
En Montevideo hay poetas, poeta, y biromes: “desangradas en renglones” en “un denso cielo de metal fundido, fundido, fundido, impenetrable, desastroso, lamentable y aburrido”, cantaba Leo Maslíah en “Biromes y servilletas”, posiblemente la canción más hermosa que alguna vez se le haya hecho a esta ciudad y, más específicamente, a su bohemia, tan sempiterna como desatendida. Aun así, y por fortuna, hoy los talleres literarios se cuentan por miles, y es casi imposible doblar una esquina sin toparse con alguien que haya elegido la palabra para contar, para contarse.
No ocurre lo mismo con los canales donde difundir esa producción. Se escribe mucho pero se publica menos y, como consecuencia, se lee menos literatura uruguaya de lo que todo ese conjunto de intenciones y preocupaciones artísticas merecerían. La escala de mercado también limita su crecimiento, la reduce a sobrevivir bajo un techo demasiado bajo (atestiguado por la escasez de editoriales nativas, tiradas de pocos ejemplares o poca integración con otras literaturas, por ejemplo), en comparación con centros como Buenos Aires o Sao Paulo.
Los escritores poco conocidos o emergentes tienen entonces dificultades para encontrar una editorial que decida gastar una de sus, escasas, balas concediéndoles el beneficio de la publicación. Como resultado, la extensa geografía mental de la literatura uruguaya se ve ceñida a los mismos paisajes; los nombres se repiten; la temática y estilos cambian en bloque, sin mucho espacio para lo que se produce en los márgenes, allí donde está la mayor, y parte de la mejor, literatura de este país, como un oasis esperando ser descubierto.
Es por ello una excelente noticia la aparición de “Oro”, una revista trimestral de creación literaria parida por Daniel Mella, autor multipremiado y ya consagrado gracias a novelas como “El hermano mayor” o “Derretimiento”, junto a Gastón Atchugarry, propietario de una empresa de construcción con inquietudes literarias y una cuota extra de suerte: la que lo llevó a anotarse en un taller literario de Mella en los que, con la inspiración estimulada por esos encuentros periódicos de voluntades artísticas, prestó oídos a la idea del escritor.
Una revista, una dedicada a la creación literaria. Exclusivamente a eso, sin reseñas. Apenas con tres secciones fijas: un poema en la primera página, una entrevista central y el texto de algún autor muerto como cierre en la contraportada.
El primer número de “Oro”, repárese en esa doble “O” y la semejanza de esta con un huevo, tenía que llevar en su portada, como no, una desafiante gallina. Salió a la venta en abril, su lanzamiento tuvo lugar en “Tribu”, un espacio cultural ubicado en el barrio Parque Rodó; allí será donde se hará el lanzamiento del segundo número el próximo jueves 31 de agosto 2023.
Para conversar acerca de la revista, de lo que es ahora y de lo que busca ser, de algunas fortalezas y vicios del mundillo editorial, subo en un ascensor de moquette vencida hasta el apartamento de Mella. Es un edificio antiguo y luminoso. Dentro el ambiente es amplio, un archipiélago de libros -como lo imaginaba-, y desde algún lugar llega el aroma de un incienso prendido por Mella, seductor nato, antes de comenzar la charla.
Me sorprendí mucho al enterarme que iba a salir una revista literaria en Montevideo, que ibas a estar tú -lo que para mí y para muchos es garantía de muchas cosas-, pero que además iba a ser una revista publicada en papel. Pero sobre todo, y esto es quizás lo más asombroso considerando la época, una revista que iba a ser publicada solo en papel. Sin su versión en digital.
Pensé en los antecedentes. Recordé por ejemplo a Maldoror, a los fanzines de los ochenta, la revista “Los huevos del Plata” que sacaba Clemente Padín en los 60.
Luego, al ver la tapa y el nombre de la revista, mi sorpresa no hizo más que aumentar.
Desde la tapa me miraba una gallina, y la revista se llama “Oro”.
Entonces hice esta asociación: huevos del PLATA – ORO; huevos – gallina.
¿Es una relación buscada, algún diálogo con ese antepasado ilustre?
Sí. Al principio fue inconsciente. Estábamos buscando el nombre y yo había pensado lo lindo que hubiera sido ponerle “El montevideano”, aquel diario que existió en la época de Lautreamont acá. Pero justo hay un artista plástico que está haciendo unas tapas en el estilo del New Yorker y usa ese nombre, con la misma tipografía y todo. Entonces pensé en “La montevideana”, porque me parecía interesante que tuviera una impronta de la ciudad, de la capital. “La montevideana” porque es una revista, pero tal vez así quedaba demasiado asociada a un tema de género. Seguimos buscando y ninguna funcionaba. Queríamos algo cortito. Pensábamos en la revista “Sur”; que para mí es el nombre perfecto, uno de los mejores nombres para una revista que hay. Son tres letras, ¿entendés?
Y una flecha en la tapa. Bien minimalista.
Totalmente. Queríamos algo así de chiquito y pensamos “R”. ¿No? Qué lindo: “R”, la “R”… Pero, claro, ya está la “Ñ” en Argentina, el suplemento cultural de Clarín. Entonces, de casualidad, estaba un día con Martín -un amigo que no tiene nada que ver con la revista-, caminando por la rambla cerca del dique Mauá, donde el día anterior me había sentado en un murito con mi novia y habíamos tenido un momento particularmente lindo. Entonces le conté a Martín sobre ese momento, y como con mi amigo hablamos a veces en inglés le dije que había sido un momento “golden”.
Dorado.
Dorado, y además él ya sabía que yo andaba buscando un nombre para la revista y me dice “¿y si le ponés Oro?” Oro. La vi toda: era perfecta. Oro: tres letras. De hecho, dos, solo que una se repite. Oro, la “Oro”. Se lo propuse a Gastón (Atchugarry), a Juan (Palarino, diseñador de la revista) y a Ana (Ró, community manager). Es decir, al resto del equipo, y les encantó. Por eso cuando digo que es inconsciente yo, todo el tiempo, sabía de la existencia de “Los huevos del Plata”, no me era ningún misterio eso; pero nunca usé ese dato para pensar en “Oro”. Sí me acuerdo de que cuando estábamos hablando de que se llamara así, en un momento barajamos esto de que sería un nombre poco uruguayo -porque lo nuestro es la humildad-, y por eso nos resultaba interesante ponerle oro a algo; como lo más valioso, para que destaque. Algo que no pierde valor nunca.
Y luego estábamos hablando con Juan de la tapa; de qué idea podía surgir independientemente del nombre de la revista. Era el primer número, podíamos jugar con el uno. Con el origen ya que el uno es el número original, digamos. Y un día se aparece con la idea de una gallina gigante en la tapa y, en la contratapa, un huevo. Un huevo que está resquebrajándose. Y ahí yo recordé la pregunta clásica del origen: ¿qué viene primero, el huevo o la gallina? Una que jamás nadie supo responder, ¿no?; uno de esos misterios con los que vamos a vivir para siempre.
Recién ahí, cuando Juan vino con la idea de la gallina y el huevo, pensé en “Los huevos del Plata”. Que esto iba a ser en cierta forma una alusión y también un homenaje a esa revista.
¿Una suerte de tomar la posta?
Claro, incluso nos pusimos a mirar las tapas de “Los huevos…” ¡y en la tapa del segundo número hay una gallina! Si hubiera sido en el primer número, capaz que no lo hacíamos pero, como es el segundo y nosotros íbamos por el primero… Entonces sí: hay un diálogo, ¡un diálogo absoluto!
Clemente Padín además creó una movida cultural literaria llamada los Hachepientos, que era una forma de oponerse a la idea de la literatura como herramienta social, comprometida con su tiempo. La suya era una literatura militante pero más desde lo surrealista. Por eso acuñó una palabra que no significa nada (hachepiento) como identitario de su “movimiento”.
¿“Oro” también ha sido pensada como una publicación que forme o asuma alguna postura literaria? ¿Rige tal cosa el criterio con el que vos elegís los textos que se publican en la revista?
Sí. Me tienen que gustar.
Bien pero, a vos te gustan cierto tipo de textos y eso ya obedece a una identidad. Y las identidades se definen muchas veces por oposición. ¿En este caso sería oposición a qué? No sé. Suponete que te llega un texto de un género mal llamado menor: ciencia ficción, policial, etc.
Para mí, en un punto, lo único que hay son textos buenos y textos malos. Si está o no está bueno. Realmente, no discrimino por género o subgénero. Además tengo la suerte de que leo de todo, todos los géneros. Hasta de auto-ayuda. Entonces el lineamiento más o menos que podría tener es bastante caprichoso, en el sentido de que es una línea muy de escritor. Lo que importa de la revista es lo que los autores publican. No vamos a estar explicando nada ni bajando línea de ninguna clase. También porque para nosotros lo primero es darle un lugar a los creadores. Que es para mí lo que viene primero: la creación.
La revista, al menos por ahora, no tiene un editorial, ni tampoco reseñas, aunque esto último más que nada es por una cuestión de espacio y de dinero. Es re importante la crítica. A mí me encantaría que, así como hay una revista de creación literaria, hubiera una buena revista de crítica. Me parece que son dos patas fundamentales para que la literatura realmente crezca. Ahí también hay un debe respecto a décadas atrás, cuando teníamos “Insomnia”, “El País cultural”, “Maldoror”. No sé, distintos lugares donde se ejercía la crítica.
Me interesa publicar tanto autores famosos o consagrados como, y esta es una de las partes importantes, para los autores así llamados emergentes. No sé, si tenemos 14 escritores -por lo general son 14 textos por número-, tres o cuatro van a ser de escritores emergentes. O sea, gente sin una sola publicación a cuestas, o con un libro o dos pero que no mucha gente conozca. Y ahí el género no me importa. Es más, me interesan estos textos más raros, o diarios personales cuya intención primera no era ser publicados, cartas, fragmentos de un cuaderno de apuntes; cosas que alguien encontró. Listas de compras. Eso me encantaría, y todavía nadie me ha enviado una.
¿Pero cuál es entonces el perfil de esta revista de literatura llamada “Oro”? ¿Cuál es su público objetivo?
Yo lo que me he encontrado, hasta ahora, es gente de todo tipo y color.
¿Son seguidores de Mella los lectores interesados en “Oro”?
No los conozco. Mi casa es uno de los puntos de retiro de la revista. Esta se compra online y después pasan por el estudio de Juan, por la empresa de Gastón o por acá. Así me he encontrado con gente de lo más variada: una mujer de 60 años, un muchacho de 17. Gente que ni siquiera sabe quién soy. Uno o dos de los 200 que han pasado a buscar su revista han mencionado mis libros, los demás, nada. Pero me pasa lo mismo con los libros: ¿quiénes son los lectores de Mella? Yo me he encontrado con cada sorpresa.
Evidentemente es una revista un poco como de nicho, ¿no? Porque no todo el mundo lee literatura, la así llamada “buena” literatura.
Y poemas, menos.
¡Menos! Y esa es una de nuestras consignas: que haya mucha poesía en la revista.
Pero entonces aunque no sea una obra “a imagen y semejanza” de Mella, sí es una extensión literaria de Mella. De la misma forma que lo son los talleres literarios.
Sí, sí lo es. Es una revista, pero funciona caprichosamente. Que es como funciona muchas veces un escritor. Y tengo la suerte de que por ahora el consejo editor soy yo. Se publica lo que a mí me gusta. Yo me digo: esto me encantaría, a este tipo lo llamo, le mando un mail preguntándole si tiene algo. Me manda lo que tenga. Me fijo. Si está bueno, va.
Y para el segundo número hay sorpresas. Va a tener un texto de Daniel Hendler, el actor. ¿Cómo llegaste a él?
Además de lo que se me antoje, en cada número por lo menos quiero publicar un texto escrito por alguien al que no se lo reconozca de inmediato como escritor. Que sea de otro ámbito. Es el caso de Magela Ferrero, que es más conocida como fotógrafa o artista visual, y aparece un texto suyo en el primer número. Para este segunda “Oro” Daniel Hendler, con quien justo yo había hecho, hace como 20 años, un cameo en “25 watts”. Sabía que Daniel escribía, que tenía una relación interesante con la palabra escrita. Entonces me las arreglé para conseguir su contacto, le escribí; él me respondió que justo había estado pensando en escribir algo así como un manifiesto en homenaje a la actuación. Y me mandó un texto bellísimo que se llama “Consideraciones sobre el actor”.
En cuanto a los escritores emergentes ¿cómo llegás a ellos, o cómo ellos llegan a vos?
A algunos los conozco a través de los talleres literarios porque son, o han sido, alumnos míos que luego han salido a publicar ellos sus propios libros. Entonces conozco su talento de primera mano, que esa es una de las cosas que me da el taller: la oportunidad de estar en contacto con gente muy talentosa. Y de otros me entero porque ando en la vuelta, escuchando.
Euge Ladra, por ejemplo, que publicó en el primer número, fue alumna mía hace cuatro o cinco años. Luego ella pasó a tener una propia editorial pequeña, llamada “Fardo”, en la cual publicó un par de libros buenísimos y ahora está escribiendo una novela. O Natalia Parodi, que también era alumna mía. Para este nuevo número está Lucía de León que está por sacar un nuevo libro, y es alumna mía en este momento. Otra chiquilina llamada Candela Stewart, tiene 25 años, que va al taller. Yo tengo la suerte de tener acceso a esa gente. Además le pregunto a muchos de los escritores que hablo.
Una de las cosas que pasa con las editoriales, a la hora de publicar el libro de un inédito, es que les interesa tener alguna garantía acerca de si esa persona va a continuar escribiendo. De si va a haber un segundo libro de ese autor. La revista, en cambio, me permite no preocuparme por eso. Quizás algunos de los inéditos que voy a publicar en “Oro” no escriben nunca más. A mí me interesa el texto. Ese momento dentro del texto. Y colocarlos, en la revista, en un mismo plano con los escritores consagrados.
¿Buscás que “Oro” se transforme en un agente legitimador más, en el sentido que le da Bordieu a los agentes del campo intelectual?
Es inevitable que eso suceda. No es el plan, no estaba en la idea original eso de “marcar una cierta tendencia de algo”, pero tenés que hacer las paces con el hecho de que eso probablemente sea lo que suceda como un resultado secundario. Yo lo primero que pensé fue recrear lo lindo que era esperar el viernes a que saliera “El Cultural”; abrirlo en un café. Esa hermosa sensación de que las cosas se movían, de que había una vida intelectual en la ciudad. “Qué lindo que eso volviera a suceder”, pensaba. Por ahí vino, más que nada como un deseo de que las cosas sean como supieron ser en algún momento.
Por eso sale en papel, no en digital. Uno se puede sentar con una “Oro” y hojearla. No precisás electricidad.
Lo del papel de diario en parte era por eso. Yo me acuerdo lo que era leer el Cultural, el placer físico de manipular los pliegues. Pero claro, para hacer algo así precisás un equipo grande, y mucho dinero. Además su frecuencia era semanal.
Pero aparte el Cultural era un suplemento de un diario, no era algo autónomo. En ese sentido estaba más cubierto por la estructura de El País.
La “Oro” es, además de caprichosa, impredecible. Sus lectores no van a encontrar lo mismo de número a número. No hay secciones fijas. Lo único predecible es el poema de entrada, lo primero que encuentra el lector, un homenaje a lo que yo considero que es la forma superior de la literatura. Luego una entrevista central, y por último el texto en la contraportada que siempre será de un autor muerto, también con una intención de honrarlos. Pero todo lo demás será impredecible. Capaz que un número está dedicado por completo a la poesía, por ejemplo. No me gusta, por ahora, pensar en números especiales que giren a una sola temática.
Ahora, ya de entrada estás demostrando que te gustan los riesgos porque, no solo estás publicando una revista en papel, compuesta principalmente por cuentos y poemas, dos géneros muy afectados por cierta superstición editorial, pero además ¡la revista le paga a sus autores! Es bastante insólito eso en momentos en que algunas editoriales, aun las más establecidas, les cobran a los autores por publicarlos.
Bueno, esa era otra de las cosas que supe desde el principio y lo hablamos con Gastón, mi socio. Decidimos que desde el momento en que no pudiéramos pagarles a los autores ese sería el momento en que bajamos la cortina. De otra forma no tiene sentido. ¿Cómo no les vas a pagar a los escritores? También es un intento de profesionalizar la actividad. Darle el valor que se merece. Habían algunas revistas en las que si publicabas un artículo, una reseña o lo que sea, te pagaban. Pero si publicabas un poema o un cuento, no. Y eso no puede ser. Deberían pagarles más, incluso. Y yo quiero creer que se puede.
Una vez, conversando con amigos que pertenecen al mundo editorial sobre la revista, cuando les conté esto de pagarles a los escritores me trataban de loco. ¿Para qué les vas a pagar si se van a morir por publicar en “Oro”?, decían. Y a ellos se les escapaba un detalle: ¡me lo estaban diciendo a mí que soy escritor! Yo no puedo no pagarle a los escritores si yo soy uno, ¿entendés? Entonces ahí vi cómo funciona la cabeza de estos hijos de puta, ¿entendés?. “¿Cómo les vas a pagar?”
En realidad no se les paga a los escritores porque no se quiere, no porque no se puede.
Es una tradición, entonces.
Es una tradición.
La traición es una tradición.
¡Sí! Y te lloran la milonga como que no hay plata. ¡Es mentira! Todos los años me invitan a leer en la “Noche de las Librerías”. Al principio yo estaba metido en este mito de que ni siquiera se te ocurre pedir que te paguen. Me acuerdo cuando empecé a pensar sobre estas cosas. Decidí hacerlo. O que me dejaran irme de la librería esa noche con dos libros: voy, caigo, me llevo dos libritos para mi casa y quedamos a mano. Y no hubo caso. Solo dos me dijeron que sí. Pero yo, cada vez que voy esa noche, lo que veo es plata. Entrando y saliendo de la librería. Se llenan las librerías, se vende como loco. Pero a mí, en cambio, me dicen “no, pero a vos te sirve para promocionar tu literatura”, ¡y a mí no me sirve un carajo! Por eso, les vamos a pagar y, si se puede, pagarles más.
Les pagamos tres mil pesos por el texto (poema, cuento o lo que sea) y, si se venden más de 500 ejemplares, tres mil pesos más. No es mucha plata.
¿Cómo ha sido ha sido la recepción dada a “Oro”? Ustedes hicieron una primera tirada de mil ejemplares.
Buenísima. Yo no llevo los números exactos, y además se sigue vendiendo, pero casi agotamos la edición. Podía pasar cualquier cosa: yo tenía confianza de que íbamos a por lo menos poder cubrir los gastos de la primera, y con eso usar la plata para el segundo número, y así hasta que empiece a dar ganancias. Así que los gastos los cubrimos ya un mes antes de que saliera la revista, en la preventa. Y, desde que salió hasta por lo menos un mes después, fue un pico de ventas. Nuestra idea este primer año era hacerla trimestral, sacar cuatro números, pero como recién estamos aprendiendo los tiempos se nos fueron un poco al carajo, hay cosas que no sabemos y nos estamos enterando, entonces este segundo número va a salir a finales de agosto y en diciembre el tercero.
¿La tirada del segundo también va a ser de mil ejemplares?
Sí, y también se vende en Buenos Aires, en tres librerías: la tienda de Orsai, en Otras Orillas y en La Libre. Otra idea que yo tenía, como parte del proyecto original, era donarle un número a cada bachillerato de Montevideo. Para que los adolescentes tengan acceso, ¿no? Pero no sé si llevarla yo en mano, me contacté con alguien de Secundaria y todavía no he tenido respuesta.
A ver: el cuento y el poema son instancias artísticas que están cerradas, en cambio si yo leo el capítulo de una novela me falta lo que está antes o lo que está después. ¿Cuál es el sentido entonces de publicar algo que todavía no está completo, o no ha sido publicado, o está publicado pero es difícil de encontrarla?
A mí me encanta la noción esta de un recorte. De algo que sabés que se prolonga más allá de lo que podés leer. La noción esta del fragmento de una obra en proceso, o el adelanto de una novela. Vos podés leer solo un cachito, pero te deja toda la intriga y esa sensación de esta cosa que continúa. Eso sucede mucho en las novelas de, por ejemplo, Lee Child, y en las ediciones norteamericanas te traen la novela y, a continuación, 20 páginas de adelanto de la próxima novela que va a sacar la editorial. Para mí es fascinante leer solo ese fragmento y quedarme enganchado; preguntarme cómo seguirá. Me interesa mucho la inconclusión en general: las novelas inconclusas, los fragmentos dispersos. Los fragmentos de la poesía de Safo, que apenas conocemos lo que quedó. La ruina es suficiente para intuir lo que había. En este número no, pero para el tercero vamos a incluir fragmentos de obras en proceso. Es como meterse un poco en el escritorio del escritor que está escribiendo ahora, antes de que ni siquiera termine. Capaz que lo que está escribiendo ni siquiera se publica porque lo destruye, porque se enoja con eso y lo tira a la basura. Yo quiero acceder a ese material. Si está bueno, obviamente. También son esas cosas que los escritores tienen guardadas y ni siquiera se acuerdan que las tienen.
Uno de los textos que más me gustan del primer número es el de Damián González Bertolino, quien al principio me porfiaba que no tenía nada para publicar. Quedamos que cuando tuviera algo me avisaba y, faltando pocos días para el cierre, como me falló uno de los escritores que iba a publicar, lo llamé y le dije “bo, ya mandame, abrite los cajones de tu escritorio, algo tenés que tener”. Y encontró un fragmento de un diario personal de hace como diez años. Lo arregló un poco y me lo manda, yo le podo unas partes para dejarlo de un tamaño adecuado y resultó un texto hermoso. Quizás los escritores no piensan en esos textos porque no encajan en un formato publicable, generalmente porque es demasiado corto para un libro, pero en una revista como “Oro” es ideal.
Por eso creo también que la revista es una plataforma para que ciertos textos que no se publicarían en ningún otro lado, acá sí.
Entonces, ya quedó claro que el formato -novela, poesía o cuento– solo debe cumplir con la condición de que a vos te guste. Más allá de eso, ¿qué pautas formales debería seguir un autor que quisiera publicar en “Oro”?
Textos en el entorno de los 20.000 caracteres con espacios sería el máximo. Hay textos que se pasan y otros que son bastante menos.
¿Y mínimo?
Si me pasás mañana un haiku, porque es lo único que tenés, pero ese haiku es lo máximo entonces ese texto sale.
¿Y te lo envía a dónde?
Ahora para este segundo número vamos a habilitar una dirección de mail específica para recibir textos. Por ahora estamos trabajando con textos de autores que yo voy a buscar, pero me parece muy interesante tener abierta esa puerta. Va a tener algunos requisitos formales: el texto deberá tener determinado formato, interlineado, etc., para que no sea como los de algunos mensajes que nos han llegado diciendo “che, tengo unos textos, mirá mi Facebook”. O sea: no. Tomate el trabajo de cortar, pegar, arreglar. Pero nos encantaría, en algún momento, tener incluso un concurso porque la idea es esa: tener un lugar para escritores que nadie conoce. Está lleno, está lleno.
Por último, suponé que un día enloquecés y te despertás con ganas de conquistar el mundo a través de “Oro”. ¿Cómo lo harías? ¿En qué se tendría que convertir?
En una revista que realmente tuviera alcance. Por eso también nos interesa siempre tener, aunque la mayoría de los textos que vamos a publicar van a ser de autores uruguayos, un lugar para escritores internacionales. Empezamos acá cerca, con Casciari de Argentina, ahora ya nos expandimos un poco más hacia Chile, Méjico. Me encantaría que fuera una revista que un mejicano o un chileno supieran que existe y que incluso la leyeran y bebieran de ella. Me encantaría que “Oro” fuera una revista que se consiguiera en todos los países de habla hispana. Que fuera la mejor revista de creación literaria que exista. Si tuviera que soñar, sería eso.
¿Cuándo sale el segundo número de “Oro”?
El segundo sale el 31 de agosto. Queremos hacer una presentación como con el primero, en “Tribu”; siempre vamos a hacer una fiesta con cada número nuevo, siempre con un DJ, con baile después de algunas palabras. Esta vez vamos a ver si tenemos algún músico invitado, también.
31 de agosto 2023 – Presentación del segundo número de “Oro”
Tribu
Maldonado 1858
Cel. 098 769 250
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