
Nuevamente nos encontramos conmemorando un 25 de Noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las mujeres. Elijo el plural, por la diversidad que suponen nuestras realidades, pero a su vez en un intento por no convertir la categoría mujer en objeto y cuerpo, sino entendernos como categoría política en el uso del término.
¿Por qué 25N?
Patria, Minerva y María Mirabal eran tres hermanas dominicanas que por su actividad política y al oponerse a la dictadura de Rafael Trujillo fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960. Sus cuerpos aparecieron destrozados en el interior de un vehículo en un barranco, junto al conductor Rufino de la Cruz. Ese día, funcionarios de la policía secreta encontraron a las mujeres que habían sido ahorcadas y apaleadas para que al ser lanzadas, simulara un accidente automovilístico.
La muerte de las Mirabal fue un desastre para Trujillo. La lucha de ellas, ya bien conocida antes del asesinato, se convirtió en estandarte e inspiración de la oposición y en ejemplo para la población en general. Al enterarse del crimen, el pueblo reaccionó con estupor al principio y con coraje luego. La resistencia se vigorizó al punto que Trujillo fue asesinado siete meses más tarde, el 31 de mayo de 1961. Aunque el fin de la dictadura fue el resultado de una combinación de factores, la lucha y el sacrificio de las Mirabal fue crucial. La brutalidad de Trujillo gradualmente las transformó de pasivas y tradicionales hijas, esposas, y madres en luchadoras comprometidas. En ese proceso, Minerva, jugó un papel decisivo contra la dictadura. (Peguero.V; 2007; p.10)
Hoy.
Cuando escuchamos la conocida frase “Lo personal es político”, estamos poniendo en palabras las indudables circunstancias de nuestra unidad, para la transformación y el quebranto de todas aquellas esferas de la vida y estructuras que, de forma sistemática, invisibilizan nuestra existencia. Hanisch.C (2016) nos dice: “(…) los problemas personales, son problemas políticos. No hay soluciones personales por el momento. Sólo hay acción colectiva para una solución colectiva” (s/n). A lo que se hace referencia con el término político, es a la esfera pública de la vida y a las relaciones de poder, no implica política partidaria/electoral.
Es fundamental entender que con esto no se busca anular lo personal. El ámbito privado de nuestras vidas así como nuestras individualidades persisten y las reivindicamos. En este sentido, lo público hace a la esfera que no es lo íntimo. Si hablamos de las mujeres, hablamos de una realidad subordinante que opera de múltiples formas, toma cuerpo mediante distintos tipos de violencia: simbólica, económica, física, verbal, psicológica, digital, y que compete al Estado su eliminación y la real garantización de nuestros derechos.
No obstante, también éste trabaja en términos de intereses y lógicas que no nos representan, sino que reproducen la cultura patriarcal a través de la fuerza, las leyes y el capital. Basta con observar a diario las noticias y publicidades para encontrar en la redacción la revictimización, exposición y crueldad a la que nos vemos arrojadas. Lo mismo sucede si observamos el empleo de recursos en la salud y la educación. Su mercantilización y privatización hace casi inaccesible el uso a servicios básicos y productos de primera necesidad, aún cuando se trata de instituciones públicas, el costo se refleja en falta de presupuesto para la implementación de equipos especializados, recursos materiales y simbólicos que beneficien la puesta en práctica de herramientas al beneficio de la ciudadanía.
En lo que violencia respecta, elegimos un trayecto de significado al hablar de femicidios, para entender que si el Estado es responsable, debemos pensar en términos de feminicidio. No sólo nos matan por nuestra condición de mujeres con todo lo que ello implica, sino que además como plantea Marcela Lagarde en su trabajo Del femicidio al feminicidio, éste se acompaña de la violencia institucional que conduce a la impunidad, y dicha violencia es parte del fenómeno en sí mismo.
Celebrando las campañas de concientización, actividades, espacios de alcance; no deja de existir un sabor amargo al enfrentarnos a este estado de cosas, a este sistema complejo, interconectado que ya advertimos. No es sencillo, no somos ilusas, pero sabemos con certeza que ya nada es igual. Una vez que entendimos de qué va el mundo, ya no hay retornos posibles. Hay que seguir.
Convocar a las mujeres a comprometerse en una acción política que rompa con la tentación de la revuelta introvertida de los pequeños grupos de solidaridad y de apoyo mutuo, por necesarios que sean en las vicisitudes de las luchas cotidianas, en la casa, en la fábrica o en la oficina, hacer eso no es, como podría creerse, y temer, invitarlas a aliarse acríticamente con las formas y las normas ordinarias del combate político, con el privilegio de encontrarse anexionadas o sumergidas en movimientos ajenos a sus preocupaciones y sus propios intereses. Es desear que ellas sepan trabajar en inventar e imponer, en el mismo seno del movimiento social, y apoyándose en las organizaciones nacidas de la rebelión contra la discriminación simbólica, de las que son, junto con lo(a)s homosexuales, uno de los blancos privilegilados, unas formas de organización y de acción colectiva y unas armas eficaces, simbólicas especialmente, capaces de quebrantar las instituciones, estatales y jurídicas, que contribuyen a eternizar su subordinación. (Bourdieu.P; 2000; p.9)
Registros de galería 25 Noviembre 2022. Intendencia de Montevideo, Montevideo Uruguay: Fotos: Romina González.










































