
Pasé varios días intentando ordenar pensamientos, reflexiones y sensaciones que me surgieron a partir de los dichos en torno a la educación sexual integral y su enseñabilidad en la educación formal. Hay un artículo que escribí sobre las resistencias ante la aplicación de una ley en estos términos y los debates que de allí surgen, sin embargo ahora entiendo urgente analizar estas cuestiones, organizar ideas y comprender lo delicado que es el hecho de que existan determinados sectores en la sociedad que se sientan representados en discursos plagados de sentido común, sin fundamentaciones de ningún tipo.
Así como en otros fenómenos sociales, volvemos a encontrarnos con la pregunta básica: educación sexual integral ¿sí o no? Esto reduce de forma alarmante la real importancia del tema, además de que continúa perpetuando una idea falsa en la que nos quieren hacer creer que en la educación formal actual no existe una ideología sobre el universo de las sexualidades.
En primer lugar es fundamental hacer una breve diferenciación conceptual entre sexo y género. No existen conductas propias de un sexo, por el simple hecho de que llamamos sexo al dato biológico, toda la información que en términos de la medicina podemos obtener de una persona entiendase genitales, cromosomas, hormonas, gónadas, etc. Lo interesante es que incluso en términos médicos existen casos en los que no coinciden los datos entre sí, a estas personas se las denomina “intersexuales”, por lo que es momento de derribar por completo la creencia de que existan únicamente dos sexos.
Por otra parte, el género es una construcción cultural y discursiva que surge a partir del dato biológico. En este sentido, a partir de la información biológica de una persona se le atribuye un género en términos binarios -hombre ó mujer– ignorando por completo la infinidad de posibilidades que pueden existir y negando la identidad de género como un derecho.
Al hablar de construcción cultural y discursiva, hablamos de las creencias arraigadas y pensamientos en un imaginario colectivo que nos ordena la manera en que debemos conducirnos, hablar, pensar y sentir. Negar el derecho a identificarse en el campo del género, es condenar a las personas a vivir una vida llena de insatisfacción individual y colectiva.
La educación formal actual reproduce la cultura y los discursos hegemónicos. Los planes y programas están llenos de ‘sugerencias’ en temáticas y autores que perpetúan estas ideologías. Hablar de binarismo de género, enseñar biología en términos cis, dar por hecho que las niñas serán madres, los niños serán padres, sexualizar las infancias al preguntar si tienen novio/a, no generar espacios de concientización de las corporalidades y sus diferencias, son algunos de los ejemplos que podemos identificar y que hacen a la educación sexual de hoy.
Muchos discursos utilizados por los sectores conservadores intentan desacreditar una ley que contempla los derechos de las infancias y que invita a la reflexión colectiva sobre nuevas formas de educar, necesarias y urgentes. Es tiempo de entender que lo que en algún momento se nos enseñó en la escuela o en la esfera privada de nuestras vidas, formó parte de un universo ideológico que no nos ayuda a comprender e interpretar la amplia diversidad que existe en la realidad práctica de las sociedades. Pensar el mundo en términos binarios y hetero patriarcales, significa una herramienta fundamental y la manera en que el sistema capitalista encontró de hacer valer sus propios intereses.
La denuncia de la ideología de género es una pieza clave de la interseccionalidad de la derecha. La noción fue originalmente acuñada desde los feminismos (Hill, 1990). La apropiación conservadora de ésta fue iniciada por el Vaticano, en sus esfuerzos para combatir el movimiento de las mujeres y hacer una lectura de los derechos humanos contraria a la de las conferencias internacionales (…). En América Latina, uno de los primeros trabajos sobre el tema fue publicado en 1998 por la Conferencia Episcopal Peruana. Desde entonces, la ideología de género se ha transformado en un concepto acusatorio y supuestamente revelador de que el feminismo impone la ideología donde no debe estar: en el hogar y la familia. La ansiedad en torno a este peligro se ha venido intensificando desde la segunda mitad de la década de 1990, en el contexto del descontento conservador respecto de la llamada agenda de nuevos derechos (básicamente, legalización del aborto, matrimonio igualitario, adopción homoparental y derechos de las personas trans). (Ravecca,P; Schenck,M; Fonseca,B; Forteza,D; 2022; p.7).
Es fundamental reafirmar que la sexualidad es una construcción social. No podemos “atarnos” a nuestra información biológica cuando existen casos en que no nos identificamos con ésta, otros en que sí lo hacemos pero entendemos las prácticas sexuales como lo que son, prácticas políticas- del ámbito público y de poder, no en términos de política partidaria-. El reduccionismo biologicista y la patologización de la diversidad sexual es un retroceso escandaloso para nuestras luchas y resistencias, ya dimos vuelta la página y entendimos lo que es necesario, para sincerarnos con las nuevas generaciones y ser transparentes con algo que está a la vista de la comunidad toda.
Bibliografía.
- Revecca,P. Schenck, M. Fonseca,B y Forteza,D. (2022). Interseccionalidad de derecha e ideología de género en América Latina. Analecta Política, 12(22), 1-29. doi: http://dx.doi.org/10.18566/apolit.v12n22.a07








































