Es cierto que las elecciones primarias son una radiografía no oficial de lo que piensa la gente, pues la radiografía oficial llega con las elecciones. Pero siempre son una señal que no debe despreciarse, sobre todo cuando de paliza se trata y cuando queda tan poco para la prueba final. Es lo que deben estar pensando los Fernández en Argentina luego de la debacle de PASO (Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias). El propósito de estas primarias legislativas es determinar quiénes ocuparán los cargos regionales en las elecciones de noviembre próximo, muy importantes para clarificar el panorama político argentino siempre cubierto de nubes tenebrosas. La Cámara de Diputador, por ejemplo, reemplazará a 127 de sus 257 miembros por un periodo de cuatro años. Por su parte el Senado renovará un tercio de sus miembros: 24 senadores. Y las urnas no fueron gentiles con el oficialismo Frente de Todos. “Es un escenario catastrófico para el gobierno, con estos números la perspectiva es que el triunfo opositor debería consolidarse dentro de dos meses”, declaró el politólogo Carlos Fara, consultor político y especialista en opinión pública, campañas electorales y comunicación de gobierno.
Realmente catastrófico para la Casa Rosada, que del 48% que obtuvo en las presidenciales del 2019 llegó a un escuálido 31% en estas primarias legislativas. Este resultado lo colocó a nueve puntos de distancia de la principal alianza opositora Juntos por el Cambio, que logró el 40% de los votos. Con este resultado el Gobierno perdió 17 de las 24 provincias incluyendo Buenos Aires, la más poblada y cuna del peronismo. De mantenerse estos resultados el oficialismo perdería la mayoría absoluta en el Senado y la primera minoría en la Cámara de Diputados. Negro panorama para los Fernández. Todo azul para la oposición, comenzando por el alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta quien se la jugó por Diego Santilli, exvicejefe de Gobierno en la ciudad de Buenos Aires para disputar la candidatura por la provincia de Buenos Aires, y por la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal en la capital. Ganó con ambos candidatos, siendo el político opositor con más crédito para las presidenciales.
¿Por qué le fue tan mal al gobierno de Fernández en estas primarias legislativas? Asumida la paliza, comenzó la búsqueda de los culpables. En política así funcionan las cosas. Y el señalado con el dedo fue el propio Presidente. El pésimo manejo de la pandemia, el escándalo “Olivosgate” con fotografías y videos que muestran la celebración de cumpleaños de Fabiola Yáñez, su esposa, sin respetar las restricciones impuestas por causa del corona virus, el escándalo de la vacunación a personeros del Gobierno y amigos que significó la salida del ministro de Salud, el decadente estado económico del país, el malestar social y la polémica insuperable entre el Presidente y Cristina, le pasaron la cuenta a Alberto Fernández y al kirchnerismo pues, aunque Cristina Fernández no es la presidenta, se sabe que es ella quien pinta la Casa Rosada.
La crisis se agravó más aún con la renuncia de cinco ministros y cuatro funcionarios kirchneristas de alto nivel, el martes pasado, lo que evidencia la presión que la expresidenta quiere imponer al Presidente para que adopte una política más “agresiva”, comenzando por la salida del ministro de Economía. La respuesta del Presidente fue clara y directa: “He oído a mi pueblo. La altisonancia y la prepotencia no anidan en mí. La gestión de Gobierno seguirá desarrollándose del modo que yo estime conveniente”. Claro que la respuesta kirchnerista fue también clara, directa y, además, grosera, como lo ilustran estas palabras de la diputada Fernanda Vallejos, que llamó al Presidente de “enfermo”, “okupa” y “atrincherado” y de “núcleo de inútiles” a los ministros albertistas. Y le espetó estas palabritas: “¿No entiende que es un inquilino? la dueña de los votos, de la legitimidad, del apoyo popular y de la base de sustentación de este Gobierno y la que lo sentó ahí es Cristina. No tiene ningún mérito propio para estar sentado ahí, entonces se tiene que allanar a lo que le diga Cristina qué tiene que hacer, porque Cristina es la representación de la voz del pueblo argentino”.
Pero en política nada está dicho hasta el día de la elección. El elector argentino como suele serlo el elector latinoamericano, es muy volátil. Y esta volatilidad se ampara en la escasa cultura cívica que tiene. Ningún candidato o coalición tiene nada seguro en América Latina cuando se trata de elecciones de cualquier tipo. Basta con que aparezca una promesa cualquiera para que la marejada electoral cambie de rumbo. Por eso el péndulo político latinoamericano oscila con tanta frecuencia y velocidad yendo, normalmente, de las brasas al infierno.
A los Fernández les espera una dura contienda hasta noviembre y un tempestuoso navegar hasta 2023.
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