
Primavera Psicodélica propone algo más que un recital: una noche para quedarse, cruzar fronteras musicales y dejar que el cuerpo también escuche
Este viernes 18 de setiembre, la banda montevideana llega a Sala Rondeau con Primavera Psicodélica, una propuesta que busca correrse del formato tradicional del recital para convertir la noche en una experiencia continua: música, visuales, baile, luces, estímulos y una pista que seguirá viva hasta las tres de la mañana. La banda estará acompañada por el DJ y productor electrónico Digregorius, la artista visual Belén Perini y Luli Prigue.
La elección del nombre tampoco parece casual. Primavera Psicodélica aparece como una suerte de declaración de principios: dejar atrás el frío, abrir espacio a las nuevas flores y, sobre todo, permitir que una experiencia musical pueda expandirse más allá de sus propios límites. La propuesta está planteada como una “fiesta sonora de expansión humana”, donde la música convive con las imágenes, el movimiento y otros estímulos.
Los Nuevos Creyentes se formaron en Montevideo en 2014, a partir de músicos provenientes de distintas bandas de la escena independiente. Sus primeros pasos estuvieron ligados a versiones de Velvet Underground, Brian Eno, hasta encontrar un lenguaje propio sostenido por guitarras garageras, teclados viajados y una identidad vocal particular. Desde entonces editaron un EP homónimo y tres trabajos de larga duración: El sonido bendito de Los Nuevos Creyentes, Planta Musical y Recuerdo del Futuro, publicado en 2024.
Ahora, después de ese recorrido, aparece una pregunta que atraviesa toda la conversación: ¿Qué sucede cuando una banda deja de pensar solamente en cómo tocar sus canciones y empieza a preguntarse qué quiere que le suceda a quien está del otro lado?
“Queremos que sea una experiencia”, explica Matías durante la entrevista.

La idea surgió, en parte, de una sensación conocida por cualquiera que frecuente la escena musical montevideana. El recital comienza, se toca, termina y el público se va. A veces porque tiene otro plan. A veces porque la propia estructura del espectáculo parece decir que ahí terminó todo.
Los Nuevos Creyentes quieren probar otra cosa.
La propuesta del 18 de setiembre está pensada para comenzar a las 21 horas y extenderse hasta las 3 de la mañana. Primero habrá una intervención visual, luego llegará la banda y, después, la música electrónica tomará la pista. No como una sucesión arbitraria de propuestas, sino como diferentes momentos de una misma experiencia.
“Queremos empezar a hacer como eso, como que la gente después se pueda quedar en una fiesta en el mismo lugar”, cuenta Matías.
La palabra que aparece varias veces durante la conversación es “trance”.
Los Nuevos Creyentes ya buscan algo de eso cuando tocan. Las luces, el ambiente y la forma de construir el show forman parte de una intención que no se limita a ejecutar canciones. La diferencia es que esta vez quieren llevar esa idea hasta sus últimas consecuencias.
“Que la noche sea como un gran trance “, dice.
¿Y cómo se construye esa experiencia?
Matías Singer: “Nos gustaría que siempre haya algo al principio más artístico, no necesariamente musical. En este caso va a estar nuestra iluminadora, que es como parte de la banda, con una instalación que se llama Cielo, que hace con luces y algunos sonidos.
Después nosotros y después alguien pasando música en la pista”.
La idea parece también recuperar algo que se perdió en la experiencia de ir a un recital: quedarse.
Matías Singer: “Sí. Cuando entrás en onda, está bueno tener más de una hora. También está bueno que los toques sean tempranos, pero al mismo tiempo está bueno que la gente que sale a recrearse tenga más que una hora.
Y eso mismo tiene que ver con la gente que está ahí”.
¿También hay una intención de romper con el formato tradicional de recital?
Matías Singer: “Sí. Encapsuladito. La idea es romper un poco eso. Para nosotros es más interesante tocar en esta situación, como abrir un portal y meterte por unas cuantas horas en otro mundo.
Y de alguna manera tratar de traer un poco el mundo de la electrónica para ver si nos enseñan algo a nosotros, la banda rockera”.
¿Por qué les interesa particularmente cruzarse con la electrónica?
Matías Singer: “Tiene mucho que ver con romper los nichos. De cruzarse.
Nosotros con las chiquilinas siempre decimos: estaría bueno ir algún día a bailar electrónica. Entonces, en vez de ir y sentirse sapo de otro pozo, los trajimos para este territorio”.
¿Sentís que en Uruguay los públicos están demasiado separados?
Matías Singer: “Sí. Está bueno empezar a cruzarse. Creo que antes, tipo en los noventa, se hacía mucho eso.
Porque estaba todo mezclado con todo. También había menos posibilidades. No había ocho millones de bandas de un tipo ni ocho millones de bandas de otro.
Hoy hay mucha gente haciendo música y muchos nichos”.
Y esos nichos son muy pequeños.
Matías Singer: “Sí. Son muy chicos los nichos acá y si dejamos afuera la edad, si seguimos siendo nicho como fuimos durante pila de tiempo, vamos a tocar para las otras bandas o para nuestros amigos. Y nuestros amigos ya tienen todos hijos.
Entonces, si no abrimos un poquito el sonido para todas las orejas, vamos a tocar para nosotros solos.
Queremos que vaya más gente”.
¿Eso también influye en cómo están componiendo?
Matías Singer: “Sí. Nunca tenemos predeterminado que ahora vamos a hacer esto o aquello, pero vamos aprendiendo cada vez más a mejorar el diálogo entre nosotros a la hora de hacer música.
Siento que cada vez lo hacemos un poquito más pop, en el sentido más cancionero. Quizás desde ese punto de vista y como cada vez hay menos paredes de ruido y más cositas que vas sintiendo, más fáciles de escuchar para el oído.
No es algo de ahora. Es un proceso que venimos haciendo a lo largo del tiempo”.
¿Qué entendés por pop?
Matías Singer: “Me refiero más específicamente a popular, desde el punto de vista de que cualquier oreja le pueda gustar.
No tiene que ser una oreja entendida, acostumbrada a las distorsiones, a la psicodelia o al noise. Esas cosas que a nosotros nos gustan las mechamos de alguna manera para que entren a cualquier oído.
No es para que entre a cualquier oído, pero sí para que sea fácilmente percibido”.
¿Tiene que ver también con la cantidad de música que escuchamos actualmente?
Matías Singer: “A mí cada vez me gusta más escuchar música así.
No sé si tiene que ver con que hay tanta música y tantas cosas en Spotify. Quizás la oreja se pierde a veces y las cosas no suenan un poco pop.
La oreja está malacostumbrada también. Te lo digo desde un lado personal. Malacostumbrada a esta cosa enfermiza de pila de música y pila de información todo el tiempo.
Necesita algo, escuchar cosas más claritas, que se entiendan bien, porque si no se lo lleva todo el malón de cosas.
Es una visión súper personal y autocrítica”.
¿Y qué están preparando después de esta fecha?
Matías Singer: “Después de este toque vamos a sacar un simple nuevo y después vamos a preparar un EP. Creo que lo vamos a grabar en verano para que salga a principio de la primera parte del año que viene.
Tenemos ganas de sumar algunas canciones.
También podemos ir a México y está bueno ir con algo nuevo a presentar. Nuestro último disco salió en 2024. Tenemos que ir haciéndonos de a poquito.
Está bueno caer con algo nuevo y fresco para nosotros a la hora de tocar. Un disco nos llevaría bastante más tiempo y no llegaríamos. Entonces un EP cobra un poco más de sentido”.
¿Y conceptualmente va a seguir el camino de los trabajos anteriores?
Matías Singer: “Nunca tenemos algo predeterminado pero como tenemos tres discos y tocamos hace pila de tiempo juntos, somos más exigentes a la hora de hacer una canción.
Si no está buenísima para cinco, no sale. Ese filtro está bueno.
Después de haber sacado tres discos, nosotros ya tenemos 40 años. Sacar por sacar es como al pedo. Queremos sacar algo que esté bueno. Bueno para nosotros, al menos”.
¿Qué esperan de Primavera Psicodélica?
Matías Singer: “Es un poco una incógnita. El ambiente de la electrónica ya tiene su ambiente, sus lugares donde van a bailar y todo eso. Entonces es muy probable que venga poca gente de ese mundo.
La pregunta es qué le va a pasar a nuestro público. Sabemos que muchos también curten eso otro, pero tenemos un público más rockero, un poco más veterano. A ver qué les parece.
Si sale bien, desde ya te digo que haríamos todos esos en cada estación, seguro“.
¿Pero hay algo atractivo justamente en no saber qué va a pasar?
Matías Singer: “Sí. A mí, la verdad, se me cae un huevo ya ir a tocar a un boliche solos de vuelta. Es como un déjà vu.
Esto es motivador. Hay un poco de misterio en esta cuestión. Ver a la gente, al público de rock, en una instalación visual. A ver qué les pasa. Entonces va a estar interesante”.
Quizás Primavera Psicodélica sea, en definitiva, una excusa.
Una excusa para que una banda de rock invite a bailar a quienes nunca pensaron que iban a bailar con ella. Una excusa para que alguien acostumbrado a una pista electrónica se encuentre con guitarras, teclados y canciones que llegan desde otro lugar. Una excusa para que el público deje de ser solamente público y pase a formar parte de algo que sucede durante horas. Una excusa para recordar que la cultura también puede ser un lugar de encuentro y no solamente una sucesión de eventos.