
Flaco Barral. Sobras completas
Autor: Paco Espínola
Editorial: Allanamiento de Mirada
Madrid 2023
El Flaco Barral anda por Montevideo y eso de por sí es un acontecimiento. Pero si además va a tocar en vivo y trae bajo el brazo un librazo —que recorre toda su trayectoria artística en una edición muy cuidada, plagada de fotos, afiches que para colmo viene acompañada de dos cd que ilustran la carrera musical de Barral desde los sesenta hasta hoy— ya no se trata solo de una visita sino de uno de los acontecimientos culturales del año. Por tal motivo una tarde de domingo nos juntamos con él para conversar de este libro y de muchas cosas más.
El Flaco es un fundador, un prócer de la música, antes de él el blues en Uruguay no existía, ni siquiera se puede decir que existiera el blues en español en el mundo. A sus 77 años se mantiene activo y actualizado, se maneja muy bien en las redes y está en permanente estado de aprendizaje, meticuloso y afable, recorre su camino con la sonrisa abierta, aquel que la pedía hace casi sesenta años en su canción “Dame tu sonrisa, loco”, hoy no deja de ofrecerla. Encontrarse con él es como encontrarse con un amigo, simplemente faltaba eso, el encuentro.
Si rememoramos el rock de los sesenta es inevitable la comparación con lo que pasaba al otro lado del Plata, allá estaba Manal defendiendo la bandera del blues, «ellos eran más prolijos más vinculados al jazz, afirma, «nosotros éramos más salvajes, más duros». «Cualquiera de los grupos de aquí estaba más comprometido con la sociedad que los de allá, nuestras letras eran comprometidas»
El Flaco siente que en los cincuenta años que lleva en España la música uruguaya no ha podido despegar y los músicos nunca han recibido apoyo de la Embajada, sin importar el gobierno que haya estado, para promover la cultura uruguaya allí.
El gran problema es que nosotros no sabemos vender el producto, vas a Madrid y encuentras que los mejores músicos son los uruguayos, pero los que se llevan el dinero y el mercado son los argentinos. Nosotros somos más volados, no nos vendemos al sistema y si encima no hay nadie que nos apoye, salimos perdiendo siempre. Me pueden decir que soy de culto y pongamos muchas comillas a eso, pero no estoy dentro del sistema.
El blues llegó a su vida a través de la radio de su padre, una modernidad de aquella época que podía capturar varias frecuencias, un cuidado entramado de cables de cobre y antenas caseras en la azotea permitían captar en onda corta emisoras de EE. UU. y Europa. Su padre era un aficionado a la música, había integrado un coro operístico amateur. Años después, en España, cuando recibió un casete con grabaciones de su padre decidió trabajar con un par de ellas, le sumó algunos arreglos y en la escucha atenta descubrió que la afinación de la voz era perfecta. Él siente que heredó del padre la veta artística, que incluye la habilidad para dibujar. «Mi madre me enseñó a cocinar», afirma, «soy capaz de hacer una pascualina». A través de esa radio fue llegando Jimi Hendrix, John Mayall, Alexis Korner, la movida blusera de Londres y Estados Unidos que será el punto de encuentro con Jorge Graf y Daniel Bertolone para fundar la ya mítica Días de Blues, una banda que, con un solo disco grabado hace cincuenta años, dejó su marca para siempre en el rock uruguayo.
El Flaco abrazó el ideal hippie en los lejanos sesenta, su objetivo era que el hombre tratara de comprender su entorno, lo protegiera y no lo agrediera. Tal vez esta semilla también la haya plantado su padre cuando le machacaba con ser respetuoso, con brindar amor, con emprender el camino con un pensamiento positivo, con que los sueños se pueden alcanzar.
Cuando la música empezó a jugar un papel fundamental en su vida accedió a su primera guitarra, una española de cuerdas de nylon que no le brindó el sonido que estaba buscando y se pasó a una de cuerdas de acero, pero algunos acordes seguían sin sonarle bien, llegó a llorar por no poder lograrlos. Su espíritu autodidacta lo llevó a ir a los bailes del Parque Hotel a ver a los guitarristas de cerquita y tratar de memorizar los acordes que hacían, no tenía preferencia, cualquiera le venía bien siempre y cuando pudiera llegar a su casa con una batería de nuevas posiciones para fijar en su guitarra.
Ser músico en los setenta era morirse de hambre, nosotros organizamos los Conciertos por los barrios. Alquilábamos un cine, recorríamos los comercios de la zona para pedirles apoyo, esos eran los sponsors y con eso tratábamos de cubrir el alquiler de la sala y el equipo. Hicimos muchos recitales y al inventar esto nos empezaron a llamar de algunos lugares para que fuéramos a tocar. Incluso llegamos a ir a Maldonado y a Colonia.
Paralelamente a la música, Jorge se dedicaba a hacer artesanías en cuero y metal. Un día en una feria en Punta del Este un español le comentó que en la costa de su país haría buen dinero con estos productos. El Flaco no precisó más, con ese estímulo partió primero a Barcelona, pero el catalán le complicaba.
Yo llegué en el 73 y en el 75 muere Franco, así que tuve la oportunidad de vivir otra explosión musical. Yo llegué a Barcelona y el rollo del catalán no me iba, yo me expreso en castellano y era un lío ponerme a estudiar otro idioma, para eso me iba a Londres. Me llegaron unas actuaciones en Menorca y me pareció que era el lugar ideal para romper lo que le había sucedido en Uruguay y en Barcelona, porque yo me vine con Días de Blues en un punto muy alto, pero allí debía empezar de cero.
Días de Blues había empezado a obtener reconocimiento no solo en Uruguay, lentamente empezaba a insertarse en el mercado bonaerense, había tenido un par de notas en la revista Expreso Imaginario y actuado en algunos festivales con buen suceso. Pero el Flaco se fue, Uruguay no daba para más, en Menorca se instaló en una finca en medio de la nada donde podía hacer sus artesanías, componer música, dibujar. Hasta allí llegó una noche Hilario Camacho, golpeó la puerta para preguntar si allí había un músico, el Flaco lo invitó a que lo acompañara esa noche a donde iba a tocar y la noche se transformó en tres meses de convivencia en la casita del campo de Menorca. Unos años después será Camacho quien le brinde alojamiento a Jorge cuando este se instale definitivamente en la capital española.
El Flaco desde que vivía en Uruguay, ya estaba interesado en la música de la India, su primera relación fue con un músico que tocaba el sitar con el que brindaron un recital y para esa ocasión afinó una guitarra como un sitar, en definitiva, se inventó una afinación. Durante un buen tiempo cargaba con dos guitarras, una afinada en plan normal y otra en sitar —por llamarlo de alguna manera—. Desde alrededor del 2008 toca el chaturangui, una versión hindú de la guitarra slide, un instrumento moderno que es una adaptación primero del Veena Vina, y una evolución del Mohan Vina, que solo tiene tres cuerdas de melodía. El chaturangui tiene cinco, lo que le permite tener un rango de sonido más amplio, sumando graves y pudiendo acercarse más al blues.
En el 77 deja definitivamente las artesanías para dedicarse a la música, aunque para ser justos, su vena artesanal la sigue desarrollando en todos los aspectos creativos que rodean a la música, él diseña sus propios afiches, maneja sus redes sociales y elabora contenidos para promocionar desde allí, dibuja, crea, investiga, aprende, siempre está aprendiendo. Para el Flaco la mínima creación requiere un tiempo y un espacio, en su casa armó un espacio que tiene algo de estudio de grabación, de cuarto de música, de taller creativo. Allí es posible grabar un disco, mezclarlo, masterizarlo, hacerle el arte de tapa, diseñarla y editar los videos de la presentación. Este es un espacio de trabajo, pero también de retiro, en la calidez del hogar se lo ha bautizado como El Monasterio, allí nacen las ideas, incluso las más dulces o las que parecen descabelladas, como poner una gota de aceite de azahares en cada una de las portadas de los discos de la banda de rock arábico, Azahar.
En el año que se radica en Madrid conoce a Paco Espínola quien lo convoca para una actuación para el Partido Comunista de Granada. Pasó un largo tiempo para que volvieran a encontrarse y fue a raíz de un proyecto de Miguel López en un homenaje a los cien años de Jack Kerouac, que fue editado por Paco a través de su editorial Allanamiento de Mirada. Jorge participó como motor musical del proyecto, así lo consigna el trabajo, reuniendo un grupo de destacados artistas para sonorizar los textos que seleccionó Miguel López. Kerouac, 100 años en la carretera, editado el año pasado fue el motor, el estímulo para que Paco lo llamara al Flaco y le propusiera hacer un libro acompañado de dos cd, que retratan las seis décadas de Barral en el camino.
Paco Espínola es un nombre ilustre en nuestra literatura y su homónimo lo sabe, porque se declara un enamorado de las letras y la música uruguaya. Conoció a Alfredo Zitarrosa cuando fue a tocar a Granada, compartió charlas, mesas de boliche e incluso alguna borrachera con el mayor cantor de nuestro país. Paco se siente un admirador literario e ideológico de su tocayo, siempre le ha parecido un hombre de una calidad literaria y de una humanidad que impresionan. En los noventa anduvo por Montevideo varias veces acompañando a Joaquín Sabina y en esas ocasiones buscó y se llevó todos los libros que pudo encontrar de nuestro Paco. También conversé con el sobre Sobras completas y su relación con Barral.
Yo le comenté que él tenía una historia muy importante en la música uruguaya y en la española. ¿Por qué no hacemos una biografía? En estos sesenta años el material es enorme, hemos hecho una primera selección que son 1700 archivos, y después volvimos a seleccionar para tratar de resumir la carrera, su carrera. A mí me sorprendió mucho que no hubiera un trabajo biográfico sobre él, yo había leído el Días de Blues de Fernando Peláez. Pero Jorge además de su trayectoria en Uruguay estuvo involucrado en los movimientos musicales más importantes de España. Con toda esa trayectoria es curioso que nadie se hubiera ocupado de su carrera. Él ha sido un innovador en todos los géneros que ha trabajado. Este es un libro para gente de buen corazón, con buen oído y buena vista para leer, yo quería un buen libro, que despierte sensaciones, que el papel huela a papel, hay olor a tinta, hay texturas, puedes escuchar la música, este libro tuvo un tratamiento desde la belleza.
Paco tiene una extensa trayectoria como periodista, tiene tres novelas publicadas, cinco biografías que se suman a infinidad de trabajos en el área de la producción musical. Para este libro buscó que se reflejara la historia de Barral según el propio Barral, ser capaz de estimular y ordenar los recuerdos interviniendo lo menos posible para que sea el Flaco el que cuente su verdad. También se incluyen dos discos compactos que recorren los sesenta años de creación artística. Paco decidió que debían ir en este formato para que la escucha fuera de la mejor calidad posible, evitando los formatos como el MP3, que ofrecen una reproducción de calidad muy baja, que comprime la música y elimina armónicos, él considera que ese formato es una estafa al oyente. Espínola ha quedado feliz con el trabajo final, sus expectativas se vieron colmadas cuando el libro llegó a sus manos. Le hubiese encantado acompañar a Jorge, pero en esta ocasión no pudo, aunque las ganas están intactas, el deseo de volver a Montevideo, donde conoció gente «cojonuda», siempre está en el horizonte.
Con este libro se concretará el desembarco de Allanamiento de Mirada en Montevideo, el libro será posible encontrarlo en la Disquería 33 Revoluciones de José María Bacigalupi en la calle Perez Castellano 1514 esquina cerrito.
La presentación será el 25 de noviembre 2023 en la Sala Camacuá. Las palabras estarán a cargo de Fernando Peláez, autor del prólogo. Habrá un show con una banda estable conformada por Pablo Traberzo (guitarra eléctrica), Daniel Escanellas (flauta, saxo, bansuri) y Luis Gutiérrez (tabla, percusión, batería). Y varios invitados para recorrer los sesenta años de música que ofrecen los dos cd.
Las entradas están a 900 pesos y se consiguen a través de RedTickets. Una gran oportunidad para encontrarse con uno de los pioneros, uno de los que pusieron la piedra fundamental y sigue tan campante, inquieto, estudioso y hippie, siempre hippie, promoviendo paz, amor y música.















































