La realidad es un mito - Carte de biblioteca - Librería Mundos Invisible - Febrero 2020 - Foto © Federico Meneses

La literatura fantástica

¿Por qué decimos de un cuento o de una novela que se trata de literatura fantástica? Puede comprenderse como una misteriosa complicidad el hecho de que tanto el personaje de estas historias fantásticas como el lector, tengan percepciones afines respecto de lo que entienden por fantástico. O de lo que creen entender por fantástico. Intentar una definición de literatura fantástica es adentrarse en un intrincado laberinto teórico del cual se saldrá, si se logra salir, con la desagradable sensación que se tiene cuando estamos confundidos: “Lo fantástico, ese ente evanescente, inasible e indefinible, a veces género, a veces categoría, otras subgénero o especie, parece mutar entre las manos de críticos y escritores para obligarlos a elaborar teorías que se vuelven inexactas justo después de revisadas y obligarlos a caer en contradicciones” (Ana María Morales, Teoría y práctica de lo fantástico. Modelos y rupturas en Escritos, Revista del Centro de Ciencias del Lenguaje, Número 21, enero-junio, 2000). Para muchos lectores un cuento como El Ignorante, el octavo de la jornada tercera del clásico El Pentamerón. El cuento de los cuentos, de Giambattista Basile (Introducción de Benedeto Croce y Epílogo de Ítalo Calvino, Madrid, Ediciones Siruela, 2019), sería un cuento fantástico pues una serie de personajes poseen poderes extraordinarios ajenos a la cotidiana realidad, como Fulgor, que corre como el rayo; Orejas de liebre, que puede escuchar cualquier conversación en cualquier lugar del mundo; Atinasiempre, cuya puntería con la ballesta es tal que puede “cortar por la mitad un azufaito”; Soplador, que con su boca puede emitir todos los vientos desde un céfiro a ráfagas “que derriban casas” y Reciaespalda, cuya virtud es que “puede cargar una montaña en su espalda” y le parece una pluma. Un Atlas de la fábula. El actuar de estos personajes a petición del joven Moscione terminará por enriquecerlos a todos ellos. Para muchos lectores los cuentos de hadas son cuentos fantásticos porque su mundo está poblado de seres imaginarios como hadas, brujas, ogros y gnomos con poderes mágicos y sobrenaturales o simplemente personajes con poderes extraordinarios, como los del cuento El Ignorante, que favorecen o desfavorecen con sus acciones a reyes, príncipes y princesas. Sin duda, un mundo complejo que no tiene parangón con la realidad que vive el lector.

Pero los cuentos de hadas no son cuentos fantásticos, aunque algunos posean rasgos inherentes a ellos, como el miedo y el estupor, por ejemplo. ¿Qué distingue a uno de otro? ¿Por qué La Bella Durmiente es un cuento de hadas en cuanto que Historia de Ts’in Kiu-po del escritor chino Kan Pao es un cuento fantástico? (Incluido en Roger Caillois, Antología del cuento fantástico, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1967), ¿si en ambas historias hay elementos sobrenaturales? Lo que significa que no es lo sobrenatural que hace que un cuento sea necesariamente fantástico. El propio Caillois en la obra citada nos dice que “lo mágico es un universo maravilloso que se opone al mundo real sin destruir su coherencia”; ambos coexisten y no hay conflictos en este coexistir. El lector admite sin más que el mundo de los cuentos de hadas pertenece a un universo que se rige por sus propias leyes sin que estas intervengan en su realidad. En consecuencia, no le sorprende que el joven suba por las trenzas de Rapunzel hasta lo alto de la torre o que el hada madrina vista a La Cenicienta y todo lo transforme para que ella luzca como una princesa. Es decir, “El relato maravilloso se sitúa desde un comienzo en el universo ficticio de las magos y los genios. Las primeras palabras de la primera frase constituyen ya una advertencia: En aquellos tiempos o Había una vez… Por consiguiente, las hadas y los ogros no pueden inquietar a nadie. La imaginación los confina en un mundo fluido y estanco, sin relación ni comunicación con la realidad de todos los días, en la cual la mente no acepta que puedan introducirse” (Caillois, obra citada).

Pero los relatos fantásticos responden a otra relación ficción-lector. Ya dijimos lo inútil que resulta adentrarse en la teorización de este tipo de historias. Con todo, es útil, en este momento, entregar algunas definiciones que nos acerquen aunque sea “a modo de orientación” a ellos, así como identificar ciertos temas que les son propios o que de alguna manera han sido frecuentemente desarrollados en este tipo de literatura. Para Pierre George Castex, “lo fantástico… se caracteriza… por una intrusión brutal del misterio en el marco de la vida real”. En cuanto que para Louis Vax, “A la narrativa fantástica… le gusta presentarnos, habitando el mundo real en que nos encontramos, a hombres que, como nosotros, se encuentran de repente ante lo inexplicable”. Por último, para Roger Caillois, “todo lo fantástico es una ruptura del orden reconocido, una irrupción de lo inadmisible en el seno de la inalterable legalidad cotidiana” (las citas se encuentran en el libro canónico de Tzvetan Todorov, Introdução à literatura fantástica, São Paulo, Editora Perspectiva, 1975 que he traducido libremente). Un rasgo común se advierte en todas las definiciones y tiene que ver con la intromisión de lo misterioso, de lo inadmisible, de lo inexplicable en la vida real o en “la inalterable legalidad cotidiana”, como en el cuento de Kan Pao Historia de Ts’in Kiu-po, donde lo inexplicable sacude la realidad del abuelo y los nietos que terminan asesinados por su propio abuelo. ¿Son demonios los nietos? En algo más de una página el lector vive la tensión que provocan extrañas situaciones que el razonamiento no puede validar. La muerte de los nietos es un mazazo a la comprensión del lector. Aquí lo extraordinario irrumpe en la cotidianidad de ese hogar y la destruye descolocando la racionalidad del propio lector.

En el Prólogo a la Antología de la literatura fantástica (Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, Barcelona, Edhasa-Sudamericana, 1977), Bioy Casares señala que los cuentos fantásticos pueden “clasificarse por la explicación”, como en el cuento de Pao Kan que se explica “por la intervención de un ser o un hecho sobrenatural, pero insinúan, también, la posibilidad de una intervención natural”. Explicación que no debe sorprendernos pues para muchos autores lo fantástico no es más que una extensión de la realidad, una dimensión desconocida de ella: “algunos autores descubrieron la conveniencia de hacer que en un mundo plenamente creíble, sucediera un solo hecho increíble; que en vidas consuetudinarias y domésticas, como la del lector, sucediera el fantasma” (Bioy Casares, obra citada). Al respecto, no deja de ser interesante la propuesta de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero en el Prólogo de su obra Manual de zoología fantástica, México, Fondo de Cultura Económica, 1957, a propósito del paso del jardín zoológico de la realidad al jardín zoológico de las mitologías: “La población de este segundo jardín debería exceder a la del primero, ya que un monstruo no es otra cosa que la combinación de elementos de seres reales y que las posibilidades del arte combinatorio lindan con lo infinito”.

La realidad no es absurda por ser inventada, es absurda por ser real. Tal vez por ello ha sido tan difícil, por no decir imposible, llegar a un acuerdo crítico de lo que pueda ser el relato fantástico. Su propia temática comprende un amplio espectro de posibilidades narrativas, desde los sueños y el doble hasta las transformaciones y los viajes en el tiempo, que las literaturas del mundo han relatado en todas las épocas: “La literatura fantástica nace con el hombre. Está en el primer capítulo del Génesis» (Jorge Luis Borges, lección inaugural del curso sobre literatura fantástica organizado por Ediciones Siruela, en Sevilla, en colaboración con la UIMP, septiembre de 1984).

Aunque suele asociarse el nacimiento de la literatura fantástica con el siglo XIX y el romanticismo, pródigo en apariciones, cementerios y noches tenebrosas propicias para el espanto de los personajes y de los lectores, entendiendo que el espanto y el terror son solo algunas de las variables temáticas de los relatos fantásticos. Las ruinas circulares, de Jorge Luis Borges, es uno de los cuentos iberoamericanos que recoge la citada antología de Roger Caillois. En él está presente el tema del sueño en una narración que descubre al final que el soñador que sueña minuciosamente su hijo, no es más que el sueño de otro: “Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo”. ¿Y si no fuéramos nada más que una apariencia? La realidad adquiere, entonces, proyecciones insospechadas que elaboran no un mundo paralelo al lector, sino un mundo del que el lector jamás se había percatado, lo mismo que el personaje. Como con acierto lo señala Ana María Morales en su citado texto a propósito de Borges y su relación con la literatura fantástica: “el encanto de las narraciones fantásticas está en que no son creaciones arbitrarias; para él, su seducción reside en que son símbolos de nosotros mismos, de nuestra vida, del universo, de lo misterioso de nuestra vida”.

En La noche boca arriba, cuento clásico de Julio Cortázar también incluido en la antología de Caillois, por lo menos tres temáticas de lo fantástico se encuentran presente, el doble, el sueño y el viaje producto de ese sueño. La narración corre en planos paralelos, como suele darse en el relato fantástico. En un plano, el moteca huye de los aztecas por la selva hasta ser tomado prisionero y llevado hasta al ara donde será sacrificado. Era la época de la Guerra Florida. En otro plano, el moteca, ahora motociclista, sufre un accidente en una avenida de la ciudad que lo conduce al hospital. Un cuento que se explica en el último párrafo de la historia. Es interesante en este momento, escuchar al propio Julio Cortázar hablar del cuento como texto literario y de su propia creación: “Casi todos los cuentos que he escrito pertenecen al género llamado fantástico por falta de mejor nombre, y se oponen a ese falso realismo que consiste en creer que todas las cosas pueden describirse y explicarse como lo daba por sentado el optimismo filosófico y científico del siglo XVIII, es decir, dentro de un mundo regido más o menos armoniosamente por un sistema de leyes […]. En mi caso, la sospecha de otro orden más secreto y menos comunicable, y el fecundo descubrimiento de Alfred Jarry, para quien el verdadero estudio de la realidad no residía en las leyes sino en las excepciones a esas leyes, han sido algunos de los principales orientadores de mi búsqueda personal de una literatura al margen de todo realismo demasiado ingenuo” (Algunos aspectos del cuento, 1962-1963, en Obra crítica / 2, Madrid, Alfaguara, 1994).

Para terminar estos apuntes sobre la literatura fantástica, me voy a referir a Lady into fox, la historia del novelista inglés David Garnett, novela publicada en 1922. Un texto extraño, insólito y de abrupto final. Una mujer se transforma en una zorra de modo inexplicable. Su marido oculta el hecho porque la gente es muy habladora, y el diálogo y las lecturas que el hombre lee a su esposa al comienzo de la transformación, comienzan a perderse porque la mujer-zorra lentamente asume su papel animal al punto de matar las gallinas que tenían en el gallinero. Un día desaparece y su marido sale en su búsqueda. La encuentra rodeada de zorritos. El hombre consternado regresa a casa. Finalmente, se inicia una cacería y los perros destrozan a la zorra. Fin de la historia. Garnett la cierra sin ninguna aclaración.

El relato fantástico inquieta al lector. Lo sitúa en el plano de lo posible de lo imposible que no tiene, en principio, ninguna explicación que pueda traducirse a su cotidiana legalidad. Que no tiene cabida en su mundo, pero que sin embargo alimenta toda una tradición oral y escrita que está ahí, como parte de su cotidianidad: “Yo no creo en brujos, pero que los hay, los hay”. Y la realidad se le confunde con los sueños, con las apariciones, con los dobles.

La realidad se le confunde con sus propios seres imaginarios.

 

 

Imagen portada – Archivo – La realidad es un mito – Carte de biblioteca – Librería Mundos Invisible – Febrero 2020 – Foto © Federico Meneses

 

 

 

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Alejandro Carreño T.

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.