Cuando me llegó el trailer de Margo’s Got Money Troubles y vi el elenco que encabezaban Elle Fanning, Michelle Pfeiffer y Nick Offerman, enseguida supe que era una serie que quería ver. Sin embargo, lo que encontré fue bastante diferente a lo que imaginaba.
El guión está basado en la novela de Rufi Thorpe y adaptada para televisión por David E. Kelley, la serie sigue a Margo, una estudiante universitaria que queda embarazada de su profesor y se enfrenta a una realidad para la que nadie parece estar preparado: criar sola a un bebé mientras intenta sobrevivir económicamente.
El título no engaña, Margo tiene problemas de dinero, pero reducir la serie a la historia de una joven que abre una cuenta de OnlyFans sería quedarse únicamente con la parte más visible de una propuesta mucho más rica y compleja. Lo que Margo’s Got Money Troubles explora con mayor profundidad es la fragilidad de las redes de apoyo que rodean a muchas madres jóvenes. La dificultad para acceder a una vivienda, conseguir un empleo compatible con la crianza, pagar las cuentas o simplemente encontrar alguien que cuide al bebé durante unas horas. Margo vive en un estado constante de supervivencia, resolviendo urgencias mientras intenta construir algún tipo de futuro para ella y su hijo.
Por momentos, la serie recuerda a Maid. Ambas muestran a mujeres jóvenes atrapadas en sistemas que ofrecen muy poca ayuda y exigen muchísimo esfuerzo para salir adelante. Pero mientras Alex encontraba una salida limpiando casas, Margo termina encontrándola en internet.
Y es justamente allí donde aparece una de las cuestiones más interesantes que plantea la serie. A diferencia de otras producciones recientes, Margo’s Got Money Troubles evita juzgar a su protagonista. No la presenta como una víctima absoluta ni como una heroína. Simplemente intenta comprender las circunstancias que la llevan a tomar determinadas decisiones. Sin embargo, eso no impide que surjan preguntas incómodas.

Entiendo perfectamente por qué Margo hace lo que hace. La serie construye un contexto donde las alternativas son escasas y la necesidad económica es real. Pero al mismo tiempo resulta inevitable preguntarse por qué cada vez más ficciones contemporáneas terminan presentando la sexualidad femenina como una posible salida económica.
No se trata de condenar a Margo ni de cuestionar a quienes generan contenido para adultos. La pregunta es otra. ¿Estamos frente a una forma de empoderamiento o simplemente ante una nueva versión de una lógica mucho más antigua? Porque aunque la serie intenta presentar la actividad de Margo como un espacio creativo donde ella controla su imagen y construye una comunidad, sigue existiendo una tensión difícil de ignorar: una vez más, una mujer encuentra una forma de salir adelante monetizando su cuerpo y su intimidad.
La comparación con Euphoria resulta inevitable. Allí también vimos a una joven recurriendo a este tipo de plataformas, aunque desde una perspectiva muy distinta. En aquella serie, la sexualización de sus personajes formaba parte central de la puesta en escena y por momentos parecía buscar deliberadamente la provocación. Margo’s Got Money Troubles, en cambio, utiliza OnlyFans como una herramienta narrativa para hablar de algo mucho más amplio: la supervivencia. Margo no intenta financiar un estilo de vida lujoso ni satisfacer un capricho adolescente. Está intentando alimentar a su hijo, pagar el alquiler y encontrar cierta estabilidad.
Eso no elimina las preguntas que la serie plantea. De hecho, quizás las vuelve aún más complejas. Porque una adolescente que vea la serie podría pensar que se trata simplemente de otro trabajo, uno que además promete dinero rápido y desde la seguridad del hogar. Y aunque la ficción muestra consecuencias, prejuicios y conflictos, nunca deja de existir cierta sensación de que esta salida resulta mucho más accesible que muchas de las alternativas disponibles.

De todas formas lo que termina elevando a la serie por encima de ese debate son sus personajes. Porque, en el fondo, Margo tiene problemas de dinero también es una historia sobre personas intentando reparar aquello que rompieron.
Jinx, el padre ausente de Margo, podría haber sido un personaje caricaturesco. Es un ex luchador, arrastra problemas de adicción y toma decisiones cuestionables una detrás de otra. Sin embargo, la serie encuentra una enorme humanidad en él. Sabe que falló como padre y, aunque muchas veces termina empeorando las cosas, existe un deseo genuino de ayudar y reparar parte del daño causado. Es imposible no encariñarse con él incluso cuando vuelve a equivocarse.
Algo similar ocurre con la madre de Margo. A medida que la historia avanza comprendemos que ella también fue una mujer que crió prácticamente sola a su hija y que arrastra sus propias heridas y frustraciones. En cierto sentido, funciona como un reflejo de la propia Margo: dos mujeres enfrentadas por sus decisiones pero unidas por experiencias sorprendentemente similares.

Incluso los personajes secundarios reciben un tratamiento afectuoso. La amiga cosplayer de Margo representa esa amistad incondicional que no juzga ni abandona cuando las cosas se complican. Y el padrastro, que inicialmente parece responder a ciertos estereotipos religiosos, termina sorprendiendo con algunos de sus planteamientos. Su reacción frente al trabajo de Margo es quizás una de las más interesantes: lejos de condenarla, apela a la compasión y recuerda que si Jesús no rechazaba a María Magdalena, tampoco deberían hacerlo ellos. Más allá de las creencias personales de cada espectador, el planteo resulta profundamente humano y acertado.
Probablemente por todo esto me costó pensar en la serie como una comedia, sí, tiene momentos divertidos y personajes capaces de generar situaciones absurdas, pero debajo de ese humor hay un drama emocionalmente devastador. Una historia sobre la maternidad, la precariedad económica, las adicciones, la culpa, los vínculos familiares y la necesidad de encontrar apoyo cuando todo parece derrumbarse.
Entre las curiosidades de producción, vale destacar que Elle Fanning no solo protagoniza la serie sino que también participó como productora ejecutiva y fue una de las principales impulsoras del proyecto. Además, la adaptación reunió por primera vez en décadas a David E. Kelley y Michelle Pfeiffer en una colaboración profesional, algo llamativo considerando que llevan más de treinta años de matrimonio.
Margo’s Got Money Troubles muestra personajes profundamente imperfectos intentando salir adelante como pueden, personas que se equivocan, que fallan, que decepcionan y que, aun así, siguen buscando una segunda oportunidad. Y quizás sea justamente ahí donde la serie encuentra su mayor acierto, no en su mirada sobre OnlyFans ni en los debates que genera alrededor de la sexualidad y el trabajo, sino en su capacidad para recordarnos que detrás de cada decisión existen contextos, necesidades y personas reales, personas que, como Margo, simplemente están intentando sobrevivir.














































