
Desde que el Covid-19 paralizó al mundo, muchos imaginaron que la pandemia no los rozaría.
Sin embargo, el tiempo se encargó de desmentir tales presunciones.
Nadie es inmune ni está exento.
Las estadísticas no mienten; muy por el contrario, resultan contundentes: alrededor de 4,6 millones de personas fallecieron por el virus.
Solamente en Argentina, al día de la fecha, han perdido la vida casi 115 mil personas. Los recuperados e infectados comparten cifras: 5 millones (y contando). Por su parte, cerca de 29 millones de habitantes (64%) han recibido al menos una dosis de vacunación, mientras que a 20 millones ya le fue asignada su segunda aplicación (44%).
En este último grupo me encuentro yo, luego de una gran preocupación que me mantuvo en vilo durante todo este tiempo (desde enfermar hasta morir), con el alivio de acceder a un derecho, nunca habiendo sido afectada mi salud y estando muy atento a los recaudos, prevenciones y demás aspectos a tener en cuenta.
Como desde el comienzo de esta situación tan delicada, renuevo cada día el compromiso de generar conciencia, cumplir y hacer hincapié las obligaciones para reducir el impacto de este mal que tanto daño ha causado y que por siempre estará presente en nuestra memoria.
En mayor o menor medida, a una muy importante parte de la población ha interpelado por distintas razones. A otro sector no, empecinado en sostener causas absurdas y sin sustento de la ciencia, a fin de cuentas el paradigma indicador para salvar vidas.
Los movimientos anti-vacunas, junto a quienes gustan ver teorías conspirativas aún existiendo fuertes evidencias para desautorizar sus presunciones, deberían saber que el cuidado propio (tapabocas, mascarilla, alcohol en gel, distanciamiento, vacunación) es también una manera de cuidar a los demás.
Cuando pase este temblor, se impone la necesidad de revisar varias cuestiones, entre ellas el proceder de los países industrializados, que en una situación de extrema emergencia han sido mezquinos para liberar las patentes de sus laboratorios.
El Covid-19 pasará, no así las muertes ocasionadas junto a la idiosincrasia de una humanidad en la que aún rige el sálvese quien pueda.














































