
«El camino más corto que separa al sueño de la realidad es el arte» (Marcel Marceau).
El último 23 de marzo se cumplieron 100 años del natalicio de un artista legendario como el francés Marcel Marceau (1923-2007), considerado el mimo más grande de la historia.
Las imágenes que lo retratan en pleno ejercicio de su destreza actoral muestran la dualidad típica de los rostros del teatro: en una sola persona se reúnen la alegría y la tristeza como expresiones dadas simultáneamente.
Su identidad de origen era Marcel Mangel, pero decidió cambiar su apellido para salvar su vida, ya que en plena ocupación alemana sobre el territorio francés durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi asesinó a su padre, un humilde carnicero de Estrasburgo.
Desde entonces, Marceau se alistó en las tropas francesas para ejercer la resistencia. De allí el principal hito de su biografía: haber salvado a alrededor de 500 niños judíosen el cruce hacia la frontera con Suiza.
Aquella gesta tuvo la épica de crear un mundo de fantasía, entre la magia y el juego, en el que Marceau logró entretener a infantes mediante el silencio y las acciones, para que no se dieran cuenta del horror que atravesaban.
De cierta manera, esa suerte de aventura en medio de la tragedia remite al argumento de La vida es bella, Premio Óscar a la Mejor Película Extranjera en 1999. La realización del director italiano Roberto Benigni cuenta el profundo amor de un padre que le hace creer a su hijo la ficción de que la existencia humana puede ser maravillosa aún teniendo que habitar los campos de concentración.
Marceau también tiene una película que lo homenajea: Resistance (2000, del director venezolano Jonathan Jakubowicz). En ella se reconstruye el hostil contexto de los acontecimientos, los cuales exponen la fragilidad humana aún en sus esfuerzos por sobrevivir.
Marceau ha sido conocido como ‘El poeta del silencio’. Después de la guerra continuó su carrera, convirtiéndose una celebridad que recibió distinciones, respeto y cariño, a niv masivo.
Su mensaje siempre fue de paz y sin resentimientos, demostrando que la inteligencia y la sensibilidad son mucho más poderosas que la ignorancia y la brutalidad al momento de salvaguardar los destinos de la especie.































