicausalidad que se relaciona con los bajos salarios, las pésimas condiciones de desarrollo profesional a lo largo de la carrera y los sacrificios que reporta ser maestro/a y profesor/a. Sin embargo, no es lo único, también se considera que la formación de grado tal como está planteada en Uruguay, incide. El Informe del INEEd pone en tela de juicio la condición de un sistema que parece no tener capacidad para convocar a personas capaces y motivadas para la tarea, formarlas y estimular el mejoramiento de sus habilidades como educadores a lo largo de su carrera. Por eso insisto en lo importante que es rediseñar la carrera docente y buscar el acuerdo político para que sea una meta del país mejorar la educación, de modo que el Estado en su conjunto aporte a esa causa. Mejorar la vida de los educadores, generar una carrera con estímulos, lograr que lleguen los mejores y que lo hagan por vocación, es el gran desafío de este país. El secreto de muchos países afamados en temas de educación es tener docentes con títulos de grado y maestrías, condiciones de trabajo muy buenas y estímulos para seguir formándose.
Como telón de fondo de todo esto, está la definición del concepto de educación. Para mi indudablemente es un proceso humanizante que no admite su reducción al aprendizaje operativo o meramente instrumental.
¿Debemos apuntar a modelos híbridos en educación primaria y secundaria, combinando presencialidad y virtualidad?
Creo que si, aunque pienso en tanto primaria como secundaria necesitan de la presencialidad pues hay una parte de la formación que se juega allí. Es insustituible el contacto real con otros adultos diferentes a los de la familia o el entorno de niños, niñas y adolescentes. También es fundamental el contacto entre pares, ese trabajo fino que se produce en forma espontánea y horizontal y que es muy formativo. Sin embargo, y de acuerdo a las señales que recibimos de los tiempos que corren, creo que es necesario diseñar espacios alternativos. Me refiero a una virtualidad que esté disponible para deslizarse sobre ella cuando la presencialidad sea imposible. Incluso pienso en la necesidad de gestar espacios de encuentro virtual para niñas, niños y adolescentes que a veces deben transitar períodos difíciles por multiplicidad de causas y no pueden concurrir a los centros educativos. La virtualidad bien diseñada, debe estar allí, para ofrecerse como alternativa real y dar respuesta rápida, por eso me gusta la imagen de deslizarse desde la presencialidad hacia la virtualidad y viceversa.
¿Qué posición tiene respecto del debate sobre la laicidad que ha vuelto a resurgir en nuestro medio educativo?
Creo que es un debate equivocado que responde a intereses políticos de una porción muy conservadora de nuestra clase política y de nuestra sociedad, porque por supuesto tiene adhesiones. Hay una obsesión por generar un discurso que culpabiliza a los docentes como adoctrinadores. NO hay nada más alejado de eso que la realidad. Lo digo con propiedad pues estuve durante casi cuarenta años dentro del sistema educativo y ocupé casi todos los cargos. Los docentes somos muy cuidadosos y siempre estamos inventando mecanismos con creatividad para poner en juego todas las posiciones sobre los temas. Pero también somos forjadores del pensamiento crítico y cuando los estudiantes llegan a Bachillerato, suelen organizarse y discutir, -por suerte- y expresarse, pues vivimos en un país democrático. Insisto en que está faltando el intercambio necesario entre los actores: autoridades, docentes, estudiantes, familias. Creo que todo lo relacionado con la laicidad está generando heridas que no cerrarán y que es un gran error del gobierno. Hay parlamentarios cuya única preocupación parece ser la persecución minuciosa a los docentes, como si en este país no hubiera otras demandas más urgentes. Pero además y en relación con las preguntas anteriores surge la necesidad de problematizar acerca de con quién piensan hacer el cambio si están atacando a los docentes cada día en todo momento, si el miedo a importunar a la autoridad es lo que rige y con miedo no hay educación posible, porque educar es dar la bienvenida al mundo, es hospedar, recibir para habilitar el crecimiento, el propio desarrollo, el camino individual y colectivo. Con miedo solo se pueden recitar unos conceptos pero no educar.
¿Qué relevancia tiene el presupuesto para la educación en relación a la mejora de la calidad educativa?
Tiene una relevancia absoluta porque sin presupuesto no se pueden implementar cambios ni sostener el funcionamiento de tantos centros educativos. La ANEP es probablemente el organismo público más grande, con mayor expresión territorial. Tiene muchos gastos de funcionamiento. En el tiempo en que dirigí y presidí el extinto Consejo de Secundaria (enero, 2014- abril,2018) alrededor del 94 por ciento del presupuesto asignado se destinaba a gastos de funcionamiento y salarios ( y encima ni siquiera son excelentes salarios) por lo tanto el margen para la apertura de nuevas propuestas o la contratación de equipos de trabajo para pensar e implementar soluciones en los territorios es realmente muy bajo. La buena educación exige presupuesto. Más arriba dije que ya sabemos lo que tenemos que hacer para mejorar nuestra educación y eso requiere plata invertida. Es una inversión con la mejor tasa de retorno y debe estar ensamblada con otras políticas sociales para mejorar la vida de nuestros estudiantes y sus familias. Si nosotros lográramos que nuestros niños, niñas y adolescentes tuvieran la dignidad asegurada con una buena alimentación desde el momento de la gestación, el cuidado de la salud y la educación, aseguraríamos el desarrollo. Uruguay tiene ejemplos previos excelentes como por ejemplo “Uruguay crece contigo” o el propio FONASA. Creo que se puede pero requiere de voluntad política. Pienso si en el futuro no debería existir un objetivo común para el gobierno, “propiciar el real desarrollo educativo de los ciudadanos en su totalidad” y que ese objetivo sea esencial para todos los y las Ministros/as, que cada cartera tuviera como primer objetivo fortalecer la educación desde todo punto de vista.
¿Es posible alcanzar y gestionar políticas educativas de largo alcance o la lógica del sistema político partidario nos lleva inevitablemente a permanentes procesos refundacionales?
A pesar de todo, soy optimista. Pienso que hay cuestiones que pueden perdurar pero es cierto que cada uno que llega, intenta refundar. De hecho, vemos que muchas veces son meros cambios nominativos, “apropiaciones”, como si al cambiar el nombre de un proyecto se cambiara la esencia, al igual que hacía Don Quijote, casi como creyendo en el valor milagroso de la palabra. “El que nomina, domina”, decía Pierre Bourdieu y creo que tenía mucha razón…
Se está discutiendo la reforma de la malla curricular para diversos niveles del sistema educativo. Al respecto, ¿qué es lo que entiende que debería enfocarse como prioritario?
Debería discutirse una revisión del funcionamiento de las instituciones educativas y de la vida en ellas. A mi juicio, no solo hay que revisar la malla curricular. El funcionamiento institucional sobre todo de los liceos y la organización de la vida de los docentes. Hay algo en relación a los automatismos que es necesario interpelar en la organización de las instituciones educativas. El francés Daniel Pennac dice en la antesala del capítulo primero de “Mal de escuela”: “Estadísticamente todo se explica, personalmente todo se complica”
El ofrecimiento educativo estandarizado y automatizado es una constante en nuestro país y descansa en la idea equivocada de que podemos y debemos enseñarle a todos lo mismo en el mismo momento y hasta en el mismo lugar como un ritual desgastado que se viene reiterando desde siempre, sin que medien mayores reflexiones. Es hora de empezar a interpelar el sistema que sostenemos y discutir sobre reiteraciones y rutinas, repeticiones que funcionan en forma casi anestesiada sin interrogantes y que se producen desde tiempos inmemoriales, como si el sujeto de la educación –pensado en relación a los niños/as y jóvenes y a los docentes- fuera el mismo desde siempre, invariable… como si la sociedad fuera la misma. Un juego de reiteraciones que ya no admite más sostén, que cae por insoportable, -lo que ya no puede portarse-, que no admite seguir dándose de ese modo. Para eso hay que revisar todo el sistema educativo también desde lo organizacional y lo administrativo.
Lo otro que me preocupa, -insisto-, es la definición de qué educación queremos. En lo personal, no quiero una educación instrumental, quiero una educación emancipadora y para eso hay que provocar pensamiento, asistir a discutir, ofrecer, “poner la mesa” con muchos ingredientes para que nuestros estudiantes elijan y degusten. La mirada tecnocrática que parecen mantener algunos actores como si la educación fuera una mera inoculación de conceptos y una aplicación de recetas me preocupa mucho.
¿Qué es lo que define esencialmente la tarea docente?
La vocación y el compromiso. Pienso que es una tarea insoportable si uno no tiene vigente la vocación porque exige estar con toda la dimensión del ser disponible. Es un enorme esfuerzo y una inmensa responsabilidad para los adultos estar a cargo de un colectivo de niños, niñas o adolescentes. Son vidas posibles que pueden ser estimuladas en su potencialidad o dolorosamente obturadas. Necesitamos docentes que quieran estar en el aula y que estén formados no en una disciplina solamente, profundamente comprometidos con el gesto cotidiano de educar, inmersos en la cultura y felices.
Celsa Puente es Profesora de educación media en la especialidad Literatura, egresada del IPA en el año 1982.
Desde esa fecha ha hecho ejercicio de la docencia en forma ininterrumpida hasta el año 2021 en instituciones públicas y privadas de Montevideo y en Formación Docente. Fue adscripta, Directora del liceo No 30 durante trece años, Inspectora de Institutos y liceos desde 2012 hasta 2021, exceptuando los cuatro años (entre enero de 2014 y abril de 2018) en que fue designada Directora General y Presidenta del Consejo de Educación Secundaria.
A lo largo de su vida realizó varios posgrados y actualmente se encuentra cursando el Doctorado en Educación en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (Argentina). Es conferencista y escritora de artículos pedagógicos y en la actualidad es consultora y asesora independiente en temas de educación con énfasis en proyectos, organización y gestión de las instituciones educativas.










































