Uno no deja de admirar esta obra por más que la escuche una y otra vez. Jaime estaba en Holanda, pero este disco fue grabado en Francia, sin embargo el resultado es tan asombroso que pareciera que Jaime y su staff no hubiesen elevado los pies de Uruguay (o de Argentina, en el caso de Mosalini). El candombe acá es rural, folclórico, a “lo Olimareños”. Para eso, de manera inteligente, pero natural, Jaime convocó a José Carbajal, quien estaba como tantos, en pleno exilio europeo. ¿Quién mejor para decir esto? Aquí José hace un trabajo increíble y carga de emoción y de calidad interpretativa toda su parte y es inútil resistirse a ella. La aparición inusitada de J.J. Mosalini, lo que toca y arregla, es algo que deja huellas en el corazón. Su interpretación hace que la canción obtenga ribetes de universalidad, de Tango y de Milonga, de lo mejor de la música popular del Río de la Plata.
Roberto Darvin crea una trama de guitarras exquisita y Jaime toca la base y el bajo. Una enorme canción que a Jaime le costó mucho hacer desde el texto, para encontrar las palabras precisas para lo que quería expresar, utilizando un lenguaje llano y popular. Obra que está en la cima de las más importantes de nuestra MPU por su calidad artística y por sus elementos extra; como la de haber sido producida por artistas en la diáspora en un momento histórico dramático.













































