
2 MINUTOS en MMB.
Los de Valentín Ansina cruzaron el río – “2 Minutos y un pogo que no se apagó en toda la noche”.
Fue el sábado 16 de mayo 2026. Un tipo entra tarde al Montevideo Music Box (MMB). No corre, pero va acelerado. Se mete de costado como si la puerta no tuviese el suficiente espacio para ingresar. Afuera quedó la noche húmeda de llovizna que tomaba a Montevideo a esa hora, en La Blanqueada. Adentro ya empezaba todo.
En el escenario están los 2 Minutos, preparándose, pero sin empezar del todo, como si estuvieran en el fondo de una casa acomodando cosas, sin apuro y sin dar mucha atención al entorno. Y a los minutos entra la bata con Laburantes.
No se demoró nada en armarse algo que no se iba a parar en toda la noche; el pogo. Si bien hay bandas que todavía lo provocan en momentos puntuales, en alguna canción o en algún tramo del show, acá no fue el caso. ¡Porque este pogo se dio de principio a fin, fue una cosa de locos!
Debo reconocer que pensé que era cosa de minutos cuando arranco. El motivo tenía que ver con que la gente que estaba en esa, era plus 50 y más, y es como todo, el cuerpo ya no aguanta como a los 20. Pero para sorpresa de todos, no pararon de agitar. Lo dieron todo. Armaron un revuelo que llegó hasta un crowd surfing en varias ocasiones, con recorridos largos y sostenidos.
Una total fiesta. No fue un pogo de explosión aislada, sino que fue constante. El lugar acompañó y la gente, más allá de los desbordes, se comportó muy bien. Había que darse el gusto de verlo en vivo y directo; fue espectacular, el espacio y la cercanía justa. El set-list siguió con Pelea Callejera. Casa Juan. Vago. Aeropuerto. Jason. Piñas.
A esa altura el movimiento ya estaba descontrolado. No hay canción que lo corte, las olas que van y vienen, pero nunca se detienen del todo. El tipo que estaba en el fondo ya se metió en el medio del hervidero, de fiesta y animando al resto.
La pantalla de atrás tira imágenes de algunos videoclips sincronizados con las canciones, pero el logo de la banda se queda fijo como un sello cada poco tiempo. Negro, simple y reconocible.
Wálter Mosca Velásquez, el cantante, agarra el micrófono como si siguiera en el barrio. Y dice: —Hace un montón que no veníamos… No lo explica ni lo desarrolla. Solo pide una cerveza y rápidamente le alcanzan una Pilsen mini ya abierta. Toma un trago largo y la apoya en la tarima de la batería.
Mira el lugar, se ríe: —¿Cómo puede ser que haya tan pocas barras de bebidas acá? Están lejísimos… ¡hay que hacer una caminata olímpica para tomar algo! Se ríe y el público acompaña la gracia.
Claramente, no es una queja real, sino que es parte del juego, así fue toda la noche, chistes y risas. Algo similar pasaba con Pablo Coll, el guitarrista quien insistentemente pedía al equipo de iluminadores que apagaran las luces que daban directo en el escenario. Al final, ese pedido terminó siendo un juego jocoso, ya que fueron varias las veces que hizo referencia y siempre con alguna palabra que completaba el pedido. “apaguen la luz LPM”, … “cómo joden con esas luces” etc.
Pero quien llevó el ritmo de la noche fue Mosca con sus interacciones con el público —Me operaron de cáncer, boludo. Volví con el motor 1.5. Lo suelta sin mucho misterio, haciendo alusión a la operación por un tumor en el pulmón derecho, que obligó a la banda a parar durante algunos meses en 2025. Y seguidamente tocan Amor Suicida.
Ahí el pogo ya llegaba a la mitad de la pista del MMB. No hablo de un pequeño grupo, era más de la mitad del público metido en pogo. Personas que literalmente chocaban fuerte, pero sin conflicto real. Claramente, el lugar ayuda, no estábamos tan apretados a pesar de las entradas agotadas, era una geometría perfecta para eso.
La banda no paraba de tirar clásicos, siguieron Justicia. Valentín Ansina. Lejos Estoy. Otra Mujer. El movimiento tampoco aflojaba. Por el contrario, se iba adaptando canción a canción. A veces más rápido otras más denso, pero siempre presente.
En un costado del escenario, un guardia de seguridad permanece parado desde el inicio del toque, inmóvil, mirando el mar de gente. Mosca lo ve. En un momento que baja la intensidad del show y le habla: —Sentate un rato, loco… vení. Como si fuera una charla cualquiera en una esquina. El tipo duda, pero no avanza.
En ese mismo instante, alguien del público que se encontraba en la tarima media le habla a Mosca y le pide un autógrafo. El cantante se acerca, se inclina y firma ahí mismo, sobre la valla y en medio del toque. Firma y sigue como mero trámite. Fue algo gracioso pero muy natural. Todo lo hace como si estuviera en Valentín Alsina, en la esquina del barrio, te pide una cerveza, crítica por la lejanía de las barras de venta e invita al seguridad a sentarse mientras firma un autógrafo, todo eso en medio del toque. ¡¡¡¡¡Un crack!!!!! A pesar de todo esto, el recital continuó y siguieron tocando sus canciones; La Marcha. Borracho. Arrebato. Gatillo. Canción de Amor. No Moleste. Canción de Adrián. Mejor Recuerdo. Barricada. AXE. Washington. Le dan continuidad a la noche. Los temas pasan y el movimiento no afloja. El MMB parece diseñado para que el cuerpo no se quede quieto, el punk lo provoca y la banda lo demanda desde el escenario.
Mosca mira otra vez hacia abajo, sonríe: —Está bien esto… está bien el lugar. Interpretando lo que estaba pasando abajo, que era una fiesta tremenda. En un tramo toma la voz Alejandro “El Indio” Mirones. Cambio natural por unos minutos, para interpretar unos temas mientras Mosca sale para refrescarse, pero no pasaron cinco minutos y el cantante natural ya esta nuevamente en el escenario. Al grito de. —No te adelantes! Fue la respuesta a alguien del público que había pedido una canción, y complementa con; ¡no somos una rocola!
Después cae Ya no sos igual. Momento en que se desmadra en todos los sectores. Ya no hay arriba ni abajo. Todo es una sola masa en movimiento que terminan de agitar las ultimas que fueron Caramelo y 2 Minutos que fue la que cerró el show
Luego de una hora y media de punk, 22:45. termina una noche increíble de la banda de Valentín Alsina que marcó época y dejó secuelas en varias generaciones a ambos lados del Río de la Plata. Aquellos tiempos donde el punk tenía nombres referencias claras como Ramones, La Polla Records y 2 Minutos. Quién no tuvo en su remera, estampado alguno de estos nombres.
El tipo que entró tarde sale del MMB con el pogo todavía en el cuerpo, en la ropa y en la cabeza, como una vibración que no termina de irse del todo, aunque ya esté afuera. Camina un poco sin apuro, mezclado con la gente que se dispersa, cuando se cruza con algún truhan conocido de historias de pueblo, de esos que uno no sabe si realmente estuvieron ahí o si siempre estuvieron contando lo mismo. Se miran y se reconocen e intercambian un comentario corto para seguir cada uno su rumbo.












































