Un oda al ciclista, al sacrificio, al tesón. Cabrera le pone banda de sonido al deporte y al barrio. No hay nada que desmienta que esta canción huele al oeste de Montevideo. Uno está ahí en Garzón, en Sayago, siguiendo la competencia de cerca, o mejor, es uno de esos ciclistas. Este “folk-country” uruguayo es extraño y original.
Describe el aire que cortan los competidores y el pulso quizá sea el del corazón al mango de estos deportistas abnegados. La batería crea un diseño que semeja al pedaleo frenético. Los arreglos de guitarra de Cabrera son soberbios y la aparición fantasmal de Daniel Magnone y Gustavo Martínez le da el tono perfecto, es como la voz del barrio que toma el comando de esta canción llena de luz y de energía. La voz de Cabrera se vuelve toda emoción en un final de bandera verde. Enorme tema de la bendita música uruguaya.















































