
La reflexión escasea en las modernas sociedades. El mundo tiene tantas verdades como personas lo habitan. Y cada una defiende su verdad dónde sea y cómo sea. Con dientes, uñas, piedras, fuego, palos, fierros y hachas, al mejor estilo de los seguidores de Odín, ese dios nórdico-escandinavo, cuyo significado es furor. El mundo se llenó de Odines y las redes sociales también. Pero en las redes sociales, el furor adquiere tintes tragicómicos, pues los modernos nórdicos escandinavos, dejan sus armas físicas y postean todo tipo de inflamadas declaraciones, azuzando la hoguera de la discordia y fomentando la acción irreflexiva que conduce a la agresión física y verbal. Consagran estos nórdicos escandinavos la violencia real y la violencia virtual. A diario nos enteramos de los desmanes y provocaciones que sufren miles de personas en diferentes puntos del planeta, provocados por la cizaña que promueven estos agitadores sociales en sus diferentes redes.
Estos discípulos de Odín, rápidos y rabiosos, no reconocen ideologías, pues no se trata necesariamente de ideologías, puesto que ocupan todo el espectro político, social y cultural de la sociedad que habitan. Son dañinos, por lo mismo. No reflexionan sobre el acto de publicar lo que publican, ni en su contenido. Actúan como máquinas robotizadas que reproducen sin son ni ton todo lo pernicioso y malévolo que cae en su red social. Algunos de estos discípulos algo estrafalarios de Odín, promueven la violencia más repulsiva, y se solazan con las heridas ajenas. Otros llaman a conformar ejércitos paralelos para proteger la ciudad, y publican distintos tipos de armas de combate. Y todo se viraliza, y todo va de un formato a otro, y todo vuelve una y otra vez. Tampoco faltan las mofas, las burlas ni las promesas de muerte. No, estas personas no dimensionan el daño que provocan a la búsqueda de la paz social. ¿No comprenden que el lenguaje construye realidades y no solo cofradías?
La relación política-sociedad, lo sabemos, no puede prescindir de las redes sociales, y el uso de ellas requiere de personas criteriosas y reflexivas en tiempos de crisis política y social tan intensas, como las que vive ahora la humanidad. Por eso, esta fuente de comunicación multimodal de la que la sociedad no debe sustraerse, no puede ser usada como repositorio de consignas odiosas y tendenciosas. ¿Cuál es el carácter de esas personas que han invadido las redes sociales? El periodista y novelista francés Jean Baptiste Alphonse Karr, decía “que toda persona tiene tres caracteres: el que exhibe, el que tiene y el que cree que tiene”. ¿Cuál de los rasgos de su modo de ser, es el que presentan en las redes sociales a través de estos mensajes bélicos e insultantes? Solo ellos tienen la respuesta.
Pero la sociedad no belicista, que entiende que las redes sociales son un instrumento portentoso que puede causar el daño o el bien, discierne sobre ellas y sus repercusiones en la sociedad, y llama a la no violencia, a la paz y el respeto. Humberto Maturana señala que “solo son sociales las relaciones que se fundan en la aceptación del otro como un legítimo otro en la convivencia, y que tal aceptación es lo que constituye una conducta de respeto”. La actualidad mundial necesita con urgencia, sobre todo ahora en tiempos de pandemia, que estas relaciones sociales fundamentadas en el legítimo otro, conduzcan al respeto. Y las redes sociales, como fenómeno comunicacional indiscutible de este siglo que en tan pocos años ya ha pasado por todo, tienen un papel fundamental en la preservación de la paz que cada sociedad anhela para sí. La humanidad no debe extraviar el camino por un mundo más justo, democrático y equitativo. Que las redes sociales se inunden, por lo mismo, de este legítimo otro que busca el bien y no el mal.
La vida es breve, es cierto, por eso vale la pena vivirla en paz.
















![TEMA: Reflexión de octubre compuesto, producido y arreglado por Nacho Labrada. [PROYECTO ÓSMOSIS]](https://cooltivarte.com/portal/wp-content/uploads/2019/11/hqdefault-7-150x150.jpg)






























