“MUSKISMO”, bajo el subtítulo de “Elon Musk y la nueva era posliberal”, es un libro escrito por el historiador canadiense Quinn Slobodian y el tecnólogo estadounidense Ben Tarnoff, publicado en su idioma original en 2026 y en español, por Editorial Taurus, ese mismo año.
Todo el mundo tiene opinión formada sobre Elon Musk: genio emprendedor, rey de los memes, pelele de la ultraderecha, un salvador, un payaso, un malvado, un adicto.
Pero no es importante quién es Musk, sino, síntoma de qué es Elon Musk.
Hace un siglo Henry Ford transformó su apellido en sustantivo: “fordismo”, y del mismo modo, Elon Musk no es solo un hombre, es el avatar de una nueva visión del mundo: el muskismo.
El muskismo es el sistema operativo del siglo XXI que promete la soberanía gracias a la tecnología.
Elon Musk vende la fantasía de la tecnosoberanía, de que en este mundo cada vez más inestable, tantos estados como individuos pueden fortalecer su autonomía conectados a las infraestructuras de sus empresas.
Por supuesto que, si eso sucede, el mundo se vuelve dependiente de Musk y sus empresas.
Porque Elon Musk no es un libertario que aborrece del estado, sino un empresario que busca fusionarse con el Estado, beneficiarse de él, y convertirlo en su vasallo.
El muskismo entiende al mundo como un código dañado, un sistema con fallos; aunque en su mirada los verdaderos fallos del sistema son las personas.
Personas por las cuales gran parte del mundo siente empatía, pero no Elon Musk, para él la empatía es una vulnerabilidad en nuestro software mental.
El mensaje es “endurece tu corazón y depura la base de código”.
¿Cómo?: a través del troleo en redes sociales, limpieza ideológica y deportaciones en masa, con el objetivo final de llegar a una comunidad purificada de fallos y virus, definida por la pertenencia cultural y genética a un Occidente blanco.
Musk plantea la existencia de un “colectivo cibernético” del que todos formamos parte unidos a las redes sociales, la fusión máquina-mente y la inteligencia artificial.
El miedo de Elon Musk es que el colectivo cibernético esté afectado por un virus mental, el virus mental woke; y una vez que eso suceda los sistemas de inteligencia artificial, como Chat GPT, quedarán también infectados de wokismo; inclusive puede sucederle al objetivo final: la superinteligencia artificial.
Ese es el enemigo central del muskismo, y contra eso plantea un enfrentamiento tecnológico y político, para lograr que el ciborg colectivo que estamos construyendo tenga la pureza ideológica buscada.