En el universo de la canción murguera, escritas por Jaime Roos, existen varias gemas. Esta está, para mí, entre las mejores y no tuvo el éxito popular que creo merecería. El texto es del enorme Carlos Soto y riega de poesía callejera y culta- al mismo tiempo- este costado de la hermosa Ciudad Vieja: el icónico Mercado del Puerto.
La letra me recuerda mucho a Penny Lane, o es con la misma fuerza expresiva para retener sensaciones cotidianas y recuerdos lo que me lleva a esa analogía. La letra de Soto es superior a Penny Lane; tiene humor, ironía, nostalgia y afecto. La música de Jaime es tremenda y lo coloca como el mayor compositor en este género.
Es una suite de murga y comienza con una especie de letanía, a marcha camión lenta, cantada bellamente por el sobreprimo y lo sigue un coro pequeño; siento que ese sobreprimo emula a un gorrión que desde un pretil de la C. V. nos anuncia que estamos cerca del objetivo y el coro que se arrima, de voces masculinas y femeninas, es de los demás gorriones y palomas que lo acompañan. Luego aparece la A que es de una belleza inusitada con Pinocho Routin como solista, cantando de una manera excepcional su parte. Irrumpe el coro completo y estalla la murga como una tromba de colores. Luego pasa a un samba y todo cambia a la “Ópera do Malandro” (Jaime hace cine dentro de una canción) y en un acorde fantástico reaparece de forma increíble el coro que lleva a la A de nuevo, con la voz solista, en esa triste y bella melodía, afianzando el coro hasta que la marcha camión se deja llevar hasta el final con voces adicionales. Un trabajo de producción increíble de un gran artista, de Uruguay y de cualquier lugar del mundo.















































