En 2012, Mario Vargas Llosa publicó La civilización del espectáculo, compilado de notas escritas como columnista de diario El País de España. El libro parte de la idea según la cual se asiste desde hace décadas a una era que podría ser denominada poscultural, en que la filosofía y las artes quedan desplazadas por el deporte, la gastronomía y la música popular, elecciones de una sociedad más individualista y con menos vocación de lectoescritura.
A casi una década de ese texto estrenado por el autor peruano, Premio Nobel de Literatura en 2010, la mención vuelve a colación a partir de un hecho de repercusión internacional.
Ayer, las selecciones de fútbol de Brasil y Argentina se medían en San Pablo por la 8va fecha de las Eliminatorias rumbo a la cita de Qatar 2022.
El cotejo duró apenas 7 minutos, cuando autoridades sanitarias irrumpieron, primero en el estadio y luego en el campo de juego, para tomar medidas contra cuatro futbolistas albicelestes (Emiliano Martínez, Cristian Romero, Giovani Lo Celso, titulares en ese momento; y Emiliano Buendía, ocupando un lugar entre los relevos). Todos ellos eran provenientes de Inglaterra, uno de los países señalados por Brasil como peligrosos en el contagio del Covid-19. Acusados de no anunciar en la declaración jurada para entrar al país carioca esa procedencia, su participación estuvo en duda hasta pocas horas antes del encuentro; pero con la venia de FIFA y CONMEBOL, el problema parecía resuelto.
Jair Bolsonaro, neoliberal como Vargas Llosa, preparó la escena como hace tres meses, cuando postuló la localía de su país para salvar una Copa América cuya sede compartida entre Colombia y Argentina no iba a poder llevarse a cabo (por conflictos políticos y sanitarios, respectivamente). Pero aquella vez algo salió mal: Messi levantó la Copa en plena tierra brasileña venciendo en la final a los locales.
Ahora fue lo mismo. Preocupados por los contagios, algo que en un año y medio pareció no importarles tanto, las fuerzas policiales montaron un show que el planeta repudia (A propósito: ¿Ante quiénes debe quedar bien Sudamérica? ¿Ante el Primer Mundo, que mezquina soluciones?).
Bolsonaro decepciona de nuevo a una ciudadanía que desaprueba su gestión.





































