
El Auditorio Nacional del Sodre fue escenario de una noche de fuerte carga emotiva y celebración histórica: la presentación de Nasser 4.0, el espectáculo con el que Jorge Nasser festejó sus 40 años de trayectoria musical.
Nasser 4.0 nació como la celebración de 40 años de trayectoria de Jorge Nasser, pero tras la partida de su hijo Simón en abril, el concierto encontró un sentido mucho más profundo: el de convertir las canciones en refugio y la sala en un abrazo colectivo.
La electricidad de Níquel como punto de partida
Con los brazos abiertos y la guitarra eléctrica colgada, Nasser abrió la noche con «Prueba viviente», una declaración de principios que cobró una resonancia conmovedora. Respaldado por una banda contundente donde brilló la guitarra de Gonzalo de Lizarza, el primer tramo rescató la furia y la vigencia de la era dorada de Níquel: «No tengo timón», «Lluvia de amor», «Sangre y rosas», «Candombe de la Aduana», «Amo este lugar», «Palabras para Julia» y «Nancy y Sid».
La madera acústica: Paul Higgs y la raíz íntima
Tras abrir en solitario con «Maestra», llegó el primer cruce generacional de la noche. Nasser presentó a Paul Higgs —a quien definió como una de las promesas del rock uruguayo— para un pasaje acústico de mandolina, maderas y armónica. Juntos enlazaron el estreno de «Fetal» con dos rescates entrañables de Pueblo chico infierno grande (1996): «Demasiados tangos» y «Tres veces nada».
Memoria y familia en escena
El momento más sobrecogedor ocurrió promediando el recital. Sus hijos Francisco y Martín subieron al escenario para interpretar «Playa Honda», a los que luego se sumó su nieta Rosa Nasser (de 8 años) para cantar «Paisaje interior», aportando una calidez y ternura que aflojó la emoción contenida de la sala.
Acto seguido, un telón blanco descendió para proyectar imágenes de la vida de Simón mientras sonaba «Está bien» (canción de su proyecto Saimon). Los raperos Seba Jones y Gula tomaron el escenario para recordarlo, desatando una cerrada y prolongada ovación de pie en toda la Sala Fabini.
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Milonga, duetos históricos y despedida
En el último tramo, el espectáculo adoptó el pulso criollo y milonguero:
Vicky Ripa, quien acompañó como corista en todo el recital, brilló con luz propia en «Luchadores en lodo».
En un momento cumbre de la noche, Alejandro Spuntone y Garo Arakelian se unieron a Nasser para una vibrante versión a guitarras criollas de «Las décimas», sellando también en escena el reencuentro de los exintegrantes de La Trampa.
Emiliano Brancciari se sumó para compartir la «Balada de los corazones perdidos», reeditando la complicidad plasmada años atrás en el disco Dúos.
Con el bajista Nicolás Román sonó «Una risa así» (dedicada a Ruben Rada), antes de levantar a todo el auditorio con «A tus pies», «Milonga del querer» y «La vida empieza».
Para los bises, «Es para siempre» y el clásico zitarroseano «Pa’l que se va» pusieron el broche de oro a dos horas de comunión pura. Jorge Nasser celebró 40 años demostrando que, sin importar los golpes ni el paso del tiempo, las canciones siguen siendo el lugar donde siempre se puede volver a empezar.
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