
Agarrate Catalina reunió a la prensa en El Sótano para hablar de sus 25 años y terminó abriendo las puertas de lo que viene: un Antel Arena, un disco de estudio, Brasil y el regreso al Carnaval 2027. Pero detrás de los anuncios apareció una historia bastante más íntima. Después de recorrer el mundo, la murga extraña el tablado, el barrio, la gente y esa posibilidad que ofrece febrero de volver a estar todxs juntxs
La cita, en realidad, estaba prevista para el viernes 7 de agosto. Pero una alerta meteorológica anunciada para esa jornada obligó a cambiar los planes y el encuentro se postergó hasta el lunes 10.
Poco antes de las 19 llegué a El Sótano. Desde afuera ya se advertía que no sería una tarde cualquiera. Había movimiento, periodistas entrando y saliendo y cámaras preparándose para registrar una convocatoria que prometía novedades. La cámara de Canal 10 estaba allí y su movilera se aprontaba para salir en vivo para el informativo central.
Desde adentro alguien me hizo señas con las manos para que entrara, pero en silencio. Así lo hice. Abrí la puerta y me metí sigilosamente, tratando de no interferir con lo que estaba pasando. Una vez adentro busqué rápidamente dónde acomodarme y encontré una mesa con vista privilegiada, lo suficientemente cerca como para escuchar, observar gestos y tratar de no perder detalle.
Yamandú ya estaba allí. Mientras terminaba de instalarme comenzó el móvil de Canal 10 y, casi sin tiempo para sacar la libreta, empezaron las noticias. La atención a prensa todavía no había comenzado formalmente, pero La Catalina, a través de Yamandú ya tenía cosas para contar.
La primera fue recordar la fecha y escenario: el próximo 10 de setiembre, Agarrate Catalina celebrará sus 25 años en el Antel Arena. Las localidades inicialmente disponibles estaban prácticamente agotadas y ante la respuesta del público, habían decidido ampliar la capacidad habilitada. Yamandú lo contaba con alegría y entusiasmo, pero casi enseguida apareció otra noticia que parecía movilizarlo de una manera diferente: Agarrate Catalina vuelve al Carnaval en 2027.
La palabra “volver” empezaría a adquirir distintos significados a medida que avanzaba la noche.
Mientras El Sótano comenzaba a llenarse de colegas, las novedades seguían apareciendo. La murga está trabajando en un nuevo disco y no será simplemente otro registro dentro de una discografía construida durante estos 25 años. Será el primero concebido enteramente como un trabajo de estudio y con material inédito.
La diferencia no es menor. Buena parte de los discos de la Catalina nacieron de sus espectáculos y conservan inevitablemente algo de esa maravillosa imperfección del vivo: las voces, el escenario, el público, las reacciones, esa energía que solamente aparece cuando hay gente del otro lado. Ahora la búsqueda es diferente. Entrar al estudio, grabar por pistas, detenerse, escuchar, repetir una toma, probar otra, buscar sonidos y matices que el registro de un espectáculo necesariamente no permite.
Resultaba curioso escucharlos hablar de una primera vez después de un cuarto de siglo de trayectoria. Quizás también haya algo de eso en la explicación de por qué la Catalina sigue teniendo ganas de hacer cosas.
A esa altura El Sótano estaba prácticamente tomado por la prensa. Éramos muchos. Periodistas especializados en Carnaval, colegas de medios generalistas, cámaras de televisión, fotógrafos, celulares y grabadores iban ocupando cada espacio disponible. La cantidad de medios daba cuenta de la expectativa que había generado la convocatoria, pero la hospitalidad del bar ayudó a que aquello nunca terminara de convertirse en una fría conferencia de prensa.
Con la llegada de Tabaré y Martín Cardozo, las preguntas empezaron a circular y la presentación fue transformándose poco a poco en una conversación. Hubo respuestas largas, recuerdos, bromas y esa tranquilidad que aparece cuando quienes están del otro lado tienen ganas de contar.
El lugar elegido tampoco era casual. En algún momento Tabaré comentó que parte de los libretos de Agarrate Catalina fueron escritos allí. Miré alrededor y las paredes, las mesas y los objetos que nos rodeaban adquirieron otro significado. El Sótano no era solamente el lugar donde la murga había decidido convocarnos para anunciar su futuro; también guardaba pedazos de su pasado.
Y había algo especialmente apropiado en eso.
Los hermanos Cardozo fueron repasando con orgullo lo que ha sido esta peripecia de 25 años. Porque, visto con cierta distancia, vaya si ha sido una peripecia. Un grupo de gurises y gurisas puso en marcha un proyecto artístico colectivo, cooperativo y autogestionado y terminó construyendo una carrera que probablemente ninguno de ellos hubiera podido imaginar en aquellos comienzos.
La Catalina viajó, cruzó fronteras, conoció escenarios y públicos diferentes, compartió proyectos con artistas provenientes de otros universos musicales y llevó una expresión profundamente montevideana a lugares donde probablemente mucha gente nunca había visto una murga. Pero cuanto más avanzaba la conversación, menos parecía importar la enumeración de los destinos alcanzados y más aparecía aquello que había quedado en Montevideo.
En un momento de la noche me tocó compartir mesa con Yamandú y Tabaré. Fue allí donde apareció una de las respuestas que más me quedó
Yamandú habló de todo lo lindo que les ha tocado vivir durante estos años: viajar, recorrer el mundo, conocer lugares y subir a escenarios que aquellxs gurisxs difícilmente hubieran podido imaginar. Todo eso forma parte de la historia y lo cuentan con orgullo. Pero inmediatamente habló también de lo que se extraña.
El Carnaval, el tablado, el barrio y la gente.
No necesitó demasiadas palabras para explicarlo. Después de tanto andar, hay ganas de volver a las raíces.
Tabaré tomó la idea y agregó algo que terminó cambiando, al menos para mí, la manera de entender ese regreso. Volver al Carnaval, dijo, significa también “volver a unir a la tribu”.
La expresión quedó rebotando sobre la mesa, necesitaba una vuelta de rosca, que rápidamente explica de esta manera:
Cuando Agarrate Catalina sale de gira no necesariamente viaja la murga completa. Algunos integrantes pueden hacerlo y otros quedan en Uruguay atendiendo sus trabajos, sus proyectos, sus familias y sus responsabilidades. Pasaron 25 años y la vida, inevitablemente, también fue sucediendo alrededor de cada uno/a de aquellxs gurises y gurisas
Las giras son maravillosas, explicaba Tabaré. Conocer lugares nuevos, encontrarse con otros públicos y representar al Carnaval uruguayo lejos de casa es un privilegio. Pero no siempre está la barra entera.
El Carnaval permite otra cosa. Durante meses los vuelve a reunir alrededor de un mismo proyecto. Crear, ensayar, discutir, cantar, preparar un espectáculo y después salir juntos a recorrer los barrios. Volver a subir al ómnibus, llegar a un tablado, bajar, cantar y seguir camino hacia el próximo.
Estar todos.
Ahí entendí que cuando hablaban del regreso al Carnaval 2027 no estaban hablando solamente de volver al Concurso Oficial. Había algo bastante más íntimo; volver a encontrarse como colectivo.
Claro que para hacerlo hay un paso previo y nada menor. Agarrate Catalina deberá atravesar nuevamente la Prueba de Admisión, algo que los Cardozo dejaron claro que se están tomando muy en serio. Y tienen motivos para hacerlo.
En noviembre de 2014, cuando la Catalina buscaba regresar para participar del Carnaval 2015, se presentó a la prueba y no clasificó. Yamandú recordó aquella experiencia y lo hizo con una desfachatez que terminó provocando la risa de quienes estábamos en la mesa.
Por aquellos días, contó, les había llegado una muy buena propuesta para actuar en Dubái. La murga, sin embargo, había decidido hacer Carnaval. Había que preparar febrero, dar la Prueba de Admisión y estar en Montevideo, así que rechazaron la propuesta.
Después vino la prueba y para la sorpresa de todxs, quedaron afuera.
Entonces alguien debió pensar que todavía podían solucionar una parte del problema. Si finalmente no iban a hacer Carnaval, ¿por qué no llamar nuevamente a Dubái?
Se comunicaron con aquel contacto para contarle que las circunstancias habían cambiado y que ahora sí estaban disponibles. La respuesta fue bastante sencilla: ese tipo de contratos se firma con unos seis meses de anticipación. No era cuestión de llamar un día y aparecer al siguiente en Dubái.
Yamandú se reía mientras lo contaba. Nos reímos todos.
Hay derrotas que necesitan algunos años antes de convertirse en buenas anécdotas.
Pero detrás de la risa quedaba una explicación bastante clara de por qué la Catalina no está tomando a la ligera su regreso. Los premios, la popularidad, los viajes y los escenarios recorridos no garantizan nada cuando llega la Prueba de Admisión. Hay que presentarse y ganarse nuevamente el derecho a estar.
La conversación siguió viajando entre pasado, presente y futuro. En apenas unos días la Catalina volverá a preparar las valijas para presentarse el 13 de agosto en Río de Janeiro, en el Festival Medio y Medio del Circo Voador. Otra ciudad, otro público y otra oportunidad de representar a la murga y al Carnaval uruguayo fuera de fronteras.
Mientras los escuchaba hablar de Brasil, de viajes y de escenarios recorridos, la expresión de Tabaré volvía una y otra vez “juntar la tribu”.
Quizás allí esté la aparente contradicción que mejor explica este momento de Agarrate Catalina. Una murga que consiguió convertir buena parte del mundo en escenario siente, la necesidad de volver al barrio.
Cumplir un cuarto de siglo podría haber sido una excelente excusa para detenerse a recordar. Mirar fotografías, enumerar premios, contar kilómetros y repasar viejos espectáculos. La Catalina parece haber elegido otra forma de celebrarlo, y es estando y haciendo.
Un Antel Arena, un disco de estudio, Brasil y nuevamente el Carnaval en el horizonte.
Pero cuanto más avanzaba la noche, menos importantes me parecían los grandes escenarios. La noticia empezaba a estar en otro lado.
Cuando entré a El Sótano poco antes de las siete lo hice prácticamente en silencio porque una cámara estaba por salir en vivo y alguien desde adentro me había pedido con señas que no hiciera ruido. Unas horas después, sentado a una mesa con Yamandú y Tabaré, escuchándolos hablar del Carnaval, del tablado, del barrio, de la gente y de aquellos compañeros que quieren volver a reunir, pensé que quizás la verdadera novedad de la tarde no estaba en ninguno de los anuncios.
Se puede recorrer el mundo. Se puede cantar en escenarios que aquellxs gurises y gurisas jamás imaginaron. Se puede llenar un Antel Arena, grabar discos, viajar y cruzar fronteras.
Todo eso es hermoso.
Pero hay algo que, cuando se es murga, parece difícil de sustituir: estar todxs, pintarse la cara, subirse al ómnibus, bajarse en algún barrio de Montevideo y cantar.
Tal vez por eso, después de 25 años, volver a las raíces no significa regresar al pasado.
Quizás sea exactamente lo contrario.
Volver a juntar la tribu para descubrir, juntxs, todo lo que todavía queda por decir.
“Regresa la barra de La Catalina, se prenden las luces…. de mi carnaval”
Ir a la fotogalería
Ver esta publicación en Instagram