
En una noche húmeda, con llovizna convertida en brisa intermitente, la resistencia rockera se acercaba al MMBox para la primera fecha del Montevideo Live ROCK. El flyer de difusión así lo anunciaba: “Luego de más de 30 años, se juntan en un mismo escenario dos de las bandas más importantes del rock uruguayo, lo que promete ser una noche histórica”. Promesa de noche histórica. Era el festejo de las tres décadas de Montevideo Agoniza que contará con una segunda fecha anunciada para el día siguiente, junto a MOTA y GRAFFOLITAS.
Previo al ingreso, una revisión de acreditaciones algo confusa, más protocolar que necesaria, que igual se resolvió rápido. Después de eso, la noche empezó a tomar su propio rumbo.
Para quienes gustan de leer señales, no podía haber mejor inicio que la canción que le da nombre al disco. Montevideo agoniza, con puntualidad inglesa, rompió el hielo como quien empieza a orejear las primeras cartas de la noche. Siguieron Juegos de poder, Bailando en la oscuridad y La muerte elegante. El disfrute ya estaba instalado desde ese arranque, desde allí en adelante todo se fue acomodando solo.
Desde el fondo se percibía movimiento. No llegaba a ser pogo, pero tampoco estaba tan lejos. Había mucha escucha atenta, casi reflexiva. Caras de estar recordando, de sentir el pasado en el cuerpo, como si esas canciones volvieran desde otros tiempos para acomodarse, otra vez, en el presente.
Traidores eso queda en segundo plano. Desde el escenario se notaba que se daban cuenta, aunque la conexión con el público empujaba y terminaba de sostener la intensidad.
Es cierto que en el fondo del MMBox el sonido no era el mejor y que la guitarra por momentos se perdía, pero con Traidores eso queda en segundo plano. Desde abajo percibíamos que se daban cuenta, pero la conexión con el público era avasallante ganándole a toda incomodidad.
JUAN saluda, agradece y dice: “Gracias por estar acá compartiendo con nosotros canciones que compusimos hace muchos años con este animal”, señalando a su primo y guitarrista, Víctor Nattero. Y así siguieron los himnos: Solo Fotografías – No estoy loco – Salteándome un Lugar – Flores en Mi tumba – Mentiras – Viviendo en Uruguay – Buenos días Presidente – La lluvia cae sobre MVD. Una tras otra, casi sin palabras entre tema y tema. Es que no hacían falta; el oído, el cuerpo y la cabeza solo pedían canciones.
Hace unos días, mirando en YouTube la grabación del Montevideo Rock II de febrero de 1988 LOS TRAIDORES EN VIVO EN EL MONTEVIDEO ROCK II 28/02/1988 (recomiendo detenerse en el minuto 6), escuchaba a Juan decirle al público que Traidores era un vehículo, que estaban ahí por y para la gente, agregaba que el rock estaba más vivo que nunca y que eso siempre iba a ser así. Y cerraba su intervención diciendo “hay que dejarse de estupideces”. Seguramente contestando a quienes, en esos años, desacreditaban el género, las letras o quien sabe qué. Mi reflexión al respecto es comprobar la vigencia de esas palabras.
Quién no se subió a ese vehículo el jueves con las canciones, quién no volvió a otros tiempos, quién no releyó esas letras que nacieron en los 80 y siguen diciéndonos cosas hoy en día.
El recorrido seguía con Viviana es un reaccionaria, Fundas plásticas, La profunda medianoche, Máquina. En un momento, Juan vuelve a mirar al público y suelta, casi al pasar: “Les quiero decir que si bien Traidores no está funcionando actualmente, con el primo (Víctor Nattero) tenemos algunos temas nuevos”. Lo dijo así, sin más, como dejando una puerta entreabierta. Quizás haya algo gestándose, una vuelta en camino, futuras presentaciones proyectándose. Veremos…..
El final se aproximaba. Peyote ya esperaba para pedir pista, pero todavía quedaba tiempo para que Traidores rematara el setlist a todo trapo con Ella sabe bien y Radio Babilonia. Un cierre celebrado como se debía: aplausos largos, agradecimiento y esa foto desde el escenario que ya es costumbre, dejando el registro en imagen.
Se apagaron las luces por unos minutos, el movimiento en el escenario era visible. Cables, equipos, gente que iba y venía. La ansiedad empezaba a jugar porque Peyote estaba tras bambalinas a punto de salir Se demoró un poco el arranque, es verdad. Pero cuando arrancaron, se entendió todo. El sonido era una cosa seria; claro, pesado y poderoso. Como cuando te mirás con el de al lado y decís “¿está sonando así de bien o soy yo?”. Era el Peyote de siempre, afinado en todos los detalles. Qué banda!!!!
Y no dieron tiempo a nada: Criminal – HK – Guacho – La Tumba de los Crá. Arranque sin aviso, directo al corazón. El público respondió como tenía que hacerlo: cantando, a empujones, pogo y todo lo que pasa en un toque que te saca de tu eje.
La banda lo sintió al instante y aprovecho la envión sin aflojarle a la piola. Casi sin mediar palabras que anexaran las canciones. ¿Para qué? Si todo estaba pasando en las letras y la música mientras la lista continuaba con: Chupando la Cuchara – L Mental – Todos tus Muertos – Vos No Me llamaste – Ur Gay. Temas de los tres discos, transitaron por Serial, Terraja y el disco homónimo editado en el año 1995 que iniciaba el camino a posicionarlos en el lugar donde hoy están.
A esa altura, el MMBox ya estaba prendido fuego. Perkins y Pump Up the Parla acomodaron un poco a la caterva hasta que llegó Denso, donde apareció Ale Piccone con su trompeta; un crack en la ejecución con un virtuosismo fabuloso, dejó el tendal de aplausos. Siguieron Psicoterapeuta – Tierra Derretida – El Peyote Asesino. En ese tramo se sumó Flor Sakeo en guitarra. De forma natural y sencilla, tocó como si fuera parte de la banda, brillando con luz propia en punteos de guitarra y coros destilando actitud. ¡Con la claridad de quienes sabe de la importancia del momento que está viviendo!
Los bises trajeron Cable Pelado, que dio un respiro corto, apenas para bajar un cambio. Pero fue eso nomás, porque el cierre con Mal de la Cabeza volvió a desmadrar todo otra vez. Y ahí ya no había mucho para pensar. Era meterse y seguir disfrutando los momentos finales tratando de absorber todo lo que se podía, retener en la retina, en los oídos y el corazón lo que fue una noche histórica.
Impresionante lo de estas dos bandas, que décadas después nos demostraron que sus canciones siguen diciendo y transmitiendo cosas, que las seguimos cantando y sintiendo. Seguramente tenga que ver con que carecen de maquillaje y no intentan caer bien.
Hace unos días, en una entrevista escuché a Juan Casanova, decir: “No hacemos música para quedar bien con nadie”, “Nunca nos interesó ser cómodos”. Siento que suenan a presente! Aunque me quedo con otra de las frases de esa entrevista que fue: “El rock no es para agradar, es para decir lo que molesta”. Hay algo en estas bandas que siempre encuentra su momento. Llegan, se quedan un rato y se van; pero vuelven cuando la vida te hace necesitarlas.
En estos días, con la sensación de pérdida sin retorno por la partida de Indio Solari, sabiendo que hay una comunidad que siente el vacío de este tipo de referencias, porque en el fondo no estamos hablando de música o de bandas, sino de nuestras propias historias; lo que fuimos y lo que seguimos siendo.
A Traidores y a Peyote, gracias por acompañarnos todos estos años y esperamos seguir disfrutándolos.
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