diez de cada diez en plaza liberta montevideo foto federico meneses

Un Día para todos los Días

Hay días que debieran ser todos los días. Como este, por ejemplo, el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. El respeto y admiración por la mujer debiera ser un acto que cada ser humano se imponga a sí mismo para justificar su propia humanidad. No hay dignidad cuando se violenta a una mujer, pero vivimos una época que ha hecho del maltrato físico y psicológico contra la mujer su modo de ser. El “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer” no debiera ser, por lo mismo, uno de esos tantos días con que se marca el calendario para celebrar lo que sea, porque este no es un Día cualquiera. Es un día cuyos orígenes están manchados con la sangre de tres mujeres valerosas, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, tres hermanas brutalmente asesinadas a palos por los sicarios del dictador de República Dominicana, Rafael Leonidas Trujillo, en el poder durante 31 años, desde 1930 hasta el 30 de mayo de 1961, cuando muere asesinado. Los cuerpos de Patria, Minerva y María Teresa fueron llevados hasta un automóvil y sus asesinos simularon un accidente. Su delito: luchar por la libertad socavada por el tirano.  

En el “Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe”, celebrado en Bogotá, Colombia, en 1981, se estableció el 25 de noviembre, como homenaje a las hermanas Mirabal, “El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. Años después, el 17 de diciembre de 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas asume este día y declara como violencia contra la mujer “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”. Sin duda es un bello texto, pero que en muchas partes del mundo es solo letra muerta, como en América Latina por ejemplo, donde día tras día la prensa informa de ultrajes a la mujer en los diversos países de nuestro continente y de atropellos a su vida que terminan con su vida. Y las cifras son aterradoras. Según la CEPAL, 3.800 mujeres fueron asesinadas hasta noviembre de 2019 en América Latina, 271 femicidios más que el año 2018 (3.529).

¿Cómo revertir una realidad que no ceja de crecer en nuestra América Latina? ¿Basta con los movimientos feministas que florecen como las flores en primavera, pero que no calan hondo en la sociedad, y parecen más publicidad callejera para mostrar rabia y odio desenfrenado contra los hombres, y en muchas ocasiones cuerpos desnudos deprimentes en señal de protesta? Sinceramente creo que no. Los movimientos feministas debieran incluir a los hombres, pues hombres y mujeres conforman la sociedad en igualdad de condiciones; ambos se necesitan y ambos se merecen. La lucha contra la dignidad de la mujer, nos pertenece a todos como sociedad. Por eso yerran las mujeres cuando sus movimientos se comprenden como un ataque a los hombres y no como un llamado de atención para que todos juntos, hombres y mujeres, como sociedad sostenida en valores humanos, luche contra el enemigo común que es el maltratador de mujeres. Porque la única diferencia entre un hombre y una mujer es su sexo, pues ambos construyen el hogar moderno y son responsables de los avances sociales, culturales, científicos y tecnológicos. Y la convivencia social, en estricta y legítima igualdad de condiciones entre hombres y mujeres, debe estar regulada por modernos códigos civiles que velen por el respeto mutuo. Del mismo modo, las sociedades modernas debieran contar con códigos penales adecuados que condenen drásticamente el maltrato femenino de la naturaleza que sea.

Mis afirmaciones anteriores no son solo palabras. Según el Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en la mayoría de los países del Caribe se observa una ausencia de tipificación del femicidio en los códigos penales, y solo se recopilan cifras sobre las muertes de mujeres cometidas por la pareja o expareja. Del mismo modo, en América Latina, no existe una normativa común que defina el femicidio, pues el concepto comprende desde una amplia definición a casos acotados al matrimonio o a la convivencia. ¿Cuántas hermanas Mirabal más deben morir para que las sociedades latinoamericanas comprendan que las libertades, sueños y anhelos de la mujer, debieran ser los sueños, anhelos y libertades de los hombres? Por eso, y ahora más que nunca, América Latina necesita de hombres y mujeres que luchen por los derechos humanos de unos y otros. De hombres y mujeres que condenen a viva voz el maltrato físico, sexual y psicológico contra la mujer. Por eso, de las muchas voces femeninas que se han levantado contra esta aberración social y cultural, las palabras de la periodista estadounidense Gloria Steinem, me hacen mucho sentido: “Un feminista es cualquiera que reconozca la igualdad y plena humanidad en mujeres y hombres”.

Hoy, 25 de noviembre de 2020, “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”, mi columna es un llamado para que juntos parodiemos a Angela Davis, y digamos que no se trata de aceptar las cosas que no podemos cambiar, sino de cambiar las cosas que no podemos aceptar, para que este Día sea efectivamente el Día de todos los días. Para que de una vez y para siempre nos sintamos felices y orgullosos de ser latinoamericanos, un continente que derrotó la bárbara herencia cultural y social que por siglos pensó que los hombres eran superiores y las mujeres inferiores. Ya lo dijo el sociólogo y filósofo francés Charles Fourier hace bastante tiempo: “El grado de emancipación de la mujer en una sociedad, es el barómetro general por el que se mide la emancipación general”. La libertad del hombre cuando la libertad de la mujer es mancillada, no es libertad. No queremos ver más noticias como las que notició el diario chileno La Tercera ayer martes 24 de noviembre de 2020: “En Chile un 32% de niñas entre 12 a 14 años indicó que alguien le realizó peticiones de tipo sexual o le pidió fotografías íntimas sin ella querer hacerlo, cifra que es sólo un 1% para los niños de la misma edad”.

Sí, regalemos flores a las mujeres. Pero primero respetémoslas como ellas se merecen. Solo así construiremos una sociedad digna, justa y libre para hombres y mujeres.

Me parece.

 

 

Imagen portada – archivo – DIEZ DE CADA DIEZ – 8M – DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER – 8 de marzo de 2020 – Plaza Libertad – Montevideo – Foto © Federico Meneses 

 

 

 

 

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Alejandro Carreño

Alejandro Carreño

Profesor de Castellano, Magíster en Comunicación y Semiótica y Doctor en Comunicación. Académico en Brasil y en su Chile natal. Columnista y ensayista. Lleva adelante en Youtube su canal “De Carreño a los libros”, donde aborda temas de Literatura, Educación y Cultura.