
El 5 de octubre 2024, a las 21:30, el Antel Arena se convirtió en un verdadero espectáculo de locuras y risas gracias a la troupe del humor: Migue Granados, Lucas Fridman y Tefi Russo. Al llegar, no tenía claro qué esperar, pero salí con más interrogantes que certezas sobre lo que realmente es Olga y las Bandas Eternas. Lo que sí me quedó claro es que fue una juerga insólita, donde los protagonistas de “Soñé que volaba” mezclaron bizarreadas y melodías para encender el ambiente de una noche raramente divertida y sorprendente.
El Antel Arena estaba repleto, con un mar de personas autoconvocadas con una sola misión: reírse hasta que les dolieran las nalgas. El público era un auténtico batiburrillo social, con familias, parejas y grupos diversos que aportaban su propio estilo y toques de locura. Un espacio lleno de sorpresas que valió la pena vivir.
Una de las primeras cosas que me llamó la atención fue la implementación de la ingeniosa “Kiss Cam” al estilo NBA. La dinámica es simple; si te ves en la pantalla gigante junto a alguien, ¡es hora de un beso! Esto provocó muchas risas, ya que, además de algunas parejas, la cámara enfocaba a desconocidos que, en lugar de besarse, tomaban refresco disimuladamente o se metían puñados de pop mientras miraban para el costado, esperando que la cámara tomara a otras personas para escapar del momento incómodo. ¡Es mucho más gracioso y divertido cuando no sos protagonista! je
El concepto de la noche era un verdadero enigma, son un hilo conductor indefinido, pero finalmente muy efectivo. El show fusionaba música y humor de manera muy particular y ocurrente, generando un ambiente de pura diversión. En ese limbo irreverente, el público que ya es parte de la familia Olga, se sentía como en casa. La premisa, sencilla: disfrutar, pasarla bien y adherir a lo que pudiera venir, y disfrutando del cosquilleo que genera la incertidumbre en espacios amigables
A poco de haber iniciado el espectáculo, Migue Granados bromeó con dos desafortunados que llegaron tarde, lo que generó risas del resto del público. Me quedó claro que ese es el tipo de humor que busca la gente: reírse de lo que se dice, de lo que se hace, de los demás y de uno mismo. Al final, lo más importante es pasarla bien. ¡Y la verdad que así fue!
Cada momento, cada improvisación y cada intervención musical eran festines de risas y miradas cómplices estallando en la sala. En medio de todo esto, Tefi Russo comentó que antes venía a Uruguay a dar clases de cocina, y ahora estaba encantada de ser parte del equipo de Olga, convirtiéndose en la reina de las preguntas incongruentes, provocando risas y algunos piropos.
Benja Amadeo, que no necesita presentación, dominó el escenario con “Aguacates y gemelos”, una canción que sonaba como si la hubiera creado mientras se hacía un café. En un momento digno de una película de acción, Migue tomó un juguete en forma de arma y “disparó” a siete afortunados del público, haciéndoles fingir su muerte, transformando el Antel Arena en una escena de comedia ficción, dos de esos siete fueron elegidos como las mejores caídas de muerte y pasaron a la segunda fase para jugar por un auto eléctrico 0 km. Tras responder diez preguntas al azar, un tal Fernando, que llegó en el 192, se marchó manejando su nuevo auto eléctrico. Si, muy loco todo, muy “Olga” podríamos decir.
La música también fue un punto alto, con artistas como Mateo Sujatovich, quien anunció que el 30 de noviembre estará con su banda, Conociendo Rusia, en el Antel Arena. Rubén Rada, acompañado por su hija Lucila y el cantautor Facundo Balta, interpretaron “Cha Cha Muchacha” y “Muriendo de Plena”. Agarrate Catalina, con su característico humor, hizo varias intervenciones que sumaron color y risas, mientras Pablo y su hija Meri Granados (quien también anunció un show en Montevideo el 22 de noviembre en Live Era) unieron fuerzas con Migue para cantar “Seminare” de Serú Girán y “Rueda mágica” de Fito Páez. Cada uno aportó su estilo, mientras el público se entregaba a lo que viniera y sin condiciones
La noche culminó con el “Bicho Bicho” de Fata Delgado y sus Fatales quienes generaron que el Antel Arena se convirtiera en un verdadero coro de voces. En medio de las risas y el delirio, la magia del espectáculo radicaba en la sensación de pertenencia, de ser parte de una comunidad que se ríe de lo ilógico e irracional de la vida. Para cerrar, los protagonistas de OLGA posaron para una gran selfie final junto al público, capturando la esencia de una experiencia rara pero inolvidable que por primera vez se realiza fuera de argentina.
Quedando claro que en momentos de caos, la risa compartida y el reconocimiento de quiénes somos son el mejor bálsamo. “¡Por más noches bizarras y de linda locura en estas tierras y al estilo Olga!”
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