
Gula lleva años construyendo un recorrido dentro del hip-hop uruguayo pero su apetito artístico permanece intacto. Entre las canciones propias, las colaboraciones y el deseo de llevar su música a nuevos terrenos, Rodrigo Gularte entiende que crecer también significa no dejar de buscar.
Desde las rondas de freestyle a las canciones propias, de la memoria musical uruguaya a la búsqueda de nuevos caminos sonoros, Rodrigo Gularte, más conocido como Gula, construyó una identidad artística alimentada por la curiosidad.
Este 1.º de noviembre presenta Anti Domingo en Sala Rondeau, un espectáculo que propone cambiar el tedio dominical por una celebración colectiva porque algunas “hambres” no se sacian, se transforman en música.

¿Por qué un domingo? Porque el domingo tiene una particular relación con el tiempo. Es ese momento extraño en el que la semana empieza a despedirse, las horas parecen estirarse y una cierta melancolía se instala incluso antes de que llegue el lunes. Para algunos es descanso; para otros, una pausa demasiado larga. Rodrigo Gularte decidió que podía ser otra cosa. Convirtió esa sensación de aburrimiento en una excusa para hacer música y convocar a otros a una fiesta. Así nació Anti Domingo.
Detrás de Gula, nombre artístico que parece llevar incorporada una declaración de apetito permanente, existe una trayectoria que comenzó bastante antes de los discos y los escenarios. Su vínculo con la música estuvo presente desde la infancia, en una familia especialmente musical y en una inclinación temprana por la escritura. Estudió batería, pasó por una academia de música y, casi inesperadamente, el rap apareció en su horizonte mientras escuchaba salsa. Aquello que hasta entonces parecía una afición encontró un lenguaje propio: las palabras, el ritmo y la posibilidad de contar desde un lugar personal.

En 2010 comenzó a involucrarse en la cultura hip-hop y encontró en el freestyle una herramienta para desarrollar su identidad como artista. Las rondas de improvisación, las competencias y el encuentro con otros jóvenes interesados en el género fueron construyendo una escena de la que también se convirtió en protagonista. En 2013 fundó Knock Out Batallas de Freestyle, junto a otros referentes de aquella generación, una de las competencias que contribuyeron al crecimiento de la disciplina en Uruguay.
Pero la improvisación nunca fue el destino final. En 2018 publicó Un joven con hambre, su primer álbum, un trabajo que le permitió trasladar al estudio una búsqueda que venía madurando desde sus comienzos. El disco mostró a un artista interesado en explorar las posibilidades del rap más allá de sus convenciones. La voracidad del título no era casual: Gula parecía tener mucho por decir y todavía más por descubrir.
Dos años después llegó 1994, un EP de cinco canciones que estableció un diálogo particular con la memoria musical uruguaya. A través de samples de artistas y canciones que lo acompañaron durante su infancia y adolescencia, Gula construyó un puente entre el rap contemporáneo y el cancionero nacional. La Trampa, Rubén Rada, Alfredo Zitarrosa y Larbanois-Carrero, entre otras referencias, encontraron un nuevo espacio dentro de sus composiciones. No se trataba de reproducir el pasado, sino de intervenirlo, hacerlo conversar con otra generación y demostrar que las influencias no necesitan respetar fronteras de género.
Hoy, con un recorrido que incluye proyectos colectivos, colaboraciones, discos y escenarios, Gula continúa mirando hacia adelante.
Este 2026 lanzó (L), integrado por 3 canciones y sigue marcando búsquedas en su sonido:
Anti Domingo propone reunir parte de ese camino en un espectáculo en vivo, con invitados especiales y sorpresas, pero también funciona como una nueva oportunidad para celebrar el encuentro entre artistas y público.
Conversamos con Rodrigo Gularte sobre los comienzos, la evolución del hip-hop uruguayo, la convivencia entre las influencias musicales y la identidad propia, y ese apetito creativo que, lejos de disminuir con los años, parece multiplicarse.
Anti Domingo propone convertir el final de la semana en una fiesta. ¿De dónde nace la idea y qué querés que suceda en la Sala Rondeau?
Gula: “La idea principal surge de verme como espectador varias tardes de domingo sintiendo el profundo aburrimiento de ese momento de la semana. He tocado en vivo miércoles, jueves, viernes y sábados, pero nunca un domingo, y aproveché la oportunidad para plantear algo distinto”.
Empezaste en el freestyle y construiste una trayectoria que hoy también pasa por las canciones. ¿Qué encontraste en la música que la improvisación no te daba?
Gula: “La música siempre fue el fin. El freestyle son mis inicios y una herramienta muy importante para desarrollarme como artista, pero el principal objetivo siempre fue grabar mis propias canciones. Sigo disfrutando de la improvisación hasta el día de hoy, pero la música me permite transmitir y conectar de una manera más directa y sincera”.
En “1994” dialogabas con canciones y artistas fundamentales de la música uruguaya. ¿Cómo conviven esas influencias con tu identidad dentro del rap?
Gula: “Conviven perfectamente. Constantemente estoy escuchando música nueva, nacional o extranjera, y siempre que puedo me nutro de los distintos artistas, a pesar de sus géneros o generaciones. Particularmente, 1994 se centra en artistas uruguayos y en canciones que escuché desde mi infancia hasta mi preadolescencia. Mi identidad se va formando de todo lo que vivo y consumo a través del tiempo”.
Fundaste Knock Out Batallas de Freestyle en 2013. ¿Cómo cambió la escena del hip-hop uruguayo desde aquellos primeros años hasta hoy?
Gula: “Ha evolucionado mucho. En esa época era una movida muy pequeña y de nicho. No solo en el freestyle, sino también en las canciones. Hoy por hoy existen otras herramientas y facilidades que potencian la aparición de nuevos talentos en todas las partes del país. Depende de nosotros juntarnos para seguir creciendo y avanzando”.
Entre tu proyecto solista y el trabajo en conjunto, ¿qué posibilidades creativas encontrás en trabajar solo y cuáles aparecen cuando hacés música con otros?
Gula: “Disfruto de ambos procesos. En mi proyecto solista he colaborado con diversos raperxs y cantantxs, y también con muchos productores distintos. Principalmente me encargo de poner letra y voz a mis canciones, pero todo lo que aportó la gente con la que he colaborado es parte del trabajo en conjunto”.
Después de tantos años de recorrido, ¿de qué tiene hambre Gula hoy?
Gula: “Hambre de seguir creciendo artísticamente, de colaborar con otros músicos. De continuar sacando discos y presentarme en vivo. Hambre de recorrer todo el país y salir al extranjero con mi arte”.
Quizás la respuesta más reveladora de Gula sea también la más sencilla. Después de los primeros encuentros con el rap, las competencias, los discos y las experiencias compartidas, el deseo sigue estando ahí.
Ya no se trata solamente de encontrar un lugar dentro de una escena que ayudó a construir, sino de continuar ampliando sus posibilidades, encontrarse con otros músicos y llevar sus canciones a espacios nuevos.
Sin dudas es una propuesta diferente que no debemos dejar de experimentar. Aún quedan algunas entradas y las podés conseguir en este link.