Cabrera y su primer trabajo solista. Para mí, uno de sus mejores discos, más allá de ser el primero y de tener una enorme lista de discos excelentes. Este detenta una frescura que luego se fue perdiendo en pos de algo más cargado y de experimentación tímbrica y arreglística. Esta balada-milonga es muy hermosa. Una letra que parece hecha recién: nada ha cambiado de esto que describe acá un Cabrera en los años 80. Este “hombre” continúa sin importarle a los estamentos, ministerios y políticos de turno. El hombre hundido en la miseria material y espiritual. De ahí provienen luego los males de los que luego nos quejamos y para los cuales exigimos penas y castigos, como si este fenómeno solo se curara con medidas punitivas. Aquí canta-dice Flavia Ripa con una fineza imposible de describir; esto está dicho de manera exquisita. Y eso produce una extraña sensación ya que está describiendo un escenario horrendo. Es como una cronista, un alma piadosa que nos cuenta la situación desde una dolida sensibilidad. La música es hermosa y así la melodía, una de las más bellas que ha hecho Cabrera.














































