
Entre el rock, el tango, el folclore y las canciones que viajan de una cultura a otra, Emanuel Piotto construye un nexo sonoro sin fronteras. Con instrumentos acústicos, composiciones propias y versiones que se atreven a traducir a Nick Cave o Black Sabbath a la idiosincrasia rioplatense, el proyecto propone una pregunta que excede a la música: ¿De dónde vienen nuestras raíces y quién decide hasta dónde podemos transformarlas?
Su sonido parece venir de algún lugar impreciso, entre un puerto antiguo, un fogón, una cantina donde las historias sobreviven a sus protagonistas y un sótano con amplificadores. Sin embargo, no se trata de una búsqueda nostálgica ni de una reconstrucción arqueológica de músicas del pasado, la intención es más original y no son para nada una banda de covers.
El proyecto nació en Uruguay a mediados de 2024, impulsado por Emanuel Piotto, músico, multi instrumentista y luthier que desarrolla también otros recorridos artísticos, entre ellos Trovador Eléctrico, Piotto Blues, ha colaborado con Flor Sakeo, Obelisco y Hablan por la Espalda (banda que está cumpliendo 30 años).
Para esta experiencia convocó a músicos con trayectorias propias y procedencias diversas como Agustín Rezk (Golem, Motorhome), Agustín Sogliano (Regina) e Iván Krisman (Eté y Los Problems, La Hermana Menor, Oriundo, Iván y Los Terribles, entre otros proyectos). Juntos construyen una formación acústica en la que conviven contrabajo, viola, bandoneón, banjo, mandole y guitarras, instrumentos que no necesariamente comparten una misma geografía de origen, pero que encuentran una lengua común cuando empiezan a sonar.
En ese encuentro se desarma una de las costumbres más arraigadas de la escucha: la necesidad de clasificar. ¿Es tango? ¿Es folk? ¿Es blues? ¿Es rock? Las preguntas aparecen casi inevitablemente cuando una canción de Los Olimareños puede compartir repertorio con Black Sabbath o Nick Cave. Pero Piotto Folk Experiment no parece demasiado interesado en resolver ese interrogatorio. Su apuesta consiste, precisamente, en demostrar que las músicas pueden reconocerse entre sí sin necesidad de parecerse.
El EP Folk Experiment, publicado el 9 de julio de 2026, reúne cuatro canciones: Blues del demonio, Blues del cotillón, El leviatán y Loverman. Esta última, de Nick Cave, llega al universo atravesada por lo rioplatense y por esa operación de apropiación afectiva que convierte una canción nacida en otra parte del mundo en algo capaz de hablarnos desde nuestra propia experiencia.

El material también tiene una dimensión física y artesanal. La edición en cassette (editado por Chape Records) propone dos lados: el primero reúne las grabaciones de estudio disponibles en plataformas digitales, mientras que el segundo recupera registros en vivo realizados en diferentes presentaciones.
La intensidad no desaparece cuando se apaga el amplificador. Cambia de forma. Se vuelve cuerda, madera, vibración.
El silencio deja de ser la ausencia del ruido para convertirse en una presencia capaz de incomodar, conmover y ocupar todo el espacio, por eso hablé con Emanuel Piotto sobre folclore, identidad, instrumentos, canciones y circuitos musicales pero también aparece una reflexión transversal a todo el proyecto: no siempre es necesario elegir una geografía.

Cuando uno se acerca a Piotto Folk Experiment encuentra un repertorio que puede pasar de Los Olimareños a Black Sabbath, de Nick Cave a canciones vinculadas con la resistencia popular. ¿Cómo se construye esa convivencia?
Emanuel Piotto: “El repertorio va por muchas partes. Es una nueva visión, una visión propia de lo que es el folk y también de lo que es el folclore. Me interesa pensar en la separación de las dos palabras que forman folclore: folk y lore. Folk significa pueblo y lore, conocimiento. Entonces, si una canción forma parte de nuestro folclore, forma parte de nuestro conocimiento popular.
En el repertorio hacemos una canción de Nick Cave, que es un músico australiano que ha venido a tocar a Uruguay y seguramente ha tocado en todas partes del mundo. Hacemos Loverman, pero yo hago una traducción al español, porque eso también sucede en el folclore. Arroz con leche” es una canción popular que se canta en distintas partes del mundo, en el idioma en el que vive la gente. No se canta necesariamente en el idioma original en el que fue escrita, ni siquiera se sabe quién la escribió.
Con Loverman tomo esa decisión de pasarla a mi idioma, al idioma de mi pueblo, que es un español uruguayizado. No utilizo un español neutro. Lo mismo pasa cuando hacemos War Pigs, de Black Sabbath, y aparecen palabras como mufa o yeta, que pertenecen al lunfardo y a nuestra manera de hablar.
También está Dios a Salto, una composición de Lima que popularizaron Los Olimareños y también hemos tocado Los Dos Gallos así como otras canciones de otros artistas – u orígenes – que me atraviesan, como es el caso de Bella ciao. Esta última es una canción italiana vinculada a la resistencia, cuyo autor no está claramente identificado. Para mi. son canciones que tienen una sonoridad popular, de puerto.
Lo popular no es necesariamente lo que conoce todo el mundo. Una persona inglesa probablemente no conozca una canción de Víctor Lima, pero esa canción forma parte de nuestro conocimiento popular. Lo que nos atraviesa regionalmente también es folclore”.
Esa mirada parece poner en cuestión la idea de que cada género debe permanecer dentro de un territorio delimitado.
Emanuel Piotto: “Es difícil decir que lo que hacemos podría ser considerado tango, pero también es difícil decir que es folk o country. Yo lo catalogo como un proyecto de rock, más que nada porque somos músicos de rock. Yo soy un cantante de rock, mi voz está al frente y mis referencias vienen de ahí.
Aunque haga una canción de Los Olimareños o de Black Sabbath, no va a sonar ni a Black Sabbath ni a Los Olimareños. Va a sonar a mí y el repertorio está atravesado por la música con la que conecto personalmente. Yo decido buena parte de las canciones, aunque mis compañeros también proponen y hacen los arreglos. Muchas cosas surgen de ellos. Hay una libertad para aportar y encontrar qué funciona con esta formación.
Cuando ves la lista de canciones, podés preguntarte cómo vas a pasar de un tema de proto-metal o hard rock al canto popular pero hay una coherencia sonora que tiene que ver con los instrumentos, con las cuerdas, con mi voz y con la manera en que interpreto las canciones”.
También aparece una cuestión cultural. A veces pensamos las tradiciones como compartimentos separados, cuando las canciones pueden expresar experiencias humanas que se parecen mucho entre sí, aunque hayan nacido en sociedades distintas.
Emanuel Piotto: ” Si, nosotros entramos al certamen Guitarra Negra, de proyectos vinculados a la raíz folclórica, porque considero que la hay pero con nuestro enfoque. Estamos teniendo talleres con músicos y talleristas. Tuvimos uno con Ruben Olivera, que es musicólogo, y estuvimos hablando justamente de que no existe una raíz pura.
No existe eso de que el bandoneón sea exclusivamente de una parte del mundo y el banjo de otra. Las cosas van llegando, la gente se apropia de ellas o no, sobreviven o no sobreviven. Así se van dando los procesos culturales. Hay que atreverse a innovar y a ser diferentes, pero también hay que conocer la cultura para poder transformarla, para hacer algo distinto.
Por ejemplo, Dino fue cuestionado por hacer una milonga con guitarra eléctrica. En su momento pudieron verla como algo que estaba mal, pero con los años Milonga de pelo largo se convirtió en un himno. Zitarrosa también la incorporó a su repertorio y terminó siendo una canción que se canta hasta en las escuelas.
Uno es quien es, más allá de que tenga ídolos o referencias.
La realidad propia termina apareciendo. En nuestro caso, tenemos un banjo porque conseguí uno a través de un intercambio con un cliente: él tenía el banjo y no quería tocarlo, así que lo cambiamos por una guitarra. Iván tiene el bandoneón porque era de su abuelo, que tocaba tango. Cada uno llevó al proyecto los instrumentos que forman parte de su propia historia. No es un capricho, es lo que nos rodea”.

¿Qué sucede con tus propias canciones cuando pasan por Piotto Folk Experiment?, ¿También se transforman en ese viaje entre instrumentos y lenguajes?
Emanuel Piotto:” Sí, también reversiono mis propias canciones. Estoy todo el tiempo reversionándome. Tengo muchas composiciones y las hago con diferentes formaciones. Con Piotto Blues, por ejemplo, podemos tocar canciones de Piotto Folk Experiment, pero hacerlas completamente distintas, mucho más pesadas y con Piotto Folk Experiment podemos agarrar un tema de Trovador Eléctrico y hacerlo mucho más lento.
Hay canciones que funcionan mejor en un proyecto que en otro. En este caso, algunas tienen más que ver con el blues o con algo popular. El leviatán es un ejemplo, al igual que Blues del demonio. Son canciones que ganan con esta sonoridad y que quizás ya no toco con las otras formaciones.
Los músicos con los que comparto tienen su libertad. Ellos pueden hacer lo que quieran y hay muchos aportes. Cuando una canción conecta con los instrumentos, crece”.
¿La combinación de esos instrumentos fue una búsqueda deliberada desde el comienzo?, ¿Encontraste referencias de otras formaciones similares?
Emanuel Piotto: “Cuando nos juntamos a armar el proyecto, estuve buscando referencias porque quería saber cómo iban a ensamblarse los instrumentos. La verdad es que no encontré nada con un banjo y un bandoneón juntos. Encontré algo parecido, pero era un choro brasileño, que tiene algunas cosas en común con el tango pero no encontré una formación así, al menos en Uruguay, Argentina o Brasil”.
¿Creés que uno puede moverse entre mundos sin que eso implique traicionar el lugar del que viene?
Emanuel Piotto: “Yo no creo que las cosas sean de un lado o del otro, no creo que haya una orilla o la otra. Siento que podemos estar en el río que está en el medio, navegando ahí, y no tenemos por qué pararnos de un lado o del otro. Incluso podemos pararnos de ambos lados.
Por ejemplo, antes te mencionaba a Ruben Olivera y él es alguien que escribió canciones que son un himno, como A redoblar pero también va a ver a su hija (líder de la banda Yakisoda) cuando toca. Muchos mundos pueden convivir por lo que no creo que sea una traición. Hay que tener claro qué es cada cosa. El underground tiene sus propios códigos, su propia cultura, y se mueve en paralelo al mainstream. No es necesariamente una sala de espera en la que estás hasta que llegás a otro lugar.
Muchas bandas que hoy están en el mainstream ya hacían su música en el underground hace diez o quince años. Pienso en grupos que ahora llenan lugares y que llevan años tocando. El hecho de llegar a otro público no significa que tengan que dejar de hacer lo que hacían.
Nosotros queremos mantener nuestros códigos, nuestra cultura under, pero también queremos llegar a un público popular. Y queremos llevar lo popular al underground.
Nos ha pasado de tocar para cincuenta personas y que alguien quede sorprendido al escuchar una canción de Los Olimareños, después de haber escuchado Black Sabbath. De repente descubre que le gusta una música que no había considerado antes”.
Además, también es intrigante la relación entre sonidos con mucho volumen y lo acústico. ¿Qué encontraron en ese cambio de lenguaje?
Emanuel Piotto: “Todos venimos de mucho ruido, de bandas pesadas, amplificadores muy fuertes, toques ruidosos y sótanos. Conectar con el silencio y sentir que el silencio también es igual de poderoso que todas esas bandas es parte de la búsqueda que tenemos. Nos da una satisfacción personal.
Desde el primer momento en que nos juntamos a tocar, nos dimos cuenta de que estábamos yendo a la raíz de nuestro ruido y que podíamos ser igual de fuertes siendo silenciosos.
Nos pasó en una presentación en Tazú, donde compartimos escenario con bandas muy rockeras. Un periodista hizo una crítica y destacó que éramos una banda que, aun sin distorsión, sonaba muy rockera. Me parece que va por ahí”.
El silencio puede llegar a ser abrumador. A veces la distorsión extrema parece ocupar todo el espacio, pero una interpretación acústica deja todo más expuesto.
Emanuel Piotto: “Sí. No significa que dejemos de ser músicos de rock. Esa experiencia está en nuestra manera de interpretar, en el sonido que buscamos y en la música que hacemos. La formación acústica no borra lo que somos. Nos permite trabajar con otros recursos y descubrir cosas diferentes”.
El material que publicaron en plataformas aparece como un EP de cuatro canciones. ¿Cómo definís ese lanzamiento y qué lugar ocupa dentro de la historia del proyecto?
Emanuel Piotto: “Es un EP, sí. Se llama Folk Experiment. Dura alrededor de 22 minutos.
Hoy hay álbumes que duran eso pero las plataformas tienen sus propios criterios para definir qué es un álbum y qué es un EP. Yo no me detengo demasiado en esa clasificación. Lo nombré Folk Experiment porque quería que se supiera que ese era el nombre del proyecto y del material”.
La edición en cassette incorpora, además, grabaciones de diferentes presentaciones. ¿Qué se va a encontrar quien consiga una de esas copias?
Emanuel Piotto: “El cassette tiene dos lados. El primero contiene esos temas que están en Spotify, las grabaciones de estudio. El otro tiene unos quince minutos más de grabaciones en vivo.
Está War Pigs, de Black Sabbath, registrada en el Centro Cultural Serendipia, en Solymar. También La manzana, una composición mía grabada en vivo en el estudio Macanudo; Buenos Aires y Colón, registrada en la Feria del Cassette, en Tatú 314, y Mother, de Glenn Danzig, en nuestra versión en español, grabada en la sala Hugo Balzo del Sodre. Son registros de diferentes instancias del proyecto, de presentaciones en lugares distintos. La idea es que el material reúna esa parte del recorrido”.
Después de un año de presentaciones, el proyecto parece estar en una etapa distinta, más orientada a producir material y abrir posibilidades de circulación. ¿Cómo estás viviendo ese momento?
Emanuel Piotto: “El año pasado tocamos bastante, sobre todo en el circuito underground, y tuvimos varias presentaciones más masivas. Este año nos dedicamos a producir el material para que saliera y a tratar de conseguir actuaciones en lugares diferentes.
Estamos a disposición de los organismos de fortalecimiento de las artes y del catálogo de circulación y este 14 de octubre vamos a tocar en Sala Zitarrosa dentro del marco del certamen Guitarra Negra.
También siento que hubo un crecimiento profesional de la banda. Si bien el proyecto nace de una necesidad personal porque nos gusta la música que hacemos y queríamos sentirnos cómodos sentándonos con instrumentos acústicos, en un fogón, sin distorsión, pero conservando esa potencia, al mismo tiempo, queremos crecer profesionalmente”.
Hacia el final de la entrevista, la tercera orilla vuelve a aparecer. La imagen de Guimarães Rosa queda como una forma posible de pensar el proyecto pero también como una metáfora de la propia creación artística. A veces, las opciones que parecen excluyentes solamente lo son porque aceptamos las fronteras que otros trazaron antes.
El rock no tiene que renunciar a su potencia para sentarse junto al folclore. El folclore no necesita convertirse en una pieza inmóvil para conservar su historia. Una canción de otro continente puede entrar en el repertorio de un músico uruguayo sin perder necesariamente su memoria, porque traducir también es una forma de escuchar y de reconocer aquello que puede compartirse.
Piotto Folk Experiment no propone una síntesis perfecta ni una fusión destinada a resolver las diferencias. Su riqueza está, justamente, en mantenerlas vivas. El bandoneón no deja de ser bandoneón cuando se encuentra con el banjo. Black Sabbath no se convierte en Los Olimareños, ni los Olimareños necesitan sonar como una banda de rock. Cada elemento conserva algo de su procedencia, pero adquiere una nueva posibilidad al entrar en contacto con los demás y en ese encuentro aparece una música sin fronteras.
No te pierdas de verlos en vivo este 14 de octubre en Sala Zitarrosa. Entrada libre.