Sin Eduardo Mateo, Cabrera no hubiese escrito “El Tiempo está Después”, por ejemplo, y el Darno “De los Relojeros”. Mateo colocó el tema de la paradoja del tiempo en la canción uruguaya, además de las lecturas de cada uno, desde Borges a Asimov.
Esta balada juega con una palabra “comodín”: cuerda. Con esa palabra emblema, Eduardo escribe todo el texto. Y las obvias: “acuerdo”, y la “cuerda” del reloj y la del suicidio. El arreglo es extraño, el inicio es Vangelis y en la segunda parte irrumpe The Police. El bajo es fantástico. Darnauchans canta de manera misteriosa, y más que cantar “cuenta”. La canción envuelve y las corcheas remedan, además de los segundos, a una “bomba de tiempo”. El Tiempo que es una ilusión y no existe. “Lleguemos a un acuerdo/el tiempo es una cosa/que pasa y que no existe/fuera de los relojes”.















































