
Poeta Soporta Poeta (PSP) , un ciclo de poesía donde los poetas interactúan en duplas, generando una sinergia única y un soporte mutuo en cada presentación. Más allá de la recitación, el ciclo se enriquece con performances y música, convirtiéndose en un evento que destaca por su calidad y dedicación.
El ciclo fue creado en 2020 por la multifacética artista, poeta, escritora y creadora Vivianne Artigas , quien ha sabido conjugar sus múltiples talentos para dar vida a un espacio vibrante y polifacético. Vivianne es una prolífica artista que ha transitado tanto el mundo de la poesía como el del teatro, no solo en el ámbito montevideano, sino también a lo largo de la región rioplatense, ha vivido y estudiado en el vecino país.
Entre sus destacados logros, se encuentran varios premios de poesía Slam, consolidándose como la representante de Uruguay en Abya Yala Poetry Slam México. Además, se desempeña como docente en la escuela de poesía ‘’Más Acá De Los Mundos’’ perteneciente al prestigioso Teatro Solís.
Actualmente,también coordina talleres en el proyecto Club Social y Deportivo de Poesía, junto con su colega y amigo Agustin Lucas. El nombre del ciclo le va muy bien a la personalidad de Vivianne ya que destacan sus pasiones: el arte poético y el deporte, en particular el fútbol. Este proyecto, impregnado de su propia personalidad, refleja su enfoque de integrar profesionalismo sin perder la lírica y el espíritu creativo que la caracterizan. Siguiendo diversos enfoques artísticos, también se ha desempeñado como actriz y creadora en las artes plásticas y audiovisuales. Entre sus proyectos más destacados se encuentra la miniserie “Tout Intoxique”, en la cual asumió los roles de dirección, actuación y edición. Los capítulos de esta producción están disponibles en su canal profesional de YouTube, reflejando su capacidad de crear obras integrales con una propuesta estética y narrativa única.
Y nos vamos a lo que vinimos, a sumergirnos en el maravilloso mundo de Poeta Soporta Poeta.
El ciclo tuvo un giro inesperado esta vez, abriéndose con la cautivadora voz de un poeta solitario, el argentino Debret Viana. Desde el escenario, desplegó un monólogo íntimo cargado de amor, muerte e ironía, tejiendo versos que resonaron en la mente de los presentes.
Luego, la escena se transformó con la aparición de Joaquín Mauad y Pedro Cayota, una dupla que nos condujo hacia las profundidades de la reflexión. Sus palabras, más que recitadas, fueron representadas y vividas, entrelazándose con gestos y sonidos en un juego entre poesía y performance.
Las intervención del DJ Nicolas Soto Diaz , al sintetizar sonidos desde su órgano, se convierte en una suerte de partitura invisible que enriquece la atmósfera, construyendo un delicado equilibrio entre lo acústico y lo emocional. Mientras tanto, la pantalla gigante proyecta imágenes cuidadosamente elegidas, enmarcando cada intervención con un contexto visual que potencia la narrativa.
Todo el espectáculo se sintió como un entramado artístico donde el verbo y el sonido se fusionan en una experiencia única. A continuación, el escenario fue tomado por la dupla conformada por Romina Bonomi y Nicolás Sequeira, quienes, con sutileza y serenidad, nos invitaron a recorrer un universo sin altibajos, de poesía diáfana y sin aristas. Sus versos fluyen con calma, evocando la cadencia de una conversación íntima.
Un respiro profundo se apoderó del aire, y el silencio pareció tomar vida propia, anunciando la llegada de la última dupla: Victoria De Santiago y Vivianne, que emergieron con la fuerza de un vendaval,mientras honran, esa promesa tácita de “Poeta Soporta Poeta”, donde el eco de uno se diluye y renace en la voz del otro.
Desplegando su madurez poética y lírica . Cuerpos y voces se entrelazaron en un vaivén de emociones desbordantes, desgranando la esencia misma de la vida, del amor, del dolor y la muerte. Cada movimiento y cada palabra fueron latidos, pulsando con la intensidad de quienes se entregan por completo a la verdad de su arte.
El público se dejó arrastrar por esa marea de sentimientos, y al finalizar, como un acto de resurrección, estalló en un aplauso cálido y sincero. Fue una devolución cargada de gratitud, fue un abrazo invisible que cerró con dulzura una velada profundamente emotiva y transformadora.
¡¡Gracias por el viaje!!


































