Ciertamente, nuestros centros comerciales tienen sus fundamentos en lugares de origen particulares: algunos tristemente célebres, otros más oscuros y desconocidos. En uno de ellos, una sala de cine repleta de público expectante se convierte en escenario de una escena más teatral que cinematográfica. Luces encendidas, una mesa redonda y un teléfono negro dominan el centro. Suena. Quien contesta es Guillermo Lockhart, la cara —y el carisma— detrás del ciclo más exitoso de lo paranormal en nuestra geografía. Así da comienzo Movie no solo al ciclo Horror Nights, con la avant-première de Black Phone 2, la esperada secuela del relato de Joe Hill —hijo del célebre Stephen King—, y nuevo bombazo de la productora Blumhouse, emblema del horror moderno. También marca el pistoletazo de salida para una serie de eventos tan peculiares como inquietantes. La propuesta: recorrer el Montevideo Shopping a puertas cerradas en una experiencia inmersiva con auriculares de última generación.
Octubre, mes del horror por excelencia, se convierte así en el marco ideal. Como antesala a Halloween, esta actividad invita a descubrir los orígenes del misterio que envuelve a un espacio habitualmente vinculado al ocio y las compras de la mano del mismísimo Lockhart. Y aunque no pretendo spoilear nada, sus verdaderos orígenes no son precisamente luminosos. Imaginá el Montevideo Shopping vacío. Sin música, sin murmullos, sin luces. Los pasillos desolados, las escaleras mudas, las vidrieras apagadas como ojos cerrados después de una larga jornada. Ese silencio extraño se convierte, por una noche, en el escenario de Silent Horror Tour, una experiencia inédita en Uruguay. Con auriculares inalámbricos de alta fidelidad de Domo Silent, los participantes recorren el shopping guiados por la voz de Lockhart y un diseño sonoro envolvente que transforma lo cotidiano en misterio. Voces lejanas, ecos metálicos, respiraciones que parecen venir de otro tiempo: el edificio, tantas veces recorrido, se vuelve un territorio desconocido y quizas, tenebroso. La propuesta funciona como una intervención cultural que desafía la rutina comercial del lugar y lo reinventa como una locación nocturna, segura y controlada, donde el terror y la ficción se mezclan con la arquitectura y la memoria urbana. Es una experiencia inmersiva que, más que asustar, invita a escuchar lo que nunca suena.















































